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El (anti) papa Francisco dice herejías

Juicio personal y purgatorio

El juicio particular

Nada más morir recibimos un primer juicio que destina (sólo nuestras almas de momento) al infierno, al purgatorio por un tiempo o directamente al cielo.

El resultado de este juicio es bastante previsible como explicamos aquí, aunque excepto algunos santos, nunca podemos tener certeza absoluta.

La salvación o condenación en el juicio es sólo un caso de los hechos duales.

El purgatorio

Los que mueren con pecados veniales son purificados en el purgatorio hasta hacerles aptos para estar en el cielo (hasta que pagan todas las penas que se ganaron en la tierra). No vamos a estar en el cielo, eternamente, con penas por pagar.

El purgatorio viene exigido por la justicia, ya que en él (=purificatorio) han de sufrirse todas las penas temporales que el que ha muerto aún debe por sus pecados mortales -ya perdonados- y por sus pecados veniales -perdonados o no antes de morir-. Jesús decía: «En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que pagues el último centavo» (Mt 5,26; +12;32; 2 Mac 12,42-46; 1 Cor 3,10-15; 2 Tim 1,18).

Mientras estamos vivos, podemos acortar nuestro castigo en el purgatorio, avanzar el pago de las penas temporales, haciendo satisfacción de la pena

Por la comunión de los santos, los vivos también pueden satisfacer por los difuntos en el purgatorio.



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