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Índice de temas religiosos
El (anti) papa Francisco trabaja para el Demonio

Qué es rezar, orar

Es hablar con el Cristo que llevamos dentro.

Es hablar con nuestro amigo perfecto.

No es hablar con nuestro ego, ni con uno de los otros demonietes que suelen tentarnos. Eso es "darle vueltas a las cosas", "estar obsesionado por",...
Es hablar con nuestro maestro interior (Cristo) que nos dice la verdad, aunque a nuestros demonietes no les guste oírla (lógico, pues son servidores del Diablo, que es “el señor de la mentira”).

Podemos rezar con nuestro Cristo, hablar con él, para las mismas cosas para las que hablaríamos con nuestro mejor amigo:

todo ello desde el estado de ánimo que estemos:

Como es nuestro mejor amigo, siempre le decimos lo que sea de la forma que sea, pero siempre sinceramente.

Como es nuestro mejor amigo, entiende que le hablemos a gritos, sollozos, desesperado,...

Podemos decirle lo que vamos pensando o podemos decirle oraciones (Padrenuestro, Ave María, etc.). Las oraciones tienen las ventajas de los ritos.

Lo mejor es estar contínuamente hablando con Él. Que en cualquier cosa que estemos haciendo se lo digamos, le digamos cómo nos sentimos y escuchemos lo que nos responde.

Tener recuerdo continuo de Él:

Otra forma de ver el rezar

El rezar es hacer algo, no es una veleidad como muchas de las cosas que hacemos en la vida: empezamos a leer un libro y si no nos gusta lo dejamos, damos un paseo y cuando nos cansamos volvemos. Rezar (cuando hacemos un rezo fijo, como el rosario), es algo que tiene un principio, desarrollo y fin. No es algo a dejar “cuando nos apetece”, “cuando nos cansamos”.

El “hacer cosas” tiene mucha más fuerza que “hacer cosas mientras nos apetece”. Por eso los votos son mucho más poderosos que acabar haciendo lo mismo pero sin un compromiso inicial.

Como dice el refrán: “Hacer cosas”, las obras, son amores y no las “buenas razones”.

Por otro lado, lo que hablamos, por su naturaleza efímera, temporal, es más difícil de saborear profundamente. En cambio, cualquier cosa que hacemos, hasta lo más simple: mirar una piedra, es fuente de infinitas inspiraciones. Por ello, el rezar un rezo fijo -el rosario o las oraciones fijas que recemos en los momentos del día, es fuente de inspiraciones. El rosario tiene la ventaja de su larga duración, que nos permite aislarnos mucho más del mundo que si el rezo es muy corto. La inspiración más evidente es que el rezo siempre es el mismo pero cada día lo rezamos diferente, nos sirve de espejo para darnos cuenta de cómo estamos.

Incorrecciones frecuentes

Hay unas incorrecciones frecuentes de cómo rezamos:

Sobre algunas incorrecciones frecuentes en las oraciones está este otro artículo.

Etapas en el rezar

Al principio rezamos penando, nos cuesta ponernos a rezar y rezar lo que nos hemos comprometido, sufrimos. No le encontramos sentido a rezar 50 veces lo mismo.

Podemos llegar a rezar con gozo. ¿Cómo no vamos a gozar diciendo: “Ave María, gratia plena, dominus tecum, benedicta tu in muliéribus, et benedictus fructus ventris tui, Jesus. Santa María, mater Dei”? Es normal no estar muy exultantes cuando acabamos el Avemaría con el “ora pro nobis nunc et in ora mortis nostrae, amen”, pero, la primera parte, ¿cómo no va a llenarnos de alegría si estamos reconociendo las divinas cualidades de nuestra santísima madre? Cuando llegamos ahí entendemos un poco qué es el cielo, donde no tendremos que rezar para pedir, pero si podremos seguir alabando a la Virgen, a Dios, etc.

Oración de petición

Sin la gracia (que Dios nos da) no podemos hacer nada.

Por ello, parte importante de las oraciones son peticiones. La gracia de Dios no sólo nos permite obrar, sino también el querer obrar.

Pedir es lo primero que hace un niño cuando necesita algo. Es una de las cosas que tenemos que hacer para cumplir lo que nos mandaron: hacernos como niños.

Tenemos que pedir por nosotros, por los demás, y pedir a los demás que recen por nosotros.

Tenemos que ir con mucho cuidado con lo que pedimos porque nos lo conceden a menudo.

Las cosas que pedimos que son invisibles, espirituales, que son desarrollo de nuestras facultades (tener menos orgullo, amar a tal persona, comprender más a nuestro hijo, etc.), nos las proporciona el Espíritu Santo.

Si pedimos cosas materiales, el proveedor puede ser el Diablo. (Ver por qué ocurren las cosas)

Evidentemente nunca debemos pedir el mal de otros, pues de entrada ya nos estamos perjudicando al hacerlo, haciéndonos 'mala sangre'. (A nuestro ego le encanta que nos perjudiquemos así).

Además el Diablo nos engañará descaradamente, de forma que, cuando le pidamos "quiero un auto", nos dará un auto pero... que será una fuente contínua de averías y disgustos.

