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Los misterios de la religión

Cuando éramos bebés, era misterioso para nosotros cómo pulsando un botón se encendía la luz. De mayores lo entendimos.

Una hormiga nunca entenderá el juego del ajedrez.

Igual nos pasa a nosotros con los hechos de Dios: nunca los entenderemos porque Dios es quien nos ha creado. Somos el reloj y Dios el relojero. El reloj nunca podrá entender al relojero.

Por eso en la religión hay muchos misterios. (Superiores a la capacidad de la razón, no contrarios a ella -los misterios no afirman 2 más 2 son 5).





Si somos creyentes (nuestra vida está dedicada a Dios, sea cual sea nuestro estado), todas las penas que suframos (hasta las más pequeñas) y las dificultades que (con la gracia de Dios) superemos para continuar viviendo y sirviéndoLe, nos sirven para pagar por nuestros pecados y ganar más mérito para la vida eterna. ¡Gran alegría en cada una!
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