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Índice de temas religiosos
Francisco es un anti-papa (trabaja para el Demonio)

Los diez mandamientos

Antes de la venida de Cristo (en el Antiguo Testamento, con la antigua alianza), había ley antigua (que incluía los “primeros” 10 mandamientos). Cristo anuló la antigua alianza y con ella abrogó todo el culto ceremonial (circuncisión, holocaustos, etc.). Con sus enseñanzas modificó los 10 mandamientos para forzar a que fueran bien interpretados, añadió “el sermón de la montaña” y “un nuevo mandamiento”. Todos estos mandamientos son de la Nueva Alianza. Explicación más exhaustiva en la Suma Teológica de S. Tomás, I, q.108, a.3

Los 3 primeros (los que Dios grabó en la tabla derecha que le dio a Moisés, el lado derecho es el de mayor dignidad) son nuestras obligaciones para con Dios (y son más importantes que el resto) y los 7 restantes son nuestras obligaciones para con los demás.

Los diez mandamientos se resumen en dos:

Cuando tenemos el deber de juzgar a los demás (nuestros hijos), hemos de mantener un delicado equilibrio entre la justicia y la misericordia, no caer en rigorismo, pues cuando cometemos un pecado, ese pecado (en rigor) “arrastra” a todos los demás: si nuestro hijo roba, peca contra el 7º mandamiento pero probablemente también contra el 8º (porque habrá tenido que robar con disimulo, engaño), contra el 4º, porque también deshonra a sus padres, contra el 1º, porque incumple el amor a Dios, contra el 6º, porque lo más probable sea que robe algo para darse algún gusto o capricho,...

1er Mandamiento: No adorar a ningún dios mas que al solo Dios verdadero.

En concreto quiere decir:

2º Mandamiento: No tomarás el nombre de Dios en vano.

(no jurar salvo en un tribunal). No usar el nombre de Dios para expresiones coloquiales o poco respetuosas. Ejemplo de pequeñas blasfemias: “Esto no lo arregla ni Dios”, “no había ni Dios”, decir que una mujer es “una chica 10” (la única mujer 10 es la Madre de Dios), etc.

3er Mandamiento: Santificar las fiestas

Reservar los días de fiesta para mejorar nuestra relación con Dios. Ver en qué nos equivocamos, ver qué vamos haciendo bien. No trabajar (ni hacer que trabajen los demás para servirnos: p.ej., no ir de compras).

4º Mandamiento: Honrar a tu padre y a tu madre

Como hijos, querer, obedecer a los padres. Incrementar su prestigio por nuestras obras.
¿Seríamos capaces de hacer como Isaac, que dejó que su padre le atara y pusiera encima de la leña? ¿Amamos a nuestros padres o sólo les usamos?
Como padres, cumplir con nuestras obligaciones con nuestros hijos: enseñarles, darles ejemplo, dirigirles. ¿Ven ellos en nosotros la autoridad de Dios? (P.ej.: Nunca discutir entre los cónyuges delante de ellos). Nosotros somos responsables de nuestros pecados y de todos los pecados de las almas que estén a nuestro cargo.

5º Mandamiento: No destruirás la obra de Dios (respetar la vida)

No odiarás, no matarás ni consentirás a los accesos de ira(*), ni te enfadarás.

No destruir el alma de los demás: pecado de "escándalo", provocando que otro peque mortalmente o dañándole su desarrollo con mentiras, o verdades por encima de lo que es capaz de asimilar por su edad,...; o robándole su atención, tiempo de su vida, como cuando le molestamos.
No destruir la reputación de los demás: pecado de "maledicencia". No perder el tiempo (es una forma de suicidio) ni hacérselo perder a los demás (molestándoles o llegando tarde a las citas).

ni airarse es lícito a ninguno, según nos enseña el Evangelio, en donde dice el Señor: “Mas Yo os digo: todo aquel que se airare contra su hermano, será reo de juicio. El que le dijere alguna palabra de desprecio, será reo de concilio: y el que le llamare fatuo será reo del fuego del infierno”. Mateo 5, 22.

XII. Cómo puede uno pecar o no pecar airándose.

875. Por estas palabras se ve con claridad que no carece de culpa el que se indigna contra su prójimo, aunque retenga la ira oculta en su pecho. Que peca gravemente el que de esta ira diere algunas señales, y mucho más gravemente el que se atreve a tratarle con aspereza, y hacerle injuria. Esto es verdad, si no hay causa ninguna de airarse. La causa de la ira concedida por Dios (1259) y por las leyes, es cuando castigamos a los que están sujetos a nuestra jurisdicción y potestad, si hubiere culpa en ellos. Porque la ira del cristiano no debe proceder de los ímpetus de la carne, sino del Espíritu Santo. Pues debemos ser templos (1260) de este divino espíritu, donde habite Jesucristo (1261).”

