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Cuento de un chino

Eráse una vez un chino que tenía un caballo.

Un día se le escapó el caballo.
Los vecinos vinieron a compadecerse de él.

El respondió: "no sé".

El caballo volvió con una yegüa que encontró en la montaña.
Los vecinos vinieron a congratularse con él.

El respondió: "no sé".

El primogénito del chino se rompió una pierna al intentar domar la yegüa.
Los vecinos vinieron a compadecerse de él.

El respondió: "no sé".

Estalló la guerra y vinieron los militares a hacer una leva. No se llevaron a su hijo por estar lisiado.
Los vecinos vinieron a congratularse con él.

¿Qué respondió el chino?

Si somos creyentes (nuestra vida está dedicada a Dios, sea cual sea nuestro estado), todas las penas que suframos (hasta las más pequeñas) y las dificultades que (con la gracia de Dios) superemos para continuar viviendo y sirviéndoLe, nos sirven para pagar por nuestros pecados y ganar más mérito para la vida eterna. ¡Gran alegría en cada una!
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