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Índice de temas religiosos
El (anti) papa Francisco trabaja para el Demonio

En todo hay una jerarquía

(artículo que se irá ampliando mucho)

Por mucho que insistan en convencernos unos seguidores del Demonio (los de la "dictadura del proletariado"), en el mundo no hay dos cosas iguales (sólo en las matemáticas, un dos es idéntico a otro dos).

Y cuando hay diferencia, hay jerarquía. Incluso entre dos gemelos, uno nació antes que el otro, uno es el mayor y el otro el pequeño, aunque sea por una diferencia de segundos.

Esto es la verdad, y pretender vivir sin tener en cuenta una verdad, o en contra de ella, lleva tarde o temprano a choques con la realidad. Porque la verdad es la realidad. La verdad es que las piedras caen. Vivir sin tenerlo en cuenta un día de mucho viento puede hacer que nos caiga un tiesto de un balcón en la cabeza.

Y verdad, como realidad, sólo hay una. (Una cosa es la realidad y otra, totalmente independiente, nuestros gustos). (Ver el artículo sobre la verdad, la realidad)

Y, cuando hay jerarquía, hay autoridad (otra concepto que es una bestia negra para el Demonio, señor de la mentira, y sus seguidores, los "anti-autoritarios").

Valores

bienaventuranza

salvación eterna

virtudes

hábitos conducentes a la bienaventuranza, a incrementar el grado de santidad en la tierra y de gloria en el cielo

vida razonable

conocer las verdades más importantes y vivir de acuerdo a ellas (carecer de vicios, malos hábitos siguiendo nuestros pecados).

orden en las potencias naturales del alma

que los instintos estén regidos por la inteligencia y voluntad (no "comportarse como animales", no llevar una vida maquinal, de huida del dolor y persecución del placer, puramente sensual)

salud corporal

"lo importante es la salud" (cuando no recibimos el premio de lotería)

"trabajando reconstruiremos lo destruido" (cuando perdemos algo material)

bienes materiales


Fuente: ver cita al pie de Santo Tomás de Aquino (el mayor sabio de la historia y el mayor doctor de la Santa Madre Iglesia).

Es decir, lo que más nos tiene que importar es conseguir la salvación, luego tener virtudes, luego carecer de vicios, y lo que menos nos tiene que importar perder es la salud y sobre todo los bienes materiales. ("Más vale entrar cojo y manco en el cielo que con todo el cuerpo en el infierno" Mateo 5:29).

Cita de Santo Tomás de Aquino

"El bien máximo del hombre es la felicidad, que es su último fin; y cuanto una cosa está más próxima a este fin, tanto más sobresale entre los bienes del hombre. Ahora bien, lo más próximo a este fin es la virtud y todo lo que sirve al hombre para hacer buenas obras, por las que consigue la bienaventuranza (la salvación eterna). Además, a la virtud sigue la debida disposición de la razón y de las potencias a ella supeditadas (los instintos). Y después de éstas, la salud del cuerpo, que es necesaria para obrar con soltura. Y, por último, las cosas exteriores, de las cuales nos servimos como de instrumentos para la virtud. Luego la máxima pena para el hombre será el ser excluido de la bienaventuranza; y después de ésta, el ser privado de la virtud y de cualquier perfección de las potencias naturales del alma para obrar rectamente; a continuación, el desorden de las potencias naturales del alma (instintos: capacidad de percibir en términos de daño, peligro o alimento, posibilidad de reproducción, capacidad de dirigir al cuerpo para satisfacer esos instintos,...); luego, la enfermedad del cuerpo; y, por último, la pérdida de los bienes exteriores.

Mas como la pena priva por naturaleza no sólo del bien, sino que es también contraria a la voluntad, y la voluntad de cualquier hombre no siempre juzga las cosas conforme son, sucede a veces que lo que priva de un bien mayor es menos contrario a la voluntad, y por eso parece menos penal. Por este motivo, muchos hombres, que aprecian y conocen más los bienes sensibles y corporales que los intelectuales y espirituales, temen más las penas corporales que las espirituales. Y, según su apreciación, el orden de las penas parece contrario al orden mencionado anteriormente. Pues suelen tener como penas máximas las lesiones del cuerpo y la pérdida de las cosas exteriores; en cambio, el desorden del alma, el detrimento de la virtud y la pérdida de la fruición divina, en la cual consiste la felicidad última del hombre, son reputados por ellos como poco o nada." Suma contra los gentiles, III, c. 141.

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Si somos creyentes (nuestra vida está dedicada a Dios, sea cual sea nuestro estado), todas las penas que suframos (hasta las más pequeñas) y las dificultades que (con la gracia de Dios) superemos para continuar viviendo y sirviéndoLe, nos sirven para pagar por nuestros pecados y ganar más mérito para la vida eterna. ¡Gran alegría en cada una!

Estas páginas son apuntes que pueden contener errores de un servidor y se van mejorando con el tiempo y la gracia de Dios.

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