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Índice de temas religiosos
Francisco es un anti-papa (trabaja para el Demonio)

Por qué nos ocurren las cosas

Resumen

(Esto es en general, luego aclaramos excepciones)

Exponemos lo siguiente en base al sentido común y a lo que siempre ha enseñado la Iglesia.

La utilidad más importante de estudiar esto no es evitar que nos vuelvan a ocurrir desgracias, sino descubrir los pecados por los que frecuentemente nos llegan.

Índice

El mundo y nosotros

Cómo es el mundo y qué leyes rigen cada aspecto

Necesidad de estudiar y observar

Observar bien para aprender y luego aplicar

Leyes de la psicología y de la religión

Antes de quejarnos de nuestra mala suerte

A menudo confundimos el bien y el mal

Tipos de hechos por su frecuencia

¿Qué hacemos con las señales?

Leyendo hechos lejanos

Cosas externas: castigo o prueba

Cosas internas: consolación o desolación

Función de los castigos y pruebas

Qué es un castigo y sus características

Castigo durante varias generaciones

Los castigos del Señor no son siempre “lógicos”, “previsibles”:

Discerniendo entre castigos y pruebas

Casos claros

Si nos pasan las cosas repetidamente (ampliación de lo dicho antes)

El mundo se rige por leyes (ampliación de lo dicho antes)

Las leyes tienen niveles (ampliación de lo dicho antes)

Grado de certeza que podemos alcanzar en cada aspecto de la realidad

Deformamos la realidad

A menudo, es que ni la vemos

Nuestros pecados nos deforman la visión de la realidad

Confundimos el bien y el mal

Cómo dejar de deformar nuestra visión del mundo

Qué cosas nos ocurrirán

Con qué intensidad nos ocurrirán

Cómo convertir las penas en alegrías

Los problemas nos llegan gradualmente

Tanto lo que deseamos como lo que tememos

Salvedades

El mundo y nosotros

El mundo sigue unas leyes

Sólo nuestra voluntad no está regida por leyes (porque aunque tengamos muchas prisiones e influencias somos libres interiormente -excepto en los casos de envenenamiento o enajenación, que nos atenúan o eximen de culpa).

Llamamos hechos azarosos a los que no sabemos por qué ocurren, no porque escapen a las leyes.

La ley nos dice qué causa produce qué consecuencia:

Aquí vamos a avanzar en el conocimiento de leyes difíciles de aprender porque escapan a nuestros sentidos: porque las causas o efectos son invisibles o porque ha pasado tanto tiempo de la causa que la hemos olvidado cuando nos llega el efecto.

Nos conviene estudiar las leyes para no aprenderlas a base de averías, multas y accidentes.

Cuando repetidamente nos pasa algo (suspendemos un examen) es por algo.

Consecuencias

Hay muchos motivos detrás de cada hecho

El mundo está lleno. No hay ningún sitio vacío que pueda ocupar alguien sin desalojar antes a otros. Es decir, no aparece una rosa en medio de la selva del Amazonas “por azar”, por “accidente”. Alguien tiene que haber desbrozado el terreno, plantado un rosal, protegerlo con varias barreras para todo tamaño de bichos, vigilarlo, cuidarlo y esperar que brote la primera flor.

No hay actos sin consecuencias

Todo lo que nos pasa es por algo y todo lo que hacemos tiene consecuencias. Mientras estamos amando a alguien, estamos dejando de amar al resto del mundo. De toda acción que no es perfecta recibiremos el justo castigo por sus aspectos imperfectos. Acción perfecta es aquélla que tiene equilibrados los tres aspectos: acción, amor, inteligencia (acción adecuada, intención amorosa, acción inteligente).

Todo está conectado con todo

En mayor o menor medida, todos somos responsables de lo que ocurre. Ciertamente que cuando hay un accidente de auto, probablemente tendrá mucha culpa el conductor (quizá se ha dormido), pero también su entorno cercano que quizá le ha presionado para conducir en esas condiciones, etc.

El Hoponopono (el verdadero), el hansei (en Japón), y otros, son ritos de confesión comunitaria donde cada uno dice cómo cree que puede haber colaborado en lo ocurrido. Al revés de lo que hacen algunos, que buscan un “chivo expiatorio”, alguien a quien echarle toda la culpa de todo lo malo que ocurre y quedarse ellos 100% inocentes.

Que todo está conectado lo sabe bien la gente que ha perdido su trabajo porque ahora tiene competencia de productos hechos en el otro extremo del mundo.

Nuestros pecados nos deforman nuestra visión del mundo

El mundo tiene un orden, unas leyes, una verdad (la realidad). Todos nuestros pecados alteran la mirada fiel a la realidad y suponemos cosas según ellos (tanto materiales como intenciones de los demás).

Obediencia o conocimiento

Cuando somos niños, nuestros padres nos mandan no meter los dedos en los enchufes, por que no tenemos uso de razón, no podemos aprender las leyes de la electricidad. Y podemos “portarnos bien” y no ser castigados “por las buenas”, creyendo y obedeciendo lo que nos dicen “los mayores”, o “por las malas”, a base de malas experiencias (calambrazos).

De mayores, habiendo aprendido, haciéndonos electricistas, aprendemos que la ley de la electricidad es cierta, se cumple siempre, y tenemos libertad para montar y desmontar enchufes y estar todo el día con ellos sin que nos pase nada, porque “hemos hecho nuestra la ley” (de la electricidad), nos “hemos hecho uno con ella”.

