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Elogio de tener hijos (creyentes)

Cuando somos padres (de hijos que vamos a educar como creyentes), estamos permitiendo que Dios cree una nueva persona:

- Que va a participar en la Iglesia militante, luchando por Él, por su honor y gloria.

- Que presumiblemente irá al cielo a participar de Su gloria.

¿Cómo no nos va a llenar de bendiciones Dios por ello?

Hasta bendiciones materiales: “cada nuevo hijo trae un pan bajo el brazo”.

Cada vez que nos negamos a ser padres, estamos evitando eso, estamos perdiendo esa grandísima bendición, estamos negándole eso a Dios.

Cómo se perpetúa la Iglesia

En una familia creyente, con unos padres creyentes:

Los hijos (varones) aman a su madre pero quieren ser como su padre.

Las hijas aman a su padre pero quieren ser como su madre.

Los hijos buscarán esposa como su madre, a quien querrán como a su madre.

Las hijas buscarán marido como su padre, a quien querrán como a su padre.

Así se perpetúa la Iglesia.

Cómo no se perpetúa (ni la Iglesia ni la sociedad)

Cuando la familia no es creyente o muy pecadora:

Los hijos (varones) no aman a su madre, con lo que verrán a sus posibles esposas como posibles madres y las rechazarán: no se casarán.

Las hijas no aman a su padre, con lo que verán a sus posibles maridos como posibles padres y los rechazarán: no se casarán.

Así no habrá descendientes y la sociedad se suicida en 20 años.

Si somos creyentes (nuestra vida está dedicada a Dios, sea cual sea nuestro estado), todas las penas que suframos (hasta las más pequeñas) y las dificultades que (con la gracia de Dios) superemos para continuar viviendo y sirviéndoLe, nos sirven para pagar por nuestros pecados y ganar más mérito para la vida eterna. ¡Gran alegría en cada una!
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