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Índice de temas religiosos
Francisco es un anti-papa (trabaja para el Demonio)

Penitencia o Confesión

Se llama “penitencia” tanto a:

  1. El sacramento

  2. Los actos que hacemos para pagar por nuestros pecados pasados ya perdonados, para “satisfacer” por la “pena temporal” debida.

Aquí hablamos del sacramento, que es lo que nos manda Dios cuando nos dice “en que no haga penitencia, morirá”. (Mal podemos hacer “actos que sirvan como penitencia” si antes no hemos hecho los pasos anteriores indicados aquí).

La penitencia es imprescindible en la vida, porque su primera parte, el examen de conciencia, nos sirve para detectar y corregir lo que estamos haciendo mal. Si no hacemos examen de conciencia, vivimos como máquinas, repitiendo nuestro comportamiento (mezcla de virtudes y vicios), sin avanzar en nuestra santificación.

Circunstancias

Cuando pecamos hacemos dos cosas:

  1. Desobedecer a Dios

  2. Incumplir nuestros deberes con el prójimo

Por tanto, para limpiar nuestros pecados debemos:

  1. Pedir a Dios que nos borre el castigo espiritual merecido por faltarle a Él.

  2. Restituir al prójimo por el daño que le hemos hecho.

Lo primero lo obtenemos:

Lo segundo es uno de los requisitos para que la confesión sea válida.

Hay quien puede decir: “¿En qué he dañado yo al prójimo en tal pecado solitario? (pecado de gula, por ejemplo)”. Pues en que por ese pecado probablemente ha comido demasiado y luego no ha estado disponible para hacer la voluntad de Dios, sino para reponerse de la comilona.

Hay quien dice también: “Cuando llevaba una vida de pecado no era consciente de la mala vida que llevaba, por eso me he convertido, por eso quiero reconciliarme con Dios”. Y añade, dado que no era consciente de que lo que hacía era pecado, pues no tengo que confesarme de ello.

Lo que ocurre es que siempre tenemos algo (o todo) de ignorancia culpable, pues nuestra vida pasada no ha sido una completa esclavitud 100%, sino que hemos tenido nuestra libertad. Decir que estamos exentos de ignorancia culpable es como decir que hemos sido 100% resultado, consecuencia, víctimas pasivas de nuestro entorno; que en absolutamente todos nuestros actos no hemos tenido ninguna responsabilidad. Esto lo admitirá un juez de un niño sin uso de razón, pero a partir de cierta edad,... Además, de lo que hemos hecho bien, bien nos acordamos de atribuírnoslo, eso sí que decimos y repetimos que lo hicimos libremente.

Es decir, al confesar lo que hicimos mal por ignorancia, realmente estamos confesando la ignorancia culpable de ello. Y la gravedad de la ignorancia culpable es exactamente igual que la del hecho cometido con pleno conocimiento, pues tenemos obligación (y es lo razonable), de conocer las leyes en orden de importancia, de gravedad si no cumplimos con ella, por la cuenta que nos trae.

Todos, cuando nos confesamos, detestamos los pecados pasados. Sino, no iríamos a confesarnos. Además, es uno de los requistos, pasos, de la confesión válida: el dolor de corazón.

S. Agustín, S. Pablo, y todos, llevaban malas vidas antes de convertirse. Por eso se convirtieron, porque vieron la verdad. Vieron con ojos claros la mala vida que habían vivido.

Y no basta con verlo, hay que decírselo al cura (o hacer contrición).

Definición

Es un sacramento por el que Dios nos perdona (borra la culpa y la pena eterna en los pecados mortales). Pero no suele borrar la pena temporal. En el Bautismo si se borra la pena temporal.

En estos tiempos que no disponemos de curas (especialmente en Europa), podemos seguir estas recomendaciones que el rvdo. Demaris dirigió a los fieles en tiempos de la revolución francesa (en que los cristianos fueron perseguidos y tampoco había curas).

Cuando Dios nos perdona nuestros pecados, ese acto es mucho mayor y digno de gloria que la creación de cielos y tierra, que son cosas finitas. El pecado es algo infinito porque se opone a algo infinito, que es Dios.

"expongan los penitentes en la confesión todas las culpas mortales de que se acuerden, después de un diligente examen, aun cuando sean absolutamente ocultas, y sólo cometidas contra los dos últimos preceptos del decálogo, pues algunas veces dañan éstas más gravemente el alma, y son más peligrosas que las cometidas externamente". Catecismo de Trento

La confesión también sirve para ejercitar la humildad (reconocer la realidad) y librarnos de obsesiones de culpa (que les encantan a los demonios que nos acechan).

Pasos

  1. Hacer un cuidadoso examen de nuestros pecados desde la última confesión.

  2. Arrepentirnos, sentir pesar por haberlos cometido.

  3. Hacer propósito de no repetirlos.

  4. Decir los pecados al confesor.

  5. Restituir lo dañado y cumplir la penitencia, el castigo, la reparación del daño que el cura nos diga ("la satisfacción"). (Debemos restituir siempre que hemos dañado a otro con nuestro pecado, “pecados contra la justicia”: robo, escándalo, maledicencia,...)

  6. Recibir la absolución.

Examen de conciencia

(Los sermones del santo cura de Ars son fabulosos, aunque sólo para valientes). (Se encuentran en apostoladomariano.com, sección “grandes maestros”. A precios módicos o descargables en PDF).

