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El (anti) papa Francisco dice herejías

Cómo funciona esto del rezar

El rezar es un sacrificio que ofrecemos, dirigimos a Dios.

Podemos rezar dirigiéndonos a Dios directamente o por intermedio de otras personas (como la Virgen o los santos).

Sobre nuestra actitud rezando, hay más consideraciones en esta otra página.

Sobre el aspecto específico de la oración de petición (qué pedir, etc), hay esta otra página.

Rezar a Dios directamente o por intercesores

Dios Padre es como un rey. Es conveniente que nuestros regalos, o peticiones, no se las llevemos, se las entreguemos cuando a nosotros nos vaya bien. Eso es una falta de respeto. Es mejor dárselos a alguien que esté cerca de Él, que sepa cuándo y cómo es mejor presentárselos. Esa persona intermedia quizá envolverá con su perfume celestial a nuestro sucio e inmundo presente.

Somos Hijos de Dios Padre, hermanos de Cristo, y por ello podemos rezar como Él nos enseñó (con el Padrenuestro). Pero por lo explicado antes, también podemos dirigirnos a la Virgen que traslade a Dios nuestras peticiones: es lo que hacemos cuando en el Ave María decimos “ora pro nobis pecatoribus, nunc et in ora mortis nostrae”.

Quizá tampoco nos atrevemos a dirigirnos a la Virgen directamente, por ser tan importante, madre de Dios. Podemos entonces dirigir nuestras peticiones a San José, a San Juan Bautista, a cualquier otro santo, al santo de nuestro nombre, con quien tenemos una relación privilegiada o a los ángeles. Ellos recibirán nuestro mensaje que llevarán, por la mejor cadena de seres posibles, hasta Dios. (Ver más sobre la intercesión de la Virgen, de los santos y los ángeles en esta web de Aciprensa).

Quienes se benefician de nuestros rezos

Nos beneficiamos nosotros (pues la oración nos sirve como pago por nuestras pecados perdonados y como aumento de gracia en la vida eterna -si vamos al cielo).

Por la Comunión de los Santos se benefician el resto de cristianos que forman la Iglesia y no están en pecado mortal (y las benditas almas del purgatorio). Los cristianos en pecado mortal son ayudados a recobrar la gracia y vida que perdieron y perciben algunos frutos. Los apartados de la Iglesia, ya voluntariamente como herejes, cismáticos o apóstatas o los condenados por excomunión, no participan de estos beneficios mientras estén en ese estado. Los condenados están imposibilitados eternamente de recibir ningún beneficio de nadie.

Rezamos por todos los que pertenecemos a la Iglesia y por intenciones particulares.

En el Padrenuestro y el Ave María rezamos por todos los cristianos, por eso decimos “panem nostrum quotidianum da nobis hodie” (pan nuestro... dánosle hoy), “dimitte nobis debita nostra” (perdónanos nuestras deudas), “ora pro nobis” (ruega por nosotros), etc.

Las intenciones particulares son algo adicional a nuestra súplica por todos los cristianos.

Cuando decimos en el rezo del rosario “rosario que te ofrecemos (...) por los vivos y difuntos que sean de vuestro agrado y de nuestra mayor obligación” es un término medio entre declarar una intención particular y rezar por todos.

La importancia de quién reza

Tal como se explica en esta web de Aciprensa, ciertos santos pidieron y consiguieron, todavía en vida, la salvación de muchas almas.

Parece razonable creer que tienen más efecto los rezos de alguien más santo que los de otro menos santo o que reza con menos fervor. Es de esperar que los rezos de una monja de clausura, con su vida sacrificada a Dios son más oídos que los de pobres pecadores esclavizados por sus pasiones.

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