(1259) ―Enojaos, y no queráis pecar. Psalm. IV, 5. Si os enojáis, no queráis pecar: no sea que se os ponga el sol estando todavía airados. Ephes. IV, 26.(**)

(1260) ―¿Por ventura no sabéis que vuestros cuerpos son templos del Espíritu Santo, que habita en vosotros, el cual habéis recibido de Dios y que ya no sois de vosotros, puesto que fuisteis comprados a gran precio? Glorificad, pues, a Dios, y llevadle siempre en vuestro cuerpo‖. I, Corint. VI, 19-20.

(1261) ―Cristo habite por la fe en vuestros corazones: estando arraigados y cimentados en caridad, a fin de que podáis comprender con todos los santos, cuál sea la anchura, y longura, y la alteza y profundidad de este misterio. Ephes. III, 17. Catecismo de Trento. Capítulo sobre el 5º Mandamiento.

(**) Citas del Evangelio, versión Vulgata de Scio, con comentarios de los santos padres:

“Airaos, y no pequéis[1]: El sol no se ponga sobre vuestra ira[2].

[1] Si os sorprende algún movimiento de ira, no os dejéis arrebatar de su furor y ceguedad; reprimidla, y no ejecutéis jamás lo que os inspire.

[2] Psalm. IV. 5. Quiere decir: No deis lugar a que la ira haga asiento en vuestro corazón; porque en este caso degenerará en odio o rencor, y el demonio tendrá entrada en vosotros viendo que habéis desterrado de vuestra alma la caridad.”

(*)Sentir la tentación de la ira, la aparición de la ira en nuestro corazón no es pecado. Pecado es consentir en ella, dejarnos llevar por ella, aunque sólo sea de pensamiento (añadimos más pecado si además lo expresamos).

Ejemplos de matar, destruir, dañar:

Nunca envenenar nuestra sangre ni un instante con odio. Nuestro cuerpo es habitáculo del Espíritu Santo, de Jesucristo, ¿cómo vamos a tenerlos en una casa sucia?
"vuestros cuerpos son templos del Espíritu Santo, que habita en vosotros, el cual habéis recibido de Dios y que ya no sois de vosotros, puesto que fuisteis comprados a gran precio". Catecismo de Trento.

El odio es siempre malo, la violencia, que es hacer las cosas usando mucha energía, puede ser conveniente en algún caso y errónea en otro.
¿Es posible la violencia sin odiar? Perfectamente, como cuando Ud. derriba la puerta de una casa en llamas por salvar a alguien que hay dentro.

El odio (de pensamiento) siempre es pecado, pero materialmente, ¿qué hago? ¿lucho o no? ¿digo algo o no? ¿Qué hacer materialmente frente a algo injusto?

Pecado de escándalo (dañar el alma de los demás)
Todo aquello que aleja a los demás de Cristo: nuestro mal ejemplo, provocarles tentaciones, contarles mentiras,.... Vemos normal que la policía mate un loco asesino y nos cuesta (erróneamente) aceptar matar a alguien que destruye el estado de gracia en otro (en la Edad media en algunos casos les mataban).

Pecado de maledicencia, "cotilleo" (destruir la fama de alguien sin causa grave)
Cuando publicamos verdades sobre alguna persona que dañan su reputación sin causa grave, social. (Sabemos que nuestro vecino se emborracha en privado. No tenemos ningún derecho a anunciarlo al vecindario).
En caso de ser testigos de algo que afecta gravemente el bien social, debemos denunciarlo a la autoridad y olvidarnos del asunto.
(Los curas no pueden decir lo que saben por confesión ni para salvar miles de vidas).

Pecado de maledicencia: desprecio, la burla, la burla disfrazada de humor, como cuando Bergoglio le dice a un monaguillo piadoso con las manos unidas que si las tenía pegadas, y se las separa. (ver aquí).

Celo amargo: Ser inútilmente desagradable diciendo la verdad.

Chantaje emocional: como cuando dicen: “¡Ah!, ¿pero no lo sabes?”.

No perder el tiempo, hablando sobre cosas que no nos aportan nada bueno, viendo la tv, leyendo la prensa,...

Ni hacer perder el tiempo a los demás: conduciendo el auto lentamente porque estamos manejando el teléfono móvil, retardando el tiempo que nos está atendiendo alguien y hay gente esperando en cola detrás, llegar tarde a las citas, impedir o dificultar el paso a otros transeúntes,...

No comprar por internet lo que podemos comprar en la tienda de la esquina sólo por un poco más. Ver este otro artículo.

6º Mandamiento: No lujuria (no usar el cuerpo para darnos placer)

No estar con marido/mujer por placer, sino sólo de la forma que sirva para dar más gloria a Dios. (No control de natalidad de ningún tipo: ni natural ni artificial). No adulterio.
No comer por placer, sólo por hambre, por mantenernos en vida para poder seguir sirviendo a Dios.
No ir a parques de “atracciones”. No consentir los caprichos. No cambiar de teléfono móvil (celular) porque el nuevo trae este juego,... No jugar (de mayores) puramente por placer: juegos con el móvil.