Dios, conocedor de nuestra debilidad, nos dio los diez mandamientos (y luego el mandamiento de amar a los demás como Él nos amó), para enseñarnos ciertas leyes importantes que rigen el mundo y no tener que sufrir las consecuencias sin saber por qué. Para librarnos de las malas consecuencias, de pequeños sólo podemos obedecerlas, de mayores tenemos 3 opciones:

  1. cumplirlas por obediencia,

  2. cumplirlas por comprenderlas (por la razón),

  3. cumplirlas por conocerlas (por la fe).


Consecuencia

Cumplimiento de la ley

por obediencia

No castigo

por comprenderla (por la razón)

por conocerla (por la fe)

Infracción de la ley

Castigo, pago de las consecuencias



La obediencia, en su sentido estricto, es cuando hacemos lo que nos mandan sin recibir explicaciones. Si nos convencen de lo que nos están mandando, entonces no obedecemos nada.

Sobre otras formas de conocer, ver el apartado “Salvedades”.

Siguiendo Su voluntad

Lo que hablamos a continuación, en el fondo no son más que explicaciones de la ley de Dios. Si la “hacemos nuestra”, estamos “haciéndonos uno con Jesucristo”, que es una de las formas de expresar nuestra misión en la vida.

Causa

Consecuencia

Voluntad de Dios

directa

recibimos un bien

da permiso al Demonio para que nos castigue o tiente

(ver este artículo: tentaciones del Demonio)

recibimos un castigo o prueba

Nuestra voluntad

coincidente con la de Dios

obramos bien

diferente, contraria a la de Dios

obramos mal (pecado)

Hemos de llegar a aunar nuestra voluntad con la de Dios (por eso pedimos cada día: “hágase tu voluntad”), hasta el punto de amar tanto los consuelos como las dificultades, pues todo lo que ha pasado ha sido voluntad de Dios (“ni una hoja se mueve sin Su voluntad”). Dios también ha permitido que el otro peque y nos dañe.

Cómo es el mundo y qué leyes rigen cada aspecto

Hay dos mundos, el exterior y el de nuestro interior.

(Los demás también tienen su mundo interior pero mientras no lo manifiesten exteriormente, somos incapaces de estar seguros de lo que tienen en él, porque no leemos el pensamiento, sólo podemos suponerlo en base a sus actos externos, materiales: reír, cantar, hablar,...).

El mundo exterior se rige por las leyes de la física, química, matemáticas, biología, astronomía, etc.

Todo ello en cuanto el aspecto material, pero también hay un aspecto inmaterial, invisible, espiritual. Sobre ese aspecto son la psicología y la religión las que nos explican las reglas.


causa

Quien nos explica sus leyes

Grado de certeza

mundo exterior ( incluye nuestro cuerpo )

material (visible o invisible, como el viento o la electricidad)

física, química, matemáticas, biología, astronomía, quiromancia, fisiognomía, medicina, etc.

según la experiencia y la razón.

espiritual (ángeles, demonios, Dios)

religión

según la fe.

mundo interior

espiritual (nuestra voluntad, entendimiento, ángeles y Dios)

psicología

según la experiencia y la razón

religión

según la fe.

(Mundo exterior es el que nos rodea y nuestro propio cuerpo incluidas sus percepciones. Mundo interior es nuestra alma, con inteligencia y voluntad, donde no puede entrar a leer ni a escribir ningún demonio).

(La astrología cuando no se limita a decir tendencias sino que habla de predicciones, el ocultismo, brujería,... no son ciencias que investiguen leyes, sino tratos con el Demonio).

Jerarquía de leyes

Como decíamos en este otro artículo, hablando de las leyes de las relaciones familiares, entre las leyes hay una jerarquía, en cada caso concreto hay unas leyes más importantes que otras, que afectan más al resultado que otras. Para la felicidad de nuestros hijos importa la calidad de su alimentación, pero importa mucho más los ejemplos de amor que vean en nosotros, sus padres. Y por encima todavía del amor al marido / esposa, debemos amar a Dios.

Un error común es ocuparnos de detalles y olvidar lo importante. Cumplir leyes inferiores e incumplir las superiores. Ocuparnos de traerle flores a nuestra mujer y gastarnos el salario en vicios.

Antes había profesionales para ayudarnos a discernir

Los abogados están para recordarnos las leyes, ayudarnos a interpretarlas, aconsejarnos,... antes, respecto lo que tratamos aquí, ese mismo trabajo lo hacían los curas. Ahora, que la Iglesia verdadera está prácticamente eclipsada al 100% es casi imposible encontrar un cura verdadero que nos aconseje, estamos solos como ovejas sin pastor y hemos de aprender por nuestra cuenta (y tener cuidado de los malos consejeros, como un servidor, y evitar los consejeros del Demonio).

Necesidad de estudiar y observar

Cuanto más aprendamos y sepamos observar bien, menos aprenderemos “a palos”.

No siempre tenemos consejeros a quien preguntar ni podemos preguntarles a cada paso, hemos de ser bastante autónomos.

Si sabemos de electricidad veremos la explicación eléctrica a un hecho inusual, y no lo consideraremos como un posible hecho divino (milagro). (Ver el caso 4 de este artículo que habla de los milagros).

Sobre todo lo más importante: la ley de Dios

Si conocemos la ley de Dios reconoceremos las tentaciones graves. El primer deber de todo creyente es conocer la doctrina. “Faltan gravemente los que descuidan aprenderla”. Catecismo Mayor de S. Pío X.

Si no dominamos los conceptos básicos de la religión: mérito, satisfacción, culpa, pena temporal, etc. somos como niños o locos que no saben lo que hacen ni las consecuencias de sus actos. Somos como adultos que no supieran que el fuego quema.