A veces nos puede parecer que el Espíritu Santo es un bromista y, si le pedimos algo con algo de deseo material ("quiero que me libres de mi soledad", con el deseo escondido de que tenga forma de "marido" o de "esposa"), nos hará conseguir ese algo, pero de una forma diferente de la que esperábamos.

En este caso, podría librarnos de la soledad haciéndonos descubrir a Cristo en nuestro interior (con lo cual ya nunca tendremos soledad), pero como pago por nuestra insinceridad, nos enviará a un perro pulgoso o un gato sarnoso en vez del "marido" o "esposa" secretamente deseados.

O si le pedimos "una pareja con quien desarrollarnos espiritualmente" (pensando en un marido o una esposa), puede que haga que la "pareja" sea nuestro padre o madre ancianos que tengamos que cuidar y con los que verdaderamente mejoraremos nuestras facultades espirituales (paciencia, amor, comprensión, ...)

Si somos totalmente sinceros con las peticiones que hacemos al Espíritu Santo, pidiéndole sólo cosas invisibles, sin ninguna forma concreta, entonces no nos gastará ninguna broma.

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Es imprescindible pedir las cosas bien claramente:

No sirve decirle "quiero encontrar compañía"
Sino: quiero "amar a tal persona" (Recordemos que amar no es decir SI siempre y puede ser pegarle con un palo en un cierto momento -si está borracha e insiste en conducir el auto)

No seamos mezquinos pidiendo, pidamos lo mejor de lo mejor para nuestra alma.

Como no solemos saber pedir, por eso Jescucristo nos dió el Padrenuestro. Fijémonos que en él no pedimos salud, ni placeres, ni dinero, ni honores, ni conocimientos, ni fama, ni que nos evite el dolor, la lucha, el sufrimiento físico, las dificultades materiales,...

Cómo funciona esto del rezar

El rezar es un sacrificio que hacemos por Dios, que ofrecemos, dirigimos a Dios, muestra de nuestro amor por Él.

Podemos rezar dirigiéndonos a Dios directamente o por intermedio de otras personas (como la Virgen o los santos).

Rezar a Dios directamente o por intercesores

Dios Padre es como un rey. Es conveniente que nuestros regalos, o peticiones, no se las llevemos, se las entreguemos cuando a nosotros nos vaya bien. Eso es una falta de respeto. Es mejor dárselos a alguien que esté cerca de Él, que sepa cuándo y cómo es mejor presentárselos. Esa persona intermedia quizá envolverá con su perfume celestial a nuestro sucio e inmundo presente.

Somos Hijos de Dios Padre, hermanos de Cristo, y por ello podemos rezar como Él nos enseñó (con el Padrenuestro). Pero por lo explicado antes, también podemos dirigirnos a la Virgen que traslade a Dios nuestras peticiones: es lo que hacemos cuando en el Ave María decimos “ora pro nobis pecatoribus, nunc et in ora mortis nostrae”.

Quizá tampoco nos atrevemos a dirigirnos a la Virgen directamente, por ser tan importante, madre de Dios. Podemos entonces dirigir nuestras peticiones a San José, a San Juan Bautista, a cualquier otro santo, al santo de nuestro nombre, con quien tenemos una relación privilegiada o a los ángeles. Ellos recibirán nuestro mensaje que llevarán, por la mejor cadena de seres posibles, hasta Dios. (Ver más sobre la intercesión de la Virgen, de los santos y los ángeles en esta web de Aciprensa).

Quienes se benefician de nuestros rezos

Nos beneficiamos nosotros (pues la oración nos sirve como pago por nuestras pecados perdonados y como aumento de gracia en la vida eterna -si vamos al cielo).

Por la Comunión de los Santos se benefician el resto de cristianos que forman la Iglesia y no están en pecado mortal (y las benditas almas del purgatorio). Los cristianos en pecado mortal son ayudados a recobrar la gracia y vida que perdieron y perciben algunos frutos. Los apartados de la Iglesia, ya voluntariamente como herejes, cismáticos o apóstatas o los condenados por excomunión, no participan de estos beneficios mientras estén en ese estado. Los condenados están imposibilitados eternamente de recibir ningún beneficio de nadie.

Rezamos por todos los que pertenecemos a la Iglesia y por intenciones particulares.

En el Padrenuestro y el Ave María rezamos por todos los cristianos, por eso decimos “panem nostrum quotidianum da nobis hodie” (pan nuestro... dánosle hoy), “dimitte nobis debita nostra” (perdónanos nuestras deudas), “ora pro nobis” (ruega por nosotros), etc.

Las intenciones particulares son algo adicional a nuestra súplica por todos los cristianos.

Cuando decimos en el rezo del rosario “rosario que te ofrecemos (...) por los vivos y difuntos que sean de vuestro agrado y de nuestra mayor obligación” es un término medio entre declarar una intención particular y rezar por todos.

La importancia de quién reza

Tal como se explica en esta web de Aciprensa, ciertos santos pidieron y consiguieron, todavía en vida, la salvación de muchas almas.

Parece razonable creer que tienen más efecto los rezos de alguien más santo que los de otro menos santo o que reza con menos fervor. Es de esperar que los rezos de una monja de clausura, con su vida sacrificada a Dios son más oídos que los de pobres pecadores esclavizados por sus pasiones.

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