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Índice de temas religiosos
El (anti) papa Francisco trabaja para el Demonio

Qué es la Paz

Cuándo tenemos paz

Sólo tenemos paz en nuestro interior cuando estamos dirigidos sólo hacia una cosa:

  1. O estamos dirigidos por la voluntad de Dios.

  2. O estamos dirigidos por cualquier otra cosa a la que idolatramos, subordinamos toda nuestra vida (un solo demonio es el que nos posee continua y cotidianamente).

Lo primero es para lo que hemos nacido, lo segundo es para ser esclavos de alguna criatura, de algo creado, de algo inferior a Dios. Aunque la criatura la llamemos “El Bien De La Humanidad”, no deja de ser eso, algo creado: una idea.

Cuando no tenemos paz

Cuando nuestro interior es un campo de batalla de todos nuestros demonios preferidos. Nuestro demonio ambición nos dice que nos compremos el auto más grande y más caro, nuestro demonio lujuria nos dice que nos gastemos ese dinero en lujos, nuestro demonio gula en vino, etc.

Cuando elegimos servir a Dios obtenemos la paz fundamental

Y descubrimos lo más importante de nuestra vida:

Todo se pone en orden, todo se hace sencillo, todo se entiende fácil.

La paz circunstancial, de cada momento

Podemos estar en la paz fundamental pero perder la paz del momento por caer en cualquiera de nuestros innumerables pecados, cuando caemos presa de cualquiera de nuestros egos, de cualquier demonio.

Cada cosa que nos quita la paz, que nos molesta o que deseamos, es cuando uno de nuestros egos o demonios está dominándonos. Es cuando estamos pecando.

Si nos recordamos de la paz fundamental ello nos ayuda a librarnos de esas pequeñas molestias y podemos volver al estado exultante que nos da la paz fundamental (por dentro, no es preciso que exteriormente se note).

Cuanto más santos somos, más tiempo nos sabemos mantener (con la gracia de Dios), en la paz fundamental.

Hay una ansiedad que no podemos evitar nunca

Es una de las consecuencias del pecado original: que no vemos la cara a Dios directamente como nuestros primeros padres y, por tanto, no tenemos nunca clara al 100% la voluntad de Dios.

Incluso grandes santos o reyes hacían retiros para intentar conocerla.

Si somos creyentes (nuestra vida está dedicada a Dios, sea cual sea nuestro estado), todas las penas que suframos (hasta las más pequeñas) y las dificultades que (con la gracia de Dios) superemos para continuar viviendo y sirviéndoLe, nos sirven para pagar por nuestros pecados y ganar más mérito para la vida eterna. ¡Gran alegría en cada una!
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