Conocer bien para no perder detalles importantes

Estudiando aprendemos, por ejemplo, que todo lo que hagamos por los demás a disgusto pierde su valor como satisfacción, expiación, pago por nuestros pecados, aunque mantiene su valor meritorio, de aumento de gracia. Todas las penas que suframos a disgusto pierden su valor como satisfacción, por ello es muy importante saber qué hacer con las dificultades diarias, las cruces, las penas. O ver el artículo: qué hacer con las penas de la vida.

No conformarnos con respuestas que no son respuestas

Cuando le ocurre algo a alguien: Los que mandan dirán que “ha sido un accidente” (como si eso fuera una explicación, en vez de decir: “no tenemos ni idea”).

Hay otros, en cambio, los “Nueva era” (“New age”) dirán que lo ocurrido ha sido por el “karma” de la persona, consecuencia de “vidas pasadas”, o de un elfo, deva, gnomo o extraterrestre que pasaba por allí, o que “la persona lo ha provocado” porque estaba preparada para recibir ese aprendizaje.

Con los primeros cualquiera puede intentar hablar para estudiar y prevenir posibles causas del accidente, con los segundos es necesario que Ud. sepa leer karma, ver gnomos, devas, elfos, comunicarse con extraterrestres o saber leer con certeza el pensamiento de la víctima del accidente. Estos segundos apelan a los extraterrestres sólo cuando les conviene: si Ud. vende un aparato a los segundos y se estropea a los dos días, le exigirán que se lo repare gratis, no aceptarán que Ud. les diga que lo han provocado ellos por su mal “karma” y que por eso deben pagar ellos la reparación.

Ser mínimamente coherentes

Los “New Age” se hacen su dios a su medida. Cuando las cosas "les van bien" dicen "cada uno creamos nuestra realidad", y sólo se acuerdan de Dios en las desdichas. Cuando compran una gran casa dicen “¡qué bueno soy!”, luego, cuando llegan los pagos de la hipoteca, dicen “¡qué sufrimiento me envía Dios!”.

Aprender en cada momento

“El sabio aprende de los errores de los demás, el necio ni de los suyos”.

Hemos de aprovechar cada momento para aprender, “leer los acontecimientos” en todo, tanto de lo que nos ocurre a nosotros como a los demás:

porque:

vemos más fácilmente claramente en lo que les ocurre a los demás cosas que nos cuesta ver en nosotros pero que también tenemos.

No sólo conocer, también amar

Para convertirnos en Jesucristo hemos de actuar como tal, pensar como tal y amar como tal. Si no ponemos el corazón, no podemos avanzar hacia la perfección. (Ojo, salvedades)

Y, ¿cómo vamos a amar lo que no conocemos?, ¿qué amor va ser el nuestro si no queremos conocer lo que amamos? “El que ama, dice Santo Tomás, no se contenta con un conocimiento superficial del amado, sino que se esfuerza por conocer cada una de las cosas que le pertenecen intrínsecamente”, “Cuanto más clara y plenamente se conoce el bien, más intensamente se le quiere y se le ama” Divinum illud munus, de León XIII, 9/5/1897.

Sobre la importancia de aprender, pueden ver también este artículo sobre cómo formamos y desarrollamos nuestro pensamiento.

Observar bien para aprender y luego aplicar

(Ver también luego la tabla que describe las formas como deformamos la realidad)


Cómo acabamos

La realidad

Nos dicen mentiras

Nos las creemos

Equivocados: “las moscas son peces”.

No nos las creemos

En la verdad: “es falso que las moscas son peces”.

Vemos bien la realidad

En la verdad (“hay una mosca”, “no hay una mosca”).

Vemos la realidad deformada por nuestros pecados (desde la deformación más simple a fobias, supersticiones, celos, delirios, alucinaciones, ...) (Incluidos complejos de inferioridad)

Equivocados

“ellos son torpes” cuando yo voy con prisa.

“la culpa ha sido mía” cuando realmente actuamos correctamente.

Vemos la realidad deformada por intervención diabólica

Equivocados o no según sepamos discernir.

La realidad y lo que no

Aparte de las mentiras que nos cuentan, que podemos creer o no, a la hora de actuar (vivir), antes de aplicar las leyes del mundo, hemos de discernir si lo que nos está pasando es algo real, que existe, o es algo que no existe, que es una fantasía o una mentira. Es decir, antes de agarrar el matamoscas y ponernos a dar golpes, hemos de decidir si hay realmente una mosca que nos molesta o lo estoy soñando o teniendo visiones. Esto es bastante evidente en el caso de la mosca, pero no es nada evidente cuando tratamos con realidades invisibles.

Frecuentemente (¿siempre?), nuestros errores (equivocarnos en una suma, tener alucinaciones,...), son consecuencia de nuestros pecados. Pocas veces es por ignorancia invencible, inocente.

Atención a los matices

Incluso en el caso de lo material, visible, el Demonio también juega con los matices para dañarnos o engañarnos. Es decir, por ejemplo, hará estatuas que deformen, que no representen la realidad que dicen representar, como el busto de un personaje hecho más feo de lo que era en realidad. El Demonio usa mucho los matices porque así sus mentiras (en los mensajes) / daños (en las formas de los objetos) pasan desapercibidos a la gente menos sensible o que no tiene tiempo de mirar las cosas. (Ver artículo: cómo nos daña la fealdad)

Nuestros pecados inventan o deforman los hechos

Ojo, a menudo las penas / dificultades / cruces son puros inventos de nuestros pecados. El monje glotón dirá: “qué cruz me envía Dios de tenerme que sentar siempre junto a este otro que come tanto”, el que le gusta correr demasiado con el auto dirá: “qué cruz que todos los otros vehículos van siempre tan lentos”. La oveja dirá: “¿por qué Dios permite que el perro del pastor me muerda hasta que entre en el redil?”. La ignorancia de la oveja no es culpable, pero nosotros muchas veces sí tenemos ignorancia culpable que nos hace no comprender correctamente lo que nos pasa.

