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El (anti) papa Francisco trabaja para el Demonio

La ascética y la mística

Cuando hablamos del “hacer” y del “no hacer”, vimos que el hombre lo único que hace es “permitir” o “negar”.

A menudo, en el camino de crecimiento espiritual, tenemos que pasar primero por la fase de “negar” y luego entrar en la de “permitir”. Pero realmente son dos fases que podemos y/o tenemos que hacer simultáneamente.

Como los escultores que pican la piedra (quitan, niegan) y al mismo tiempo ven (permiten) qué forma va tomando y si es preciso seguir martilleando o no.

Podrían también llamarse ascética y mística, dar y recibir, activa y pasiva, masculina y femenina o yang e yin.

Ascética

Es todo el “negarnos”, “librarnos” de vicios y frivolidades:

- Recordar los pecados que conocemos (pasados) y buscar los que no somos todavía conscientes.
- Frenar nuestras malas tendencias (ahora)
- Estudiar para comportarnos mejor (futuro)
- Forzarnos a hacer buenas obras
- Hacer limpieza de vicios y trastos perjudiciales: guardar o tirar la televisión, usar un móvil no complicado,...
- Hacer penitencia, rezar,...

Es un trabajo de depuración y de no más acumulación de pecados.

Con esto anterior seremos muy buenas personas, pero perfectamente aburridas, faltas del fuego y la locura de la gracia de Dios cuando dejamos que nos penetre ampliamente, nos de fuerza y dirija.

Mística

Es un “permitir” la gracia de Dios.

(Si estamos todo el día “negando”, no tenemos tiempo para estar disponibles, a la escucha de ocurrencias, inspiraciones geniales)

Es usar todo nuestro entendimiento, voluntad y energía, (fase ascética) y, una vez usados todo lo que debemos, entregarnos tranquila y confiadamente a la voluntad divina.

"La batalla es nuestra, la victoria de Dios" Santa Juana de Arco

Dejar de escondernos de Dios, como en (Gén 3,8; 4,14), creyendo que así Dios no verá nuestras malas obras (Jn 3,20)

«Dios quiere darte la gracia de que hagas más oración», «todo buen don y todo regalo perfecto viene de arriba, desciende del Padre de las luces» «Recibir, más me parece a mí eso, que no dar nosotros nada» (Santa Teresa. Vida 11,13).

Es en este estado entrega como pasan por nosotros los dones sobrenaturales.

El “hoponopono” (el verdadero), o el “hansei” son también “permitir”, pues son confesiones, reconocimiento de pecados, apartar obstáculos a la gracia de Dios.

«No hay alma en este camino tan gigante que no haya menester muchas veces de tornar a ser niño y a mamar -y esto jamás se olvide, quizá lo diré más veces, pues importa mucho-, porque no hay estado de oración tan subido, que muchas veces no sea necesario tornar al principio» (Santa Teresa. Vida 13,15).

(No hay estado de “contemplación”, ”místico” que pueda prescindir del “negarse”: ritos, oraciones,...)

"Los limpios de corazón

han hecho limpieza de sus pecados, de sus deseos y miedos (“se han negado”)

verán a Dios" Mt 5,8

recibirán (“permitirán”) la visión de Dios, la gracia de Dios



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