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El (anti) papa Francisco dice herejías

Pues a mí este papa me gusta

Cuando contratamos un taxista, es porque necesitamos que alguien nos lleve de un sitio a otro: rápido y cómodamente.

Si es incapaz de llevarnos donde le pedimos, porque no tiene auto, no sabe conducir, no conoce el destino, no tiene plano, por muy simpático que sea, por muy bien que nos caiga, no nos sirve como taxista. Y si él dice que es taxista, es mentira, es un falso taxista, aunque sea muy agradable y simpático y de muchas limosnas a los pobres.

Igual pasa con los curas, obispos, cardenales, papas. Su misión es ayudarnos a ir al cielo. Si son muy simpáticos, agradables, y buenos, pero:

Aunque esté repartiendo millones cada día entre los pobres, aunque visite a todos los enfermos, aunque lave los pies a toda la humanidad.

Porque esos no son su trabajo principal.

Que un cura nos “caiga bien” no quiere decir nada sobre que sea un verdadero cura.

Lo que nos gusta o disgusta no tiene nada que ver con la verdad o con lo bueno. A menudo la verdad es lo más amargo. Las cosas azucaradas son apetecibles, pero son perjudiciales.

Ahora, aparte de los curas muy viejos -ordenados como Dios manda por obispos verdaderos-, ya no hay casi curas verdaderos en ningún sitio del mundo.

Éste es uno de los sectores de la sociedad donde hay ahora más engaño, porque es el más importante, y ahora el mundo está dominado por el Demonio, el señor de la mentira.

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