Los psicólogos llaman “proyección” al mecanismo psicológico por el que deformamos el mundo. Los demás van despacio porque yo tengo prisa, “piensa el ladrón que todos son de su misma condición”, etc.

La carencia de los dones del Espíritu Santo (por estar en pecado mortal) conlleva mucho mirar y no ver, estudiar y no entender. El orgullo, la ira, nos ciegan literalmente.

No hemos de dar nada “por descontado”

San Francisco de Asís nos da un ejemplo de equivocación al interpretar la causa de las cosas y predicar a los demás pero no vivir conforme a ello (ver cita aquí).

Leyes de la psicología y de la religión

La religión nos da siempre la respuesta verdadera, aunque no todo lo clara que querríamos.

Antes de quejarnos de nuestra mala suerte

Hemos de recordar que quejarse, muy a menudo es pecado. (Más sobre lo pecaminoso que es quejarse en otra web).

Porque todo lo que ocurre es porque Dios lo ha querido o le ha permitido hacer a Satanás para nuestro bien. “Todo sucede para bien de los que aman a Dios” (Rom, 8, 28).

Por tanto es pecado ocuparnos en exceso en curarnos:

"Ruego encarecidamente a mis hermanos que en sus enfermedades no se turben ni se alteren contra Dios ni contra los frailes, ni sean muy cuidadosos de proporcionarse medicinas, ni deseen con ansia excesiva curar esta carne, (...) antes bien, en todo tiempo y ocasión den gracias al Señor y no deseen estar de otro modo que de aquel que el mismo Señor quiera, pues a cuantos Él predestinó para la vida eterna suele probarlos en este mundo en el crisol de los trabajos y de las enfermedades” S. Francisco de Asís.

A menudo confundimos el bien y el mal

Nunca estamos seguros de lo que es bueno o malo para nosotros. Muchas veces, tiempo después de recibir “una desgracia”, vemos que, gracias a ella hemos alcanzado algo que antes ni soñábamos, porque quizá no sabíamos que existía o nos habíamos olvidado de ello. Servidor ha hablado con gente que ha sufrido graves accidentes con graves consecuencias que se sienten felices como nunca. Y viceversa, ¡cuántas herencias han enviciado a muchos herederos!

Tipos de hechos por su frecuencia

Los cotidianos

Habitualmente, no los vemos porque estamos acostumbrados a ellos. Sólo cuando hacemos exámenes de conciencia cuidadosos (o vamos al psicólogo / psiquiatra, que hace actualmente las funciones que antes hacía el cura.

A veces nos comportamos igual aunque las circunstancias cambien, y recordamos a nuestros hijos, ya con 50 años, que se abriguen para que no se enfríen.

Los extraordinarios: graves accidentes, enfermedades, contratiempos graves,...

La mayoría (no todos, ver más adelante) son la consecuencia de nuestros pecados cotidianos, cuando por la repetición llegan a ser muy graves.

"El hombre que ha pecado contra quien lo creó, caerá en las manos del médico" (Eclesiástico, 38, 15).

Los pequeños accidentes: las “señales”.

Ver más adelante qué hacer con ellas.

No citamos en este artículo

No hablamos aquí porque son muy raras, escasas:

Todo dolor que recibimos con resignación o con alegría nos sirve de “satisfacción” (pago de las penas que debemos a Dios por nuestros pecados ya perdonados), y como mérito para el cielo. También nos pueden servir para fortalecer nuestras virtudes. (Ver el artículo en otra web sobre el uso de las penas de la vida como satisfacción).

Vamos a ver primero las cosas externas que nos ocurren y luego las que ocurren en nuestro interior.

¿Qué hacemos con las señales?

Aparte de los grandes hechos que padecemos de vez en cuando en la vida, aparte de las contrariedades cotidianas que son creación de nuestros pecados (como decíamos en el apartado Observar bien...), con cierta frecuencia sufrimos “pequeños accidentes”, pequeñas pérdidas, pequeños olvidos,... ¿cómo leerlos para saber su causa, lo que nos están diciendo?

Hay algunos que son evidentes, como cuando vamos demasiado deprisa y pisamos o chocamos con la gente.

Realmente, podemos intentar leer todo hecho cotidiano. Los hechos previstos nos dicen que las cosas van según nuestros deseos, planes, hábitos (lo cual no quiere decir que sean buenos, claro). Los hechos imprevistos parecen avisarnos de novedades (todo pequeño) o pueden ser el anuncio inicial de grandes desastres, como las pequeñas grietas que aparecen en un puente antes de caerse.

Las más diversas ciencias pueden ayudarnos en esta tarea. También los refranes populares o saber ancestral nos pueden sugerir qué quiere decir que me de un golpe en la cabeza.

Cuando hemos olvidado algo y nos lo reprochamos, solemos golpearnos la cabeza al tiempo que decimos: “¡lo olvidé!”. ¿No nos estaremos olvidando de algo importante cuando en un accidente, mayor o menor, nos golpeamos la cabeza?

Ciertamente que las anteriores no serán válidas como pruebas delante de ningún tribunal, pero quizá nos sirvan para abrir los ojos a algo que antes no veíamos, y digamos: “¡claro que sí!”.

Los descubrimientos del Dr. Hamer, aparte de explicarnos el origen emocional de muchas enfermedades, también pueden aplicarse a los accidentes. Él habla de cáncer de páncreas cuando alguien mantiene una lucha (de tal tipo). Quizá los accidentes en los que nos dañamos el páncreas indiquen lo mismo. El Dr. Hamer, en su libro “Tabla científica de la NMG”, da una correlación de tipo de desvalorización y hueso que se descalcifica. Quizá también nos sirve para cuando tenemos un accidente y nos golpeamos, erosionamos, quemamos, en o cerca de ese hueso.

