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El (anti) papa Francisco dice herejías

Cómo estamos después del bautismo

Cuando Eva y Adán estaban en el paraíso gozaban de la visión directa de Dios, de su voluntad, de lo que es justo, bueno. No conocían la enfermedad ni la muerte porque su voluntad, siendo libre, era una con el creador, no pecaban nunca y por eso no enfermaban.
(Estaban en la misma situación que la de cualquier santo, que pudiendo pecar, ni se le ocurre hacerlo, igual que a ningún adulto se le ocurre poner la mano en el fuego o los dedos en un enchufe).

(Si Adán y Eva no hubieran sido libres no hubieran podido pecar tan gravemente.

Con ello sabían lo que convenía hacer en cada momento, la vida era fácil, el trabajo siempre fructífero pues se obraba con la misma sabiduría que Dios. (nota)

Al ser expulsados del paraíso Adán y Eva perdieron la visión directa de Dios que tenían allí, con lo que, desde entonces, ya no tenemos una clara visión de lo que nos conviene, de lo bueno en cada momento.

(Y así damos cariñosamente azúcar a nuestros niños sin darnos cuenta que les estamos perjudicando)
Es decir que desde entonces, ellos y sus descendientes:
  • tuvieron que trabajar de forma árdua para ganar el sustento, vestido y cobijo ("con el sudor de tu frente")
  • conocieron la enfermedad y la muerte
Y encima, al morir no podían entrar en el cielo y volver a ver a Dios directamente, por muy justa que hubiera sido su vida, como castigo del inmenso pecado de los primeros padres.

Jesucristo, dios hecho hombre, sacrificándose en nuestro nombre, consiguió que Dios Padre nos perdonara del pecado de Adán y dejara a los justos entrar en el cielo después de la muerte.

(Y a todos los justos que murieron antes de la muerte de JC, que estaban esperando)
JC nos trajo el perdón de las almas, pero no nos evita el pagar la pena, el castigo por el pecado.

Es decir, cuando nos confesamos o cuando pedimos perdón a alguien, hay dos cosas independientes:

  1. el perdón que recibimos

  2. (que nos borra el pecado en el alma y nos abre las puertas del cielo)
  3. lo que tenemos que pagar a cambio

  4. (por ejemplo, en la ley de Moisés, el que robaba, además de pedir el perdón para su alma, tenía que devolver lo robado más una quinta parte)
A nosotros nos pasa lo mismo.

Al bautizarnos recibimos en el alma el perdón de Dios que consiguió JC para nosotros, pero:

  • seguimos sin ver a Dios directamente, por lo que nos cuesta conocer su voluntad y aplicar su sabiduría, con lo que a menudo trabajamos sin resultado, enfermamos y morimos.
  • estamos desterrados del paraíso, viviendo en una región donde habitan los demonios, llenos de odio hacia nosotros (Ef. 6 11-12.)
Somos como borrachos arrepentidos y confesos. Dios a través del cura nos perdona, pero la resaca, las molestias del día después de la borrachera, y el pasar la noche en la cárcel junto a otros delincuentes, no nos lo quita.

Para más detalles, ver Rastros del Pecado Original en nuestro día a día

A continuación puede leerse cómo nos trata Dios.

Nota

"Cierto es que en el felicísimo estado de inocencia del cual cayó Adán, y por su culpa toda su descendencia, habría necesitado tomar alimento para reparar las fuerzas.
Hubiérale entonces bastado para la vida inmortal el fruto que le habría producido el felicísimo árbol de la vida, sin ningún trabajo suyo o de sus hijos. Mas no por eso hubiera estado ocioso entre tantas delicias del paraíso, pues le puso Dios en aquel jardín de placeres para que le cultivase. Pero ninguna obra le sería molesta, ningún trabajo desabrido. Habría conseguido perpetuamente suavísimos frutos del cultivo de aquellos deliciosos vergeles, siendo siempre fructuoso el trabajo." Catecismo de Trento.


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