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El (anti) papa Francisco dice herejías

Comparativa entre Dios y el Diablo


Dios

El Diablo

Es dios

Es una criatura (creada por Dios)

Siempre nos dice lo que más nos conviene. (Nos lo dice contínuamente, otra cosa es que nosotros queramos o sepamos escucharle).

Siempre engaña. Que no quiere decir que siempre diga mentira: “si, ese camino lleva a Roma” (verdad, pero es un camino que pasa por la Antártida y hay otro camino que va recto a Roma que no nos dice). No hay nada peor que una verdad a medias, porque la media verdad nos atrae, nos convence, y caemos en la media mentira.

Cada uno tenemos predestinado una silla a una distancia de Dios en el cielo. Nosotros cuando pecamos alejamos de Dios la silla que ocuparemos en el cielo (y podemos llegar a condenarnos). Con nuestros méritos acercamos de nuevo la silla a Dios, pero no más del sitio predestinado.

Dios, para cumplir su plan en la Tierra, nunca va a alejar la silla de nadie en el cielo. Sólo nosotros la alejamos.





Nosotros, para él, NO somos “medios”, instrumentos, herramientas, que si es preciso se gastan, se destruyen, para conseguir el fin.





“El fin no justifica los medios”

Dios quiere que todos nos salvemos, pero para conseguirlo no se impondrá a nuestra libertad.



De nosotros, miserables criaturas, Dios respeta nuestras decisiones.


El Demonio tiene su agenda de actos para tratar de arrebatar el máximo de almas a Dios. Para avanzar en esa agenda engaña, usa, miente a los que aceptan servirle.

Les promete lo que no cumplirá.





Si es preciso, los daña o destruye.





Nosotros, para él, somos “medios”, instrumentos, herramientas, que si es preciso se gastan, se destruyen, para conseguir el fin.



“El fin justifica los medios”

Sabe todo.

No puede leer nuestro pensamiento, sólo ve las cosas materiales que hacemos.

Nuestro Seños nos promete una fila de enemigos, de dificultades, cada vez más fuertes, para irnos desarrollando paulatinamente. (Es como si nos prometiera 20 años de estudio desde párvulos que aprendemos a contar hasta los mayores estudios universitarios de matemáticas). Para nacer casi como animales a llegar a ser santos.

El diablo promete a la gente lo que sabe que “es su debilidad”. Les maneja a través de sus debilidades. Por eso es imprescindible tener algún vicio grave oculto para triunfar en “el mundo” o ser captado por las sociedades secretas.

Empezando por un vicio consigue que vayamos rebajando nuestra dignidad hasta perderla totalmente, y ser peores de animales.

Nuestro Señor nos ofrece un camino estrecho, lleno de piedras y espinas, difícil, para entrar en la felicidad (eterna).

El diablo ofrece un camino ancho, una puerta ancha, fácil, cómoda, para entrar en la felicidad (realmente es para entrar en el infierno).

Con Dios cada vez somos más libres. Cada vez somos más fuertes que nuestras tendencias heredadas, que nuestras tendencias malsanas más innatas, que nuestras malas tendencias de carácter. Logramos hasta dominar la lengua.

Siguiendo al Demonio cada vez somos más esclavos, cada vez estamos más en sus redes, estamos más liados, comprometidos, esclavos de unas cosas y otras. Esclavos de nuestros vicios, de nuestros pecados. No podemos frenarnos de hacer o decir cosas que sabemos que luego nos arrepentiremos. (Sabemos que si vamos con esos amigos luego será difícil despedirse de ellos, y vamos).

Dios nos da 10 mandamientos y cuatro leyes más y nunca nos dice lo que tenemos que hacer en concreto. (“Debes honrar a tu padre y a tu madre”. ¿Cómo? Cada uno verá).

El Diablo nos dice claramente y en concreto lo que tenemos que hacer. (“Debes hacer tal cosa”).

Dios nos comunica sus desos a través de sus mensajeros (los ángeles, en particular nuestro bendito ángel de la guarda).

El diablo usa personas para transmitirnos sus deseos (en las sociedades secretas es el superior, o el jefe, en las empresas en las que vendemos el alma al diablo).

Dios tiene misericordia infinita con nosotros, siempre que hagamos penitencia (le pidamos perdón, nos propongamos no caer en el pecado, etc.) Evidentemente, si hemos roto un plato no nos quita de pagarlo.

Si vendemos nuestro alma al diablo y luego no somos obedientes a sus órdenes, no perdona: nos castiga duramente o nos mata.


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