(Cierto que estas correlaciones no son tan seguras como las que estableció entre las imágenes en los TAC y las enfermedades, porque éstas tratan temas visibles y las primeras, no. Suponemos las obtuvo por encuesta al paciente y puede haber muchos errores de comunicación)

¿Qué es lo que el accidente / enfermedad nos impide hacer? ¿No será eso justamente lo que estábamos haciendo en exceso?

Leyendo hechos lejanos

A veces ocurren hechos inusuales que parece que tengan un sentido claro: estatuas de nuestra Santísima Madre que son respetadas por incendios que las rodean, inundaciones que impiden profanaciones en sitios sagrados,... pero hemos de ir con mucho cuidado, pues el Demonio es el maestro de la mentira y, los que mandan, buenos seguidores suyos, son capaces de los más inverosímiles fenómenos, de los más espectaculares “efectos especiales”.

Cosas externas: castigo o prueba

Podemos recibir dos tipos de hechos:

  1. (Justo) castigo por nuestros pecados: no estudio y suspendo, conduzco ebrio y me multan. Una consecuencia, aplicación de la estricta justicia, por algo que hemos hecho antes.

También podemos recibir un castigo como pago de la pena por los pecados cometidos y perdonados (Dios nos perdona la culpa, pero no la pena, que debemos pagar aquí o en el purgatorio). Dios nos deja una bicicleta y se la rompemos. Nos puede perdonar y olvidarse de lo que hicimos, pero hemos de reparar la bicicleta (castigo).

  1. Una prueba, dificultad, cruz que Dios nos envía o permite para purificarnos, para ayudarnos a perfeccionarnos espiritualmente. Nos llegan sin que hayamos hecho nada malo, como la ceguera a Tobías o la enfermedad al santo Job.

Pobre del que, de vez en cuando, no recibe de Dios una gran cruz, pues según S. Luis-María Grignion de Montfort quiere decir que Dios no se ocupa de él, que le tiene “dado por imposible”. Y nunca nos envía pruebas que, con la ayuda de su gracia, no podamos superar. Superar no quiere decir que su gracia nos va a pagar la factura que nos acaba de llegar, sino que con su gracia vamos a convertirla en los beneficios citados antes.

Ejemplos: nos suben los impuestos... tipo 2 (no es culpa directa mía). No estudio y suspendo... tipo 1 (pues es culpa directa mía).

Cosas internas

Dios es la fuente de toda “buena inspiración”

“Dios es quien obra en vosotros tanto el querer como el hacer según su beneplácito” Filipenses 2:13.

Es decir, Dios libremente nos hace querer algo y Dios libremente nos mantiene en vida para poder hacerlo. Sin ningún mérito que nosotros podamos haber ganado antes que fuerce la voluntad de Dios. En nuestras manos no está el nacimiento del “querer algo”, sólo somos libres de cumplirlo o no (con las fuerzas que nos da Dios).

“No que seamos suficientes en nosotros mismos para pensar algo, como de nosotros, sino que nuestra suficiencia viene de Dios” 2 Corintios 3:5.

“Respondió Juan y dijo: Un hombre no puede recibir nada si no le es dado del cielo.” Juan 3:27

“Y hay diversidad de operaciones, pero es el mismo Dios el que hace todas las cosas en todos.” 1 Corintios 12:6

“Sin mí, nada podéis hacer”.

Dios nos envía consuelos o desconsuelos

Que hemos de recibir con el mismo ánimo, pues ambos son voluntad de Dios, igual que si el tiempo está claro o hay nubes.

Tentaciones del Diablo (o sus secuaces, nuestros demonios habituales)

El Diablo no puede forzarnos a nada, ni leer nuestro pensamiento, ni escribir inspiraciones en él (como sí pueden hacer nuestro ángel de la guarda, por órdenes de Dios). El Diablo puede alterarnos todo el cuerpo y nuestras percepciones, incluso traernos algo a la imaginación, pero nada más.

A veces el demonio tienta con un bien aparente para que no trabajemos por el bien que quiere Dios. El bien con el que nos tienta puede incluso parecer más importante, mayor, que el bien que quiere Dios. Todos los demonios que nos tientan habitualmente, nuestros pecados habituales apoyarán la “buena” inspiración del demonio. A nosotros nos toca identificarlos y hacer que se callen: tú, demonio ambición, cállate; tu, demonio envidia, apártate, etc. (ver página “cómo nos tienta el Diablo”).

Función de los castigos y pruebas

Dios nos corrige de dos maneras. Para mover a un burro (nosotros), hay dos métodos:

  1. El palo

  2. La zanahoria

Igualmente, para ayudarnos a avanzar hacia Él, Dios nos envía castigos (palo) o nos pone dificultades delante (una bonita la zanahoria que tenemos que esforzarnos para alcanzar -prueba).

Qué es un castigo y sus características

Llamamos castigo a las penas, desgracias, cruces, que nos llegan por pecados que cometimos.

La cruz es “la Santa Cruz”, como decimos al signarnos (y al persignarnos). Si no lo vemos así, desconocemos lo fundamental de la religión.

castigo durante varias generaciones

«La culpa del padre esa, dice, que no se traspasara en el hijo, ni la del hijo en el padre. Pero cuanto a la pena , suele Dios castigar a unos por los pecados de otros. Y así por ventura por mis pecados y por los vuestros castigará Dios a toda la casa y a toda la religión (a todos los religiosos).” Tratado de conformidad con la voluntad de Dios, p.225

La culpa de los pecados de los padres no se transmite a las generaciones descendientes pero sí la pena por esos pecados, tantas generaciones cuanto más grave fuera la falta (pagamos la pena del pecado original todas las generaciones por el pecado de nuestros primeros padres).