¿Qué hacía el santo Job sentado en el estercolero todo lleno de llagas? Hacía examen de conciencia. Se decía: ¿en qué he pecado para que Dios me haya enviado estos males? (recordemos que siendo muy rico, perdió todas sus posesiones de la noche a la mañana, incluso a sus hijos y era despreciado por todos y objeto de escarnio por su mujer. Libro de Job, cap. I)

Porque sabía que:

Como santo, no caía en el orgullo de creerse perfecto, de estar seguro que lo que recibía era para su purificación, sino que estaba seguro que era por algún pecado pero no recordaba cuál. Esa era su gran tribulación, pues amaba a Dios sobre todas las cosas, como santo. (Todos estamos llamados a la santidad, otra cosa es que hagamos oídos sordos).

Cómo ver nuestros pecados

(Pecamos de pensamiento, palabra, obra y omisión. Los deseos son un tipo de pensamientos, mirar, escuchar o tocar lo que no debemos también es pecado).

Hay algunos de nuestros pecados que los vemos pero hay otros que no. Algunos de nuestros pecados (orgullo, ignorancia culpable,...) nos ciegan literalmente y no vemos nuestra realidad: podemos ver la realidad en los demás pero no en nosotros. (Vemos “la paja en el ojo ajeno pero no la viga en nuestro ojo”, como dice la Biblia). También podemos no verlos porque estamos habituados a ellos, o porque no nos reservamos tiempo a buscarlos.

Como ayuda para hacernos conscientes de nuestros pecados, está todo lo que sigue.

Trucos para conseguir vernos:

Errores frecuentes

El orgullo (que es la fuente de todos los pecados), nos ciega y nos hace olvidar que:

Para poder hacer una penitencia verdadera, hemos de:

Es decir, si nos hemos dejado llevar por la ira y hemos roto un plato en casa de un amigo, indicando lo que queríamos hacer con su cara pero no nos atrevemos, hemos de reconocer: ira en nuestro interior, violencia de pensamiento contra nuestro amigo, violencia contra el plato, hemos de pagar el plato y hemos de idear una manera de conseguir que no vuelva a ocurrir (poniéndonos un papel pegado en la taza del desayuno para que nos recuerde cada día que debemos ver el lado de Hijo de Dios que tiene nuestro amigo).

Si nos quedamos en remordimientos vagos ("tengo mal carácter", "me dejo llevar por la ira",...) y vagos propósitos de enmienda ("voy a portarme mejor", "voy a ir con más cuidado",...),...

Documentos de ayuda

Hay por internet “listas de pecados” que nos pueden servir de recordatorio. (Conviene elegir los más antiguos posibles, como éste).

Este otro documento nos da algunas recomendaciones concretas y muy útiles para hacer bien la confesión. En particular:

  1. Nos recuerda que si no hay arrepentimiento, no hay perdón.

  2. Nos ayuda a diferenciar lo que es un buen arrepentimiento (debido a que nos duele haber faltado a Dios) del falso arrepentimiento que no es más que ego, orgullo herido (cuando estamos insatisfechos de nuestros actos porque fueron pecados públicos y dañan “nuestra imagen”, o nos producen malestar porque nos creíamos perfectos, o nos repulsan por la fealdad del acto en sí “manché todo, rompí aquéllo, levanté la voz”).

El Catecismo de Trento

577. En primer lugar ha de reprimir la soberbia de algunos que con varias excusas procuran defender o disminuir sus pecados. Porque, por ejemplo, confesándose uno de que se dejó llevar demasiado de la ira, luego echa a otro la culpa de esta irritación quejándose de que fue primero injuriado por él. Debe ser, pues, amonestado éste, que esta disculpa es señal de un ánimo altivo, y de un hombre que, o desprecia o ignora enteramente la gravedad de su pecado; y que más sirven semejantes excusas para aumentarle que para disminuirle. Porque quien así se empeña en defender su modo de obrar, demuestra que será sufrido cuando no le agravien, lo cual a la verdad no hay cosa más indigna de un hombre cristiano. Porque debiendo sentir en gran manera la suerte del que le hizo la injuria, con todo, nada se conmueve por la malignidad de aquel pecado, y se enoja contra su prójimo; y presentándosele una muy bella ocasión para poder servir a Dios con paciencia, y corregir a su prójimo con su mansedumbre, convierte en su propio daño lo que era materia de su salvación.

Repasar los 10 mandamientos.

Ver lo dicho sobre la ira, la tristeza, el quejarse, en www.martin13.com.

Y lo dicho en ésta sobre el orgullo en este otro artículo, para descubrirlo.



Este sitio es cada vez más difícil de encontrar con los buscadores, por lo que se explica en este otro sitio. Si quiere volver a él, mejor que se acuerde de su nombre (ecomercado.es).

Si somos creyentes (nuestra vida está dedicada a Dios, sea cual sea nuestro estado), todas las penas que suframos (hasta las más pequeñas) y las dificultades que (con la gracia de Dios) superemos para continuar viviendo y sirviéndoLe, nos sirven para pagar por nuestros pecados y ganar más mérito para la vida eterna. ¡Gran alegría en cada una!

Estas páginas son apuntes que pueden contener errores de un servidor y se van mejorando con el tiempo y la gracia de Dios.

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