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Blas de Lezo

Empezando como soldado, llegó a alto cargo en el ejército.

En la batalla de Gibraltar, en 1704, le amputaron su pierna izquierda hasta la rodilla por un cañonazo. Sin anestesia y sin expresar dolor.

En 1707 perdió su ojo izquierdo luchando cerca de Toulon.

Después perdió su brazo derecho por una explosión.

A pesar de cada una de las mutilaciones, en vez de retirarse, siguió luchando en primera fila, junto a sus soldados.

Sus enemigos le llamaban "medio hombre".

En su última batalla, consiguió vencer a un enemigo mucho más numeroso en Cartagena de Indias. Murió poco después por las heridas del combate.

No usaba parche para ocultar su herida del ojo y que cualquiera pudiera verla.

Si somos creyentes (nuestra vida está dedicada a Dios, sea cual sea nuestro estado), todas las penas que suframos (hasta las más pequeñas) y las dificultades que (con la gracia de Dios) superemos para continuar viviendo y sirviéndoLe, nos sirven para pagar por nuestros pecados y ganar más mérito para la vida eterna. ¡Gran alegría en cada una!
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