Los castigos del Señor no son siempre “lógicos”, “previsibles”

Normalmente:

Los pecados de los reyes (cuando los había) eran pagados por toda su nación; cada uno paga por sus pecados; ciertos pecados (no amar a los padres o ser maldecidos por ellos) conllevan castigo ya en esta vida;...

Pero:

- A veces por los pecados de uno (sin ningún cargo) castiga a otros muchos.

- A veces uno inocente recibe el castigo de los pecados de los demás (un conductor bebido mata a otro que conducía correctamente).

- A veces la virtud de uno refrena el castigo a otros muchos.

- A veces los muy pecadores no reciben ningún castigo en vida.

- A veces unos predican y otros (que no predican, que no salen de su celda) son los que realmente producen las conversiones, como explica S. Francisco de Asís (en esta cita).

Discerniendo entre castigos, pruebas y simples reacciones

Ante un hecho, para averiguar su causa, hemos de:

  1. Estudiar hasta conocer en detalle lo que ha pasado.

  2. Pedir consejo a expertos sobre el tema.

  3. Pedir iluminación al Espíritu Santo y recordemos que durante la oración se consiguen muchas gracias (quizá una buena inspiración).

  4. Hacer penitencia (especialmente la primera parte: examen de conciencia, explicado en otro artículo).

  5. Tener en cuenta lo que decimos a continuación.

Dado que somos pecadores, lo más probable es que todo nos ocurra como castigo o simple reacción a algo que hicimos, pero por si hay algún lector optimista, vamos a dar también los criterios para identificar las pruebas.

A veces lo que nos ocurre es una simple reacción a lo que hicimos: aparcamos mal y nos ponen una multa, golpeo mal un clavo y lo tuerzo. A veces vemos fácilmente la causa, como en los ejemplos citados y otras veces nos cuesta más, por ejemplo, en las enfermedades. Todo lo que se habla ahora de "el origen emocional de las enfermedades", que principalmente son divulgaciones de los descubrimientos del Dr. Hamer, es una buena explicación de cómo nos provocamos reacciones corporales que llamamos enfermedades (no son castigos ni pruebas).

Prueba

Esto podemos calificarlo así cuando “hicimos todo lo que estaba en nuestra mano”, cuando lo hicimos con todo el cariño, y aún así, las cosas no salieron como yo deseaba. También puede ser que nos estemos engañando u olvidando de algo que no hicimos tan bien y fue la causa del desastre.

Probablemente las pruebas ocurren muchas menos veces de las que nuestro orgullo nos hace creer, y son realmente castigos por nuestros pecados.

Un ejemplo de prueba es todo el mal del mundo que nos encontramos en el momento de nacer (del que no somos responsables).

Castigo

Probablemente es por algo que hice pero o no me acuerdo del pecado (debo hacer más examen de conciencia y alegría,...) o no veo la relación entre el pecado y el castigo (debo aprender más y mientras tanto: alegría,...).

Si descubrimos que es consecuencia de uno de nuestros pecados, pues hemos de hacer penitencia (que incluye la reparación del daño).

Puede que la relación, mi responsabilidad en ese hecho, sea completa o parcial (mi acción, junto con las acciones de mis vecinos,...)

Puede que simplemente sea consecuencia de nuestra ignorancia: no vemos la relación entre las cosas (debo aprender más y mientras tanto: alegría, pues así reduciré la pena a pagar en la otra vida y gano méritos para el cielo). Ejemplo: Cierra la tienda de al lado de casa. No veo que es consecuencia de que muchos del vecindario compramos lo que vende esa tienda por internet a tiendas que están lejísimos, con lo que ya casi nadie compra en ella y es lógico que cierre. La ignorancia puede ser culpable (si yo debía saber que ese hecho es consecuencia de otro), o puede ser una ignorancia inocente (si yo no tengo por qué saber sobre ese tema: cada noche pasa una vaca por la puerta de mi casa y yo no lo sabía. El perro que acabo de comprar la asustó y golpeó al vaquero).

Nuestro mal comportamiento puede ser debido a una mala voluntad nuestra, de lo cual fácilmente somos conscientes, o de una ignorancia más o menos culpable nuestra, más o menos directamente culpables de esa ignorancia. Fui desobediente a mis padres, no estudié, suspendí. Construí una casa donde cada 1000 años cae un meteorito y me la ha destruido: ignorancia no culpable, no tuve mal comportamiento, tipo de hecho 2.

Es decir, todo los daños que recibimos por no saber en qué mundo vivimos (siendo adultos deberíamos saberlo), son culpa nuestra: las serpientes matan, la electricidad también, etc. (T.E.S. de Mons. Gaume, tomo I explica cómo funciona el mundo en sus principios básicos),...

Muchas veces nos hemos dejado llevar o engañar (por comodidad u otros motivos) y luego nos llegan consecuencias inesperadas y desagradables: justo castigo de nuestros pecados: no es una cruz que Dios nos envía por amarLe, sino que es un castigo (Dios envía cruces a quien le ama).

Casos claros

Hay acontecimientos claramente frutos de la gracia de Dios:

Si nos pasan las cosas repetidamente

No es porque “el Destino”, “el Universo”, se haya confabulado contra nosotros.

