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Índice de temas religiosos
El (anti) papa Francisco trabaja para el Demonio

Estas páginas son apuntes que pueden contener errores de un servidor y se van mejorando con el tiempo y la gracia de Dios.

La verdad

Sólo hay una realidad

Las cosas sólo son de una manera. Un animal es un perro o una vaca, si alguien me dice que ha visto un perro-vaca, mitad perro y mitad vaca, pues es MENTIRA, no es real. La VERDAD es como las cosas son. La MENTIRA es decir algo que no es real. Si digo “he visto una vaca volando”, estoy mintiendo.

A menudo hablamos de las cosas sin conocerlas bien o haberlas visto bien. Entonces uno puede decir que ha visto un perro cruzar la calle y otro decir que era un zorro. Cada uno puede tener sus ideas, pero unas son ciertas y otras no. Lo que cruzó la calle era un perro o un zorro, pero no las dos cosas. Alguno de los dos está equivocado o miente y el otro dice LA verdad.

Sólo hay una realidad.

Sólo hay una verdad: la que describe la realidad: “era un perro”.

No hay que mezclar las ideas sobre la realidad con los gustos

A mí me pueden gustar más los zorros que los perros. Pero eso no tiene nada que ver con la realidad del animal que cruzó la calle. Gustos puede haber varios, realidad sólo una; luego hablamos de ellos.

La realidad de las cosas, la verdad de las cosas, es sólo una

En algunas cosas (una suma), la realidad está al alcance de quien sepa sumar: la realidad de dos más dos es cuatro.

El que no sabe sumar, o está alterado (bebido, dormido, loco,...), no es capaz de ver esa realidad, esa verdad. Él puede decir que dos más dos son ocho, pero eso es sólo porque está bebido y ve doble. Es decir, lo que sabemos y nuestro estado puede permitirnos o dificultarnos conocer la realidad, la verdad.

El que está “ciego de ira” porque le han abollado su coche puede no ver lo que todos los demás ven: que fue culpa suya por saltarse el semáforo en rojo. El ciego puede ver mala intención en el conductor del otro auto, los demás ven su ceguera.

La verdad no es “subjetiva”, “la de cada uno”, sino que unos ven bien y otros no.

Encontrar la verdad unas veces cuesta menos y otras más

Encontrar cuál es la verdad de dos más dos es fácil para muchísima gente. Encontrar la verdad de si es bueno o no permitir a nuestro hijo ir a tal sitio, pues es mucho más difícil.

Los reyes se rodeaban de consejeros para que les ayudaran en encontrar la verdad, los santos se retiraban a ayunar y orar para encontrar la verdad, por ejemplo sobre qué hacer en un momento dado: “¿qué es lo verdaderamente más beneficioso que haga en este momento?”.

Nosotros tenemos que aprender sobre el tema, o pedir consejo, y estar en un estado lo menos cegado posible, lo más libre de ataduras. Si mi hija, “la niña de mis ojos”, es arquitecta y se le cae una casa por sus cálculos erróneos, por mucho que sepa yo de construcción, por muchos peritos que me asesoren, me será muy difícil reconocer que “la verdad es que fue culpa suya”.

En los temas en los que no intervienen seres vivos es más fácil encontrar la verdad (“la viga debía ser de 40 cm y los planos dicen de 20”). En temas con plantas es más difícil, con animales más y con personas más. En temas actuales es más fácil que en temas históricos.

Sobre cómo buscar bien la verdad está el famoso libro “El criterio” del P. Jaime Balmes.

En este mundo actual muy dominado por el Demonio, que es el “Señor de la mentira”, es bastante difícil encontrar la verdad, tanto por las mentiras que nos rodean como por el poco interés que mucha gente tiene en hallarla, pues saben que tiene sabor amargo y les va a mostrar cosas que no quieren ver. Saben que el de Cristo es “el camino de la puerta estrecha” y prefieren ir con su gran auto, por autopista, al infierno, a pesar de que saben que Cristo es “el camino, LA verdad y la vida”.

Más ejemplos de factores que nos dificultan acceder a la verdad:

Ignorancia, desconocimiento de la verdad culpable o inocente

Como consecuencia de lo anterior, si la verdad de algo es inalcanzable para mí (yo no puedo saber qué sonidos hace el murciélado para detectar los objetos), entonces es una ignorancia inocente. O si puedo pero no tengo obligación de saberlo (qué comen los esquimales). Pero si lo que ignoro puedo y debo saberlo, entonces es una ignorancia culpable. “Yo no sabía que comprando por internet perjudicara al de la tienda de la esquina” es una frase que demuestra ignorancia culpable pues cualquiera se da cuenta que priva de una venta a su vecino. Desconocer la doctrina es un pecado grave, pues tenemos obligación de ello.

La realidad externa, material, la verdad de los hechos externos, no la podemos cambiar con el pensamiento

(Ni los curas en misa, pues ellos deben pronunciar ciertas palabras, no sólo de pensamiento cambian la hostia en el cuerpo de Cristo)

Si alguien roba, el hecho externo, material, no cambia por los pensamientos (intención) que tenga el que roba. Un robo es un robo, un asesinato idem, etc. cosas intrínsecamente malas, contra la ley de Dios. Un fin, un pensamiento (interno), no cambia la naturaleza de un hecho externo, de la realidad material: El fin no justifica los medios. Nosotros, en la tierra, debemos juzgar y condenar ese hecho como tal. Otra cosa es lo que haga Dios el día del juicio. Nosotros no podemos juzgar intenciones (ni para bien, absolver, ni para mal, condenar), pero Dios sí lo hará.

Cristo nos recuerda esto con “yo soy la verdad, el CAMINO, y la vida”. El camino es lo que hay entre la situación donde estamos y el lugar donde queremos ir. Son los medios materiales (y pensamientos) que hemos de usar para ir hacia nuestro objetivo. Con esa frase Cristo nos dice que Él (o el cielo), no es un “fin” a alcanzar por cualquier medio, por cualquier camino, sino que el camino (la forma de hacer las cosas, los medios) son tan importantes como la verdad y la vida. Que no podemos sacrificar unos por otros. Que no debemos usar el mal o la mentira para alcanzarle. Que un fin bueno no hace bueno un mal camino.

Los gustos

¿Qué es un gusto?

Desear una realidad y no otra. A mí me gusta el vino (y no el agua), a mí me gusta conversar con los vecinos (y no leer), a mi me gusta ducharme con agua fría (y no caliente).

¿Quién somos nosotros para tener deseos propios? Todo deseo propio es una traición a nuestro dueño y señor. Todo lo que es buscar hacer nuestra voluntad y no la de Dios es pecado.

¿Me dice Dios que tome un poco de vino en esta comida? Pues debo hacerlo y no es pecado.

¿Conversar con los vecinos es lo que me dice Dios de hacer en este momento? Pues no es pecado.

El Demonio fomenta los gustos de la gente con varias utilidades:

(Es ridículo que me gusten más los perros que los zorros. Ambos son criaturas de Dios. ¿Quiénes somos nosotros para privar de nuestro amor a unos de ellos y no a otros? Amarles tampoco quiere decir invitarles a comer a casa).

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