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El Sr. Bergoglio dice herejías

Qué es juzgar

"No juzguéis y no seréis juzgados" se refiere a que no juzguemos el interior de las personas, porque su interior, su intención, sólo lo sabe Dios.
Nosotros podemos y debemos juzgar y condenar sólo los hechos externos.

La Iglesia lo resume con la frase "De internis, neque Ecclesia judicat" (del interior, nada puede la Iglesia juzgar).
Pero una vez juzgados los hechos externos y apreciado que una persona miente habitualmente (por ejemplo), es ingenuo creer que no lo va a seguir haciendo en el futuro. La caridad cristiana nos obliga a esperar / desear que abandone su defecto, e incluso a rezar por él; pero también a no olvidar su defecto mientras no demuestre lo contrario.

Juzgar es decir quién inspira a alguien: si una criatura (el Diablo o sus secuaces) o Dios (a través de nuestro ángel guardián). Esto sólo lo sabe Dios. Pero del resto (sus acciones externas) sí que podemos y debemos juzgar. Si dice que dos más dos son cuatro debemos juzgar que eso es falso, error, mentira.

Cuando hablamos que otro “hace el bien”, “hace mal”, sólo juzgamos, sólo podemos juzgar, las apariencias externas.

Cuando hablamos que nosotros “hacemos el bien”, “hacemos mal”, sólo estamos diciendo con qué intención actuamos. Pero podemos hacer grandes males con nuestra intención buena.

Saber actuar bien en cada momento no es fácil (saber actuar como lo haría Jesucristo); incluso grandes santos tienen que recurrir a retiros, ayunos, y periodos de discernimiento para intentar conocer la Voluntad de Dios en su particular situación. Y por eso los reyes de la antigüedad se rodeaban de consejeros. De igual forma nosotros tenemos que estudiar, recibir buenos consejos y rezar pidiendo saber la Voluntad de Dios, el bien en cada momento.

Ejemplos de juzgar correctos

Juzgar es decir si alguien ha hecho algo externo que (las leyes, la religión, nuestro criterio) consideramos bueno (y que alguien debe alabar) o malo (y que alguien debe castigar).

Dicho de otra forma, hay:

  1. Una persona que ha hecho o dejado de hacer

  2. Lo que ha hecho o ha dejado de hacer

  3. Nosotros

  4. La vara con la que vamos a medir el hecho anterior

La vara, la norma, la moral, la regla, es todo lo que alguien (los que mandan, la religión, mi criterio) ha dicho que está bien o mal.

Veamos unos ejemplos:

Aplicando las leyes de los hombres o la ley de Dios:

Encargo a un sastre unos pantalones a medida. Me entrega los pantalones y cuando me los pruebo les falta un palmo para llegar a los zapatos.

  1. El sastre

  2. Pantalones a mi medida

  3. Nosotros

  4. Lo largo de mis piernas

Juicio: decimos que los pantalones no están bien (son cortos para mí, y como los pedí a medida, pues están mal) y no los pago o pido que me los arreglen, si es posible. Castigo: el sastre no cobra o tiene que trabajar más haciendo el arreglo.
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La policía encuentra pruebas que demuestran que el Sr. X trafica con droga.

  1. El Sr. X

  2. Trafica con droga

  3. Nosotros

  4. La ley castiga el tráfico de droga

Juicio: decimos que el Sr. X es un traficante (y debe ir a la cárcel de acuerdo con las leyes).
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Una mujer aborta.

  1. La mujer

  2. Aborta

  3. Nosotros

  4. El cuarto mandamiento prohíbe matar

Juicio: decimos que la mujer ha cometido un grave pecado (y debe ir a confesarlo a un verdadero cura, de acuerdo con las leyes de Dios).
(Además la mujer tendrá que ir a la cárcel, de acuerdo con las leyes)
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Sólo juzgamos los hechos que hace la persona, no lo que esa persona ES, pues puede ser un Hijo de Dios.