¿Por qué recibo multas de tráfico continuamente por conducir bebido? ¿Por qué suspendo y vuelvo a suspender esa asignatura? ¿No será porque no cambio mi comportamiento? Sigo conduciendo bebido, sigo sin ponerme a estudiar la asignatura. Las leyes del mundo no cambian. Mientras nosotros no aprendamos esas leyes del mundo, pues seguiremos haciéndonos preguntas. Mientras no aprendamos que para aprobar los exámenes hay que estudiar,... que el trabajo de los policías es multar a los que conducen ebrios,...

Generalmente solemos mirar hacia afuera buscando “el culpable”, “el enemigo”, causante de esos males. Mejor será ponernos un espejo delante.

No es que “los policías me tengan manía”, o “caigo mal al profesor”, es que conduzco borracho y no estudio.

Repetimos las cosas (y recibimos las mismas consecuencias) porque “vamos en automático”, porque vivimos metidos en la rutina y no nos reservamos ni un minuto a reflexionar sobre nuestra vida.

Pasos a hacer

Paso 1: Hemos de pedir a Dios la gracia para todo lo siguiente (tener tiempo, aprender, darnos cuenta de nuestros pecados y poder librarnos de ellos).

Paso 2: Hemos de reservarnos tiempo para aprender como sea las leyes del mundo (la más importante, la de Dios).

Paso 3: Hemos de reservarnos tiempo para reflexionar. Reflexionar es hacer examen de conciencia, no es “dar vueltas a las cosas” para justificarnos de todo, sino justo lo contrario, ver cómo hemos podido producir lo que nos ha pasado. Reflexionar tampoco es “dar vueltas a las cosas” para repetirnos lo malo que es fulano o qué defecto tan grande tiene zutano. Mal podemos hacer examen de conciencia, medirnos con la regla de lo que está bien y lo que no, si no tenemos regla, si antes no hemos hecho el paso anterior.

Paso 4: Hacer lo que debemos.

La paciencia de Dios

Dios tiene paciencia infinita con nosotros y nos colocará tantos árboles en el camino para que nos estrellemos contra ellos como veces sea necesario hasta que aprendamos que no debemos conducir tan alocadamente. En vez de quejarnos “otra vez han puesto un árbol en mi camino”, hemos de dar gracias a Dios por su paciencia con nosotros.

Dios quiere que sepamos por qué nos ocurren las cosas, y así, si no nos damos cuenta a la primera que las multas que nos pone el guardia porque creemos equivocadamente que es porque nos odia, o porque yo “tenía un mal día”, o porque era jueves, o porque,... sino porque conducía bebido, Dios tendrá la paciencia de enviarnos tantas multas como sea necesario hasta que nosotros aprendamos que son pura justicia por nuestro pecado.

El mundo se rige por leyes

Nos guste o no, el mundo tiene un orden, hay unos seres, objetos y unas leyes que rigen las relaciones entre ellos. Hay leyes en todo:

Fijémonos que las leyes, tanto podemos decir que “regulan”, “dicen”, “informan”, “mandan”, “exigen”, “rigen”, “imperan”, aunque a nuestro orgullo unas palabras le molesten más que otras.

También hay leyes que rigen los seres vivos (plantas, animales, personas) entre sí y entre el resto del mundo material. Son las leyes biológicas:

Leyes psico-genealógicas (ver este artículo sobre las leyes en las relaciones en la familia):

Leyes familiares (ver esta artículo sobre las leyes en las relaciones en la familia):

Leyes caracterológicas:

Nos conviene conocer leyes para (entre otras cosas) conocer nuestras tendencias y no caer en excesos ni enorgullecernos si actuamos en consecuencia.

Hay leyes que nos imponemos entre los humanos para regular nuestras relaciones. Las citadas antes son siempre verdaderas, justas siempre, inevitables,... éstas ya sabemos que nada de eso (el código civil, penal, mercantil, etc.).

Hay leyes espirituales que rigen las relaciones entre el mundo visible y el invisible. Aunque nuestro orgullo o ignorancia osada nos quiera hacer creer que todas las culturas de todos los tiempos y lugares estaban equivocadas al creer en los espíritus y que no existen, que no existe un mundo de seres invisibles que influyen sobre nosotros. Si no influyeran sobre nosotros, ¿para qué iban a hacerles sacrificios?

Leyes de la religión: toda la doctrina.

Todas las leyes rigen en todo lo que nos ocurre: si tengo un accidente por conducir borracho, se me aplicarán las leyes físicas (y quedará el coche chafado), las leyes civiles de circulación, etc.

Las leyes tienen niveles

Las leyes forman como una pirámide. Arriba del todo hay muy pocas leyes y bajando, cada vez hay más. Las leyes de arriba son más generales, se aplican siempre y en todo lugar. Las leyes de abajo se deducen de las de arriba, son la aplicación de las leyes de arriba a ciertos casos, situaciones, concretas. Los abogados dicen que las de abajo se “inspiran” en las de arriba, y así, el código civil, el mercantil, el penal, etc. se inspiran en la ley natural; el código de circulación es la aplicación del código civil a la circulación; etc. En situaciones extremas, dudosas o no previstas en la ley, hay que recurrir a alguna ley superior: en el caso de los abogados, al “espíritu de la ley”.

¿Para qué se hacen las leyes de abajo, si se deducen de otras de arriba? Porque cuanto más arriba subimos, más cuesta descubrir, conocer las leyes. Y si no se conocen, mal podemos cumplirlas nosotros o aplicarlas los jueces. Por ello se hacen leyes que tratan temas muy concretos (la circulación, el código marítimo, etc.). Así podemos circular sólo atendiendo a las señales de tráfico, sin necesidad de ir pensando en cada curva qué velocidad me dirían las leyes más generales que es prudente circular ahí.

Recordemos que la inteligencia es la capacidad de identificar cosas y las relaciones entre ellas: si los del barrio dejamos de comprar en la tienda de la esquina y compramos por internet, acabará cerrando el tendero de la esquina.

Cuanto más hemos desarrollado la inteligencia, más conocemos las leyes de arriba y entendemos todas las situaciones que quedan por debajo, vemos la relación entre las cosas que quedan por debajo, sufrimos menos sorpresas. Si no las conocemos (y compramos por internet), cuando cierre el de la esquina diremos: ¡qué sorpresa!

Grado de certeza que podemos alcanzar en cada aspecto de la realidad

Las leyes que rigen los seres vivos, el hombre, son más inciertas y nunca sabemos al 100% por qué nos ocurren las cosas. Es decir: los científicos (después de muchos ensayos) pueden conseguir que algo funcione con un muy alto grado de certeza (muchos aviones vuelan cada día y no se caen) porque están hechos de material inanimado. Con plantas ya no es tan seguro predecir el resultado. Con animales menos y con hombres mucho menos.

En el mundo interior, la incertidumbre es una consecuencia del pecado original

Cuando nuestros primeros padres (Adán y Eva) estaban en el paraíso, veían con sus ojos a Dios, le oían y hablaban con Él. Desde que, por el pecado que cometieron fueron expulsados del paraíso, perdieron esa capacidad de ver a Dios, que es la Verdad, con la seguridad que dan los sentidos; y así, ya ni ellos, ni nosotros sus descendientes tenemos esa capacidad de ver claramente la Verdad mas que con los ojos de la fe, ojos que podemos tener más o menos abiertos.

El azar, las estadísticas

Vemos los acontecimientos como azarosos, aleatorios, accidentales, damos cifras estadísticas, cuando no sabemos por qué ocurren las cosas u ocurren por muchos factores imprevisibles. Cuando conocemos al 100% la situación y las leyes que la rigen no hay azar: “Meta Ud. esta llave en esa cerradura y podrá abrir la puerta (seguro)”. No es que la carretera recta se haya deformado, hecho curva, cuando llegábamos nosotros, ni que el árbol con el que chocamos haya crecido en un instante; es que íbamos borrachos.

Nunca sabemos al 100% por qué ocurren las cosas, pero es evidente que cuantas más leyes conozcamos menos “azarosa” será nuestra vida.

Por eso nos conviene estudiar, aprender, conocer las leyes de este mundo, sobre todo las más importantes, porque no tenemos tiempo para todo.

“El que sabe, actúa, y el que no, juega a la lotería”, “el que no sabe es como el que no ve”.

Hay veces que la realidad es bastante sugerente: como cuando salimos de casa, hacemos parados la señal de la cruz (que nos lleva 3 segundos hacerla), empezamos a caminar y vemos caer un tiesto delante nuestro justo en el lugar donde hubiéramos estado si no nos hubiéramos parado 3 segundos para signarnos.

Deformamos la realidad

A menudo, es que ni la vemos

O pensamos, o percibimos. Aunque parezca que no, en un momento, sólo podemos hacer una de las dos cosas. Cuando comemos, o estamos pendientes de la conversación o saboreando la comida (“no hay mayor enemigo de una buena comida que una buena conversación”). Podemos cambiar rápidamente el foco de la atención: de la conversación a la comida, pero no podemos tenerlo en la conversación (pensamientos) y la comida (saborear).

Además de la atención “buena”, tenemos una “atención de fondo”, que nos permite conducir mientras mantenemos una conversación. Pero esa “atención de fondo” sirve solo para las cosas rutinarias. Para estudiar algo necesitamos la otra. Cuando aprendemos a manejar un auto no somos capaces de hacerlo y, a la vez, mantener una conversación. Sólo podemos hacerlo cuando ya es algo rutinario para nosotros. (Al principio, hemos de estar “con los cinco sentidos” en lo que hacemos).

Cuando caminamos absortos en nuestros pensamientos no vemos nada a nuestro alrededor. No vemos conscientemente nada, pero nos hemos “tragado”, nos han afectado todos los anuncios que hemos visto (pueden leer más sobre la manipulación subliminal, inconsciente y ver ejemplos).

Nuestros pecados nos deforman la visión de la realidad

Hay cosas del mundo que las vemos como son y otras no. No toda la visión que tenemos del mundo es “invento nuestro”, consecuencia de cómo la deformamos.

Parte correcta

Las cosas que vemos como son. Vemos lo que es verdad y lo que no. Es como vería la realidad Jesucristo si estuviera en nuestro lugar. Él vería mucho más, pero coincidiríamos en algunas partes.

Parte incorrecta

Cuando vemos la realidad deformada por nuestros pecados. Eso que vemos incorrectamente no coincide en absoluto con lo que vería Jesucristo en nuestra situación, pues Jesucristo no puede pecar ni equivocarse.

Una de las formas de explicar nuestra misión en la vida es diciendo que hemos de asemejarnos (conformarnos) lo más posible a Jesucristo. No corporalmente, pero sí en su forma de ver y actuar. (Ojo, salvedades).

Estamos siempre acompañados de nuestro ángel de la guarda y de unos cuantos demonios habituales. Cada uno de estos demonios nos tienta a uno de nuestros pecados habituales.

Cada una de las visiones incorrectas puede ser producida por cualquiera de nuestros pecados. Cada visión deformada puede usarla otro demonio habitual para facilitarnos otras visiones deformadas.

Hay varias formas de ver lo exterior:

Asemejadora

Creo que los demás son como yo

Errónea, deformada por ignorancia

1

Piensa el ladrón que todos son de su misma condición.

Correcta, fiel a la realidad

2

Creemos que a los demás les dