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Virtudes (morales y teologales) y vicios

Virtud es el hábito, costumbre, de hacer un bien. Vicio es el hábito de hacer un mal (ver más abajo).

Las hay morales y teologales. Las morales son el ejercicio de las facultades de nuestra naturaleza inferior (de seres racionales) y las teologales el ejercicio de nuestra naturaleza más parecida a Dios (Hijos de Dios).

Las virtudes morales

Son:

Las virtudes teologales (fe, esperanza, caridad)

Fe : Es aceptar que puede ser cierto algo que nuestra limitada inteligencia nos dice que es falso o que no podemos llegar a conocer.

Esperanza : Es aceptar que puede llegar a realizarse algo que consideramos imposible (puede ser algo material, como llegar a construir una casa o inmaterial como librarnos de un odio).

Caridad : Ver más apartado más adelante.

Las virtudes morales son imprescindibles, pero sólo nos llevan a ser una persona buena, razonable y gris (¡que no es poco!). Pero somos Hijos de Dios, estamos llamados para lo inimaginable. Y eso pasa por practicar, desarrollar las virtudes teologales. “entre el hombre honrado y el cristiano hay la misma diferencia, que entre el insecto que se arrastra por el polvo y el ave que vuela por el espacio” T.E.S. de Mons. Gaume.

Las virtudes teologales son dones sobrenaturales (que no recibimos de nacimiento)

Dios los envía a quien quiere cuando quiere. Nosotros, ejerciendo nuestra libertad, podemos aceptar recibirlos o no, ponernos en disposición de recibirlos o no, como la leche materna, que si el niño no mama, no recibe lo que le da su madre.

Pueden tener diferentes tamaños

Crecen cuando hacemos obras basándonos en ellas.

Su naturaleza es "dejar de hacer" (no "hacer")

Como vimos al hablar de cómo asemejarnos más a Jesucristo, en nuestra vida lo único que hacemos es permitir o impedir que las fuerzas o inspiraciones de los seres espirituales pasen a través de nosotros y se materialicen en el mundo.

Hablando de las virtudes teologales,

La fe es “lo que sale de nuestro interior” (donde está Cristo), cuando dejamos de creer las mentiras que nos inspiran los demonios. (La fe sale sola cuando apartamos los obstáculos, nuestras reticencias). (Las mentiras que nos inspiran los demonios nos dicen que no hay más que lo que conocemos).

La esperanza es “lo que sale de nuestro interior” cuando dejamos de creer lo que nos dicen los demonios: que sólo puede ocurrir lo que ha ocurrido ya antes.

La caridad, el amor es “lo que sale de nuestro interior”, naturalmente, cuando dejamos de creer lo que nos dicen los demonios: que somos los más importantes del Universo.

Qué es la Caridad (el amor)

Es querer, tener la voluntad, de tratar a todos (nosotros y enemigos incluidos) como lo haría Jesucristo.

La gracia incita a nuestra voluntad a amar y le da fuerzas para ello (nosotros solos no hacemos nada bueno).

Es decir, la caridad, el amor, no es un sentimiento, es un acto de voluntad. (Así, en español se dice igualmente "le quiero" como "le amo").

El hombre, dice San Agustín, se hace lo que ama: «Si amas la tierra, eres tierra; pero si amas a Dios ¿qué diré, sino que eres Dios?»

Es normal que cuando somos bebés o niños nos comportemos egoístamente, pues todavía ni conocemos más ni podemos hacer nada.

La Caridad es beneficiar a nuestro enemigo (pasando por el amor a los familiares y amigos). Evidentemente, no beneficiarle para facilitarle que peque más, sino beneficiarle de forma que le acerque más a Dios. El amor a familiares era lo que se pedía en el Antiguo Testamento. En el Nuevo Testamento, ahora, lo que Cristo nos pide es llegar a "amar a nuestros enemigos")

La caridad, a veces, es dar con un palo. Y a veces, es decir "no".

Si un vecino nos dice: "¿puedes alquilar un auto de lujo con chófer y llevarme a la ciudad, por favor?"
Amablemente podemos contestarle: "De aquí a un rato salgo para allá con mi auto, si quieres estaré encantado de que me acompañes".
Amar es tener la mejor intención para con todos, actuar como hubiera actuado Jesucristo en nuestra situación. ¿Jesucristo hubiera alquilado el auto de lujo? Parece que no.

Todos recomiendan empezar a amar a los que tenemos más cerca.

Es extender nuestro amor más allá de lo que yo creo que me beneficia. (Si sólo pensamos en los demás calculando cómo podemos utilizarlos, nunca en su bien independiente del nuestro... pues no amamos a nadie).

Todas las cosas buenas que hacemos a los demás por interés propio, por orgullo,... esas obras no nos benefician (I Cor 13,3).

Un ejemplo es el "buenismo", en seguir nuestro 'ego bueno', orgullo, y hacer las cosas porque así 'participo en hacer un mundo mejor', porque así 'yo soy una buena persona', (alimento mi orgullo).

Cuando practicamos la caridad, amamos, descubrimos que:

Amar a los enemigos sólo se consigue por una gracia sobrenatural (que podemos pedir rezando), inicialmente mucho hacemos con no caer en la tentación de odiarles, con no dar cuerda a la reacción de odio.

Vicios

Los vicios no son sólo lo que habitualmente llamamos “vicios”: beber (tomar), drogas, mujeriego, ludópata, morderse las uñas,... también llamados “mala costumbre”, todos ellos “materiales”.

También tenemos muchos vicios inmateriales (de palabra o pensamiento): vicio de odiar a los que consideramos “enemigos”, vicio de quejarnos, vicio de enfadarnos, vicio de insultar, de decir palabrotas, de blasfemar,...

Tanto las virtudes como los vicios son hábitos, son costumbres, y, por tanto, salirse de ellas requiere un esfuerzo especial, porque las cosas, y las personas, sin un esfuerzo especial, solemos seguir el camino más fácil, que es repetir lo que siempre hemos hecho.

El vicio es el hábito de un cierto pecado. Sólo podemos salir de él con la penitencia: primero haciendo el examen de conciencia que nos lo descubra y luego con el resto de partes. Y será normal que recaigamos en él muchas veces.

Si somos creyentes (nuestra vida está dedicada a Dios, sea cual sea nuestro estado), todas las penas que suframos (hasta las más pequeñas) y las dificultades que (con la gracia de Dios) superemos para continuar viviendo y sirviéndoLe, nos sirven para pagar por nuestros pecados y ganar más mérito para la vida eterna. ¡Gran alegría en cada una!
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