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Por qué nos ocurren las cosas

(este artículo va a sufrir una gran mejora quizá antes de Navidades de 2018)

En el mundo exterior, visible, material, hay cosas más previsibles que otras

Los científicos (después de muchos ensayos) pueden conseguir que algo funcione con un muy alto grado de certeza (muchos aviones vuelan cada día y no se caen) porque están hechos de material inanimado. Con plantas ya no es tan seguro predecir el resultado. Con animales menos y con hombres mucho menos.

En el mundo interior, la incertidumbre es una consecuencia del pecado original

Cuando nuestros primeros padres (Adán y Eva) estaban en el paraíso, veían con sus ojos a Dios, le oían y hablaban con Él. Desde que, por el pecado que cometieron fueron expulsados del paraíso, perdieron esa capacidad de ver a Dios, que es la Verdad, con la seguridad que dan los sentidos; y así, ya ni ellos, ni nosotros sus descendientes tenemos esa capacidad de ver claramente la Verdad mas que con los ojos de la fe, ojos que podemos tener más o menos abiertos.

Cómo orientarnos en la incertidumbre (externa o interna)

Cuando le ocurre algo a alguien: Los que mandan dirán que “ha sido un accidente” (como si eso fuera una explicación, en vez de decir: “no tenemos ni idea”). Los “Nueva era” (“New age”) dirán que lo ocurrido ha sido por el “karma” de la persona, consecuencia de “vidas pasadas”, o de un elfo, deva o gnomo que pasaba por allí. Los conspiranoicos que dirán que ha sido cosa de los extraterrestres o reptilianos. Los gnósticos dirán que la persona lo ha provocado porque estaba preparada para recibir ese aprendizaje.

La religión

“Todo sucede para bien de los que aman a Dios” (Rom, 8, 28)

La religión nos da la respuesta verdadera, aunque no todo lo clara que querríamos.

Nos dice que todo lo que ocurre es porque Dios lo ha querido o le ha permitido hacer a Satanás para nuestro bien.

Nuestro bien puede ser:

- El pago de la pena por los pecados cometidos y perdonados (Dios nos perdona la culpa, pero no la pena, que debemos pagar aquí o en el purgatorio).(Ver este artículo en otra web).

- Una pena / dificultad / cruz que nos envía para purificarnos (pobre del que, de vez en cuando, no recibe de Dios una gran cruz, pues según S. Luis-María Grignion de Montfort quiere decir que Dios no se ocupa de él, que le tiene “dado por imposible”). Y nunca nos envía pruebas que, con la ayuda de su gracia, no podamos superar. Superar no quiere decir que su gracia nos va a pagar la factura que nos acaba de llegar, sino que con su gracia vamos a llevar con alegría esa cruz que nos llega y así vamos a convertirla en pago de la pena que debemos por nuestros pecados pasados (satisfacción) y en mérito para el cielo.

Nuestros pecados inventan o deforman los hechos

Ojo, a menudo las penas / dificultades / cruces son puros inventos de nuestros pecados. El monje glotón dirá: “qué cruz me envía Dios de tenerme que sentar siempre junto a este otro que come tanto”, el que le gusta correr demasiado con el auto dirá: “qué cruz que todos los otros vehículos van siempre tan lentos”. La oveja dirá: “¿por qué Dios permite que el perro del pastor me muerda hasta que entre en el redil?”. La ignorancia de la oveja no es culpable, pero nosotros muchas veces si tenemos ignorancia culpable que nos hace no comprender correctamente lo que nos pasa.

Castigo es lo mismo que prueba

Llamamos castigo a las penas que nos llegan por hechos que sabemos que hicimos mal, y llamamos purificación a la pena que vemos todavía como una prueba a superar porque no vemos todavía lo que tenemos que aprender, no vemos todavía lo que estamos haciendo mal; pero es lo mismo “castigo” que “prueba a superar”: algo que nos envía o permite Dios para mejorar.

La paciencia de Dios

Dios tiene paciencia infinita y nos colocará tantos árboles en el camino para que nos estrellemos contra ellos como veces sea necesario hasta que aprendamos que no debemos conducir tan alocadamente. En vez de quejarnos “otra vez han puesto un árbol en mi camino”, hemos de dar gracias a Dios por su paciencia con nosotros.

No hemos de dar nada “por descontado”

Ni una hoja seca cae de un árbol sin que sea voluntad de Dios. Dios tiene contados nuestros cabellos. Cada vez que damos al interruptor de la luz y ésta se enciende, es porque Dios ha querido. Cada segundo que tenemos más de vida, es porque Dios ha querido.

San Francisco de Asís nos da un ejemplo de equivocación al interpretar la causa de las cosas y predicar a los demás pero no vivir conforme a ello (ver cita aquí).

En lo que nos ocurre internamente, incluso el “querer algo bueno” nos viene de inspiración divina

“Dios es quien obra en vosotros tanto el querer como el hacer según su beneplácito” Filipenses 2:13.

Es decir, Dios libremente nos hace querer algo y Dios libremente nos mantiene en vida para poder hacerlo. Sin ningún mérito que nosotros podamos haber ganado antes que fuerce la voluntad de Dios. En nuestras manos no está el nacimiento del “querer algo”, sólo somos libres de cumplirlo o no (con las fuerzas que nos da Dios).

“No que seamos suficientes en nosotros mismos para pensar algo, como de nosotros, sino que nuestra suficiencia viene de Dios” 2 Corintios 3:5.

“Respondió Juan y dijo: Un hombre no puede recibir nada si no le es dado del cielo.” Juan 3:27

“Y hay diversidad de operaciones, pero es el mismo Dios el que hace todas las cosas en todos.” 1 Corintios 12:6

“Sin mí, nada podéis hacer”.

Podemos conocer el origen de algunos hechos

No tenemos certeza absoluta de qué quiere Dios que hagamos en cada momento ni tenemos certeza absoluta de quién nos envía las cosas (si Él o el diablo).

Esto es así en las cosas materiales que nos ocurren (nos clavamos una espina, nos pisa alguien, nos toca la lotería,...). Podemos recibir del Demonio, para tentarnos, para hacernos caer en el mal, en el pecado, cosas que consideramos bienes (que nos toque la lotería), y podemos recibir de Dios grandes bendiciones que consideramos males (que nos duela la cabeza). (Hamer nos ayuda a ver esos casos de enfermedades que sólo son síntomas de curación, síntomas de que el cuerpo está recuperándose de una época de trabajo anterior, de que el cuerpo está funcionando como debe).

En las cosas inmateriales que nos ocurren, cuando algo “nos viene a la cabeza”, la cosa es más sencilla: si ese “algo” nos lleva a ser mejores creyentes, pues viene de Dios; y si no, pues viene del Demonio (ver página “cómo nos tienta el Diablo”)

Para ver qué hacer con “las penas de la vida”, ver este otro artículo.

Si somos creyentes (nuestra vida está dedicada a Dios, sea cual sea nuestro estado), todas las penas que suframos (hasta las más pequeñas) y las dificultades que (con la gracia de Dios) superemos para continuar viviendo y sirviéndoLe, nos sirven para pagar por nuestros pecados y ganar más mérito para la vida eterna. ¡Gran alegría en cada una!
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