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El Sr. Bergoglio dice herejías

Qué es el ego

En los funerales se dice: 'no somos nada'.
Gran verdad.

Todos tenemos un parásito en el cuerpo que nos hace creer que somos algo (alcalde, campesino, guapo, rico,...) : ese parásito es el ego.

Ejemplo de persona libre del ego: el chino del cuento, o simplemente, Jesucristo.

Es el demonio que habitualmente nos posee, nos domina.

Es un bichito que todos tenemos dentro. (Es un ser vivo)

Conviene tenerlo lo más arrinconado o lejos posible. No es posible deshacerse totalmente de él, pues hasta los más santos pueden ser dominados por él hasta el último momento de la muerte.

El bicho tiene la mala tendencia de querer dominarnos y que nos dediquemos todo el día a hacer lo que nos dice.

Suplanta nuestra verdadera identidad.(Muchas veces estamos muy poseídos por nuestro ego y no nos damos cuenta. A veces ni siquiera nos damos cuenta de cuando nos enfadamos).

Para que no lo haga, debemos estar siempre atentos. No hay otra forma.

O estamos atentos nosotros (a lo que hacemos, pensamos y sentimos) o este bichito es el que toma el control de nuestra vida: lo que pensamos, sentimos, hacemos y cómo vemos el mundo.

Vemos el mundo exactamente como nos lo dictan todos los egos que tenemos dentro.

Dirán: ¿No es esta atención agotadora?

O manda él en nuestra vida o nosotros. No hay alternativa.

El ego es todo lo que nos empuja a hacer algo diferente de lo que sabemos (con mayor o menor claridad en cada situación) como “voluntad de Dios”.

Es lo que Jung llamaba "la sombra" (y llamaba EGO a nuestra esencia divina).

Está muy relacionado con nuestros hábitos, costumbres, preferencias fijas que tenemos. Por ser fijas, en algún momento serán inadecuadas, contrarias a la voluntad de Dios.

Nuestros egos van cambiando con el tiempo: por ejemplo, el demonio que nos empujaba a pelearnos tirándonos piedras lo alimentamos de pequeños, pero le abandonamos de mayores.

Más información (ver trucos para tratar con él)

El ego no es nuestro carácter o personalidad, las tendencias que tenemos a comportarnos de una manera o de otra (colérico, sanguíneo, flemático, melancólico), según si ante una dificultad “nos crecemos” (colérico y sanguíneo) o no, y durante cuánto tiempo (mucho para los coléricos y melancólicos, poco para el resto). Cada uno tenemos uno o dos caracteres predominantes, sin que ninguno sea mejor que los demás. Lo bueno o malo es lo que hacemos con el caracter que tenemos.





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