Cuando decimos que alguien ES un mal sastre, traficante, asesino,... es una simplificación que no debe hacernos olvidar que sólo Dios sabe lo que cada uno lleva en su interior.
Nosotros juzgamos los hechos, Dios le juzgará su interior.

Nosotros tenemos que ocuparnos de meter en la cárcel a los que hacen cosas mal. No Dios.

Dios meterá en el infierno el que El, con su infinita justicia, crea conveniente. No nosotros.

Esto es lo que significa "No juzguéis y no seréis juzgados". No debemos juzgar el alma o las intenciones de los demás, como lo hará Dios (porque no somos Dios), pero evidentemente sí debemos juzgar lo que hace la gente.

Así, cuando nuestro hijo nos dice "lo hice sin querer", sin querer le tenemos que castigar por ese hecho. ("Sin querer nosotros" porque es a nosotros a quien nos duele más el castigo que a él).

Cuando un adulto conduciendo un auto comete una imprudencia temeraria, el juez también le castigará según la ley de los hombres (delito de imprudencia temeraria). (Quizá internamente al juez también le duela, porque quizá el condenado sea familiar o amigo suyo o simplemente porque a nadie sano mentalmente le gusta castigar).

Atenuantes y eximentes

A veces, aunque la otra persona sea claramente culpable, puede haber atenuantes o eximentes que los hombres deben aplicar en su juicio:

Si nuestra madre se deja quemar la comida mientras la está preparando, quizá ha sido porque ha tenido que ir a ayudar urgentemente a nuestro padre, a una vecina, a la abuela, o a una vaca que estaba pariendo. O estaba distraída pensando en cómo amar bien a alguien en dificultades.

Los hombres nos podemos equivocar al juzgar, por ello hay que ser extremadamente prudentes pues no conocemos todas las circunstancias internas y externas del hecho. Sólo Dios es el que hará el juicio definitivo y correcto. Sólo Dios sabe cuántos talentos ha dado a cada uno y cuánto le exigirá por ellos.

Nos equivocamos cuando criticamos, juzgamos, menospreciamos a otro al que quizá Dios le dió muchos menos talentos que a nosotros y él está dando, proporcionalmente, mucho más que nosotros.

Aplicando el criterio personal:

Hasta aquí hemos visto casos fáciles, que condenan claramente las leyes de los hombres o la ley de Dios.

Hay veces en que las leyes anteriores no hablan de los hechos sobre los que tenemos que juzgar.

Por ejemplo: ninguna ley dice de qué debe estudiar nuestro hijo o de qué color debemos ponernos hoy la camisa.

Aquí es donde tenemos que usar la 3ª vara de medir: nuestro criterio.
(Evidentemente nuestro criterio nunca debe ir contra la ley de Dios)

Esta es una vara de medir que tenemos que usar con mucho cuidado, pues ya no tenemos la orientación de la Iglesia.

Debemos intentar que nuestro criterio sea siempre JUSTO, es decir, de acuerdo con lo que entendemos que sería la voluntad divina.

Una buena guía es preguntarnos e imaginar: ¿qué haría Jesucristo en esta situación?

Puede que con el tiempo veamos que la decisión que tomamos un día fué equivocada. No pecamos en su día pues hicimos lo que creímos mejor, pero a partir de hoy tenemos que actuar de acuerdo con la nueva decisión. Sin remordimientos, pues lo hicimos con la mejor intención, y con diligencia, pues ahora ya vemos que fué un error.
Y más fiesta se hace en el cielo por un hijo pródigo que vuelve que por cien hijos fieles.

(Evidentemente, las leyes de los hombres, para ser JUSTAS, deben estar inspiradas en la ley de Dios).

«Ni aun a mí mismo me juzgo... Quien me juzga es el Señor. Así pues, tampoco vosotros juzguéis antes de tiempo, mientras no venga el Señor, que iluminará los escondrijos de las tinieblas y hará manifiestos los propósitos de los corazones» (1 Cor 4,5).



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