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El (anti) papa Francisco dice herejías

Qué es la Caridad (el amor)

Es querer, tener la voluntad, de tratar a todos (nosotros y enemigos incluidos) como lo haría Jesucristo.

La gracia incita a nuestra voluntad a amar y le da fuerzas para ello (nosotros solos no hacemos nada bueno).

Es decir, la caridad, el amor, no es un sentimiento, es un acto de voluntad. (Así, en español se dice igualmente "le quiero" como "le amo").

El hombre, dice San Agustín, se hace lo que ama: «Si amas la tierra, eres tierra; pero si amas a Dios ¿qué diré, sino que eres Dios?»

Es normal que cuando somos bebés o niños nos comportemos egoístamente, pues todavía ni conocemos más ni podemos hacer nada.

La Caridad es beneficiar a nuestro enemigo (pasando por el amor a los familiares y amigos). Evidentemente, no beneficiarle para facilitarle que peque más, sino beneficiarle de forma que le acerque más a Dios. El amor a familiares era lo que se pedía en el Antiguo Testamento. En el Nuevo Testamento, ahora, lo que Cristo nos pide es "amar a nuestros enemigos")

Junto con la Fe y la Esperanza son las tres virtudes teologales, que tienen aspectos comunes.

La caridad, a veces, es dar con un palo. Y a veces, es decir "no".

Si un vecino nos dice: "¿puedes alquilar un auto de lujo con chófer y llevarme a la ciudad, por favor?"
Amablemente podemos contestarle: "De aquí a un rato salgo para allá con mi auto, si quieres estaré encantado de que me acompañes".
Amar es tener la mejor intención para con todos, actuar como hubiera actuado Jesucristo en nuestra situación. ¿Jesucristo hubiera alquilado el auto de lujo? Parece que no.

Todos recomiendan empezar a amar a los que tenemos más cerca.

Es extender nuestro amor más allá de lo que yo creo que me beneficia.

Todas las cosas buenas que hacemos a los demás por interés propio, por orgullo,... esas obras no nos benefician (I Cor 13,3).

Un ejemplo es el "buenismo", en seguir nuestro 'ego bueno', y hacer las cosas porque así 'participo en hacer un mundo mejor', porque así 'yo soy una buena persona'.

Cuando practicamos la caridad, amamos, descubrimos que:

  • da más gusto dar que recibir (los boxeadores lo saben bien)
    cuesta más dejarse amar que amar (al que le molesta que nos amen es a nuestro ego, a nuestro orgullo).

Amar a los enemigos sólo se consigue por una gracia sobrenatural (que podemos pedir rezando), inicialmente mucho hacemos con no caer en la tentación de odiarles, con no dar cuerda a la reacción natural de odio.



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