7º Mandamiento: No robar (respetar la propiedad ajena)

Roban los que no cumplen diligentemente con su trabajo, los que exigen salario completo sin haber hecho el trabajo debido. El que engaña comprando o vendiendo. El que roba el tiempo a otro visitándole o llamándole por teléfono sin que el otro esté de acuerdo.
Robamos usando la tarjeta de crédito para pagar cuando con una mínima previsión podríamos hacerlo en metálico. Usando la tarjeta de crédito estamos creando dinero (que se destruye en cuanto nos cargan en la cuenta lo gastado con la tarjeta), pero en ese periodo de tiempo hemos creado dinero sin tener derecho a ello. Eso sólo debería hacerlo el banco central de cada país.
Roba el que abusa de su posición, aunque legalmente tenga todo el derecho:

8º Mandamiento: No mentir (respetar la verdad)

Ninguna doblez ni fingimiento. No mentir ni en broma. (Pueden hacerse chistes cuando no haya ninguna duda de que lo son, cuando todos los que los escuchan vayan a entender claramente su sentido, y que no son un insulto a nadie)
Alardear, “Farolear”, “darse bombo” es mentir (pues sólo hablamos de nuestros méritos y callamos nuestros defectos).
Palabras y obras sencillas (no engañar con lenguaje ambiguo).
"Aunque a veces es lícito ocultar la verdad, no lo es en el juicio". (No decir la verdad a quien no es justo que la sepa, que la información sólo sirva para avivar sus pecados -curiosidad,... que no le sirva para servir mejor a Dios.
No se puede decir todo lo que es verdad. (ver pecado de maledicencia en el 5º mandamiento).
No callar cuando debemos hablar. No encubrir a los hermanos frente a los padres en sus fechorías. No esconder, callar, a los padres lo que hacemos mal. No callar las críticas y reproducir las alabanzas.
Justificarse es mentir ("yo, pobre de mi: sólo he hecho lo que me dijeron; sólo he respondido al otro; me engañaron -como dice Eva a Dios- ; Eva me dio la manzana -como dice Adán a Dios- ; yo no sabía nada -pero casi toda la ignorancia es culpable)
Faltar a la palabra dada, cambiar de opinión. Especialmente grave si ese cambio afecta a otra gente, aunque nos amparen “todos los derechos”, por ejemplo, el derecho de devolver una mercancía que hemos comprado. Pues podemos hacerlo por haber cambiado de opinión, no porque la mercancía presente ningún desperfecto.

Casos concretos:

Pecan los que elogian maestros de malas doctrinas, prestan oído a las mentiras (y no los reprenden) o siembran discordia.
Hablar mal de la doctrina y predicadores (recordemos la situación actual de la Iglesia).
Los "peores de todos" son los que ocultan la verdad a los enfermos muy graves, apartándoles de la confesión.

9º y 10º Mandamientos: No codiciar los bienes ajenos ni codiciar placer sexual (mantener la pureza de nuestros pensamientos)

(estos pecados de pensamiento son más graves que sus homólogos materiales)

También se prohíbe apoderarnos justamente de algo por cuya posesión sabemos que el prójimo sufrirá algún daño.
(sólo debemos/podemos desear lo que es justo, lo que sirve para gloria de Dios. Todo lo que deseamos escuchando a nuestros enemigos es pecado, aunque lo podamos conseguir sin dañar a nadie.
Es justo querer comer cuando tenemos hambre, siempre que el cuerpo saciado lo usemos luego para servir y dar gloria a Dios.)

El mandamiento nuevo que nos dio Jesucristo (de la Nueva Alianza)

—«Este es mi mandato: que os améis los unos a los otros, como yo os he amado» (XV, 12; XV, 17).

—«Que todos sean uno, como tú, Padre, estás en mí, y yo en ti; que sean uno como nosotros lo somos: yo en ellos y tú en mí, de suerte que ellos también sean perfectamente uno» (J. XVII,20-23).

Esto es algo completamente inédito, «un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros». Lo que es nuevo es que el mandamiento se extiende a todos (según, naturalmente, las necesarias gradaciones) y que pide que en cada uno se vea al mismo Cristo: «Lo que hagáis al menor de mis hermanos, a mí me lo hacéis» (Mt. XXV, 40).

Sin este amor fraterno, no hay cristianismo auténtico : «En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os amáis los unos a los otros» (J., XIII, 35) Los principales textos de las Epístolas sobre la caridad fraterna son: Rom. XII, 10; XIII, 8, 10; Ef, IV, 2, 3; Tes. IV, 9; II Tes. I, 3; I P. IV, 18; I J. 11, 7-11; III, 10-16, 23; IV, 7, 11, 12, 16, 21.

Este sitio es cada vez más difícil de encontrar con los buscadores, por lo que se explica en este otro sitio. Si quiere volver a él, mejor que se acuerde de su nombre (ecomercado.es).

Si somos creyentes (nuestra vida está dedicada a Dios, sea cual sea nuestro estado), todas las penas que suframos (hasta las más pequeñas) y las dificultades que (con la gracia de Dios) superemos para continuar viviendo y sirviéndoLe, nos sirven para pagar por nuestros pecados y ganar más mérito para la vida eterna. ¡Gran alegría en cada una!

Estas páginas son apuntes que pueden contener errores de un servidor y se van mejorando con el tiempo y la gracia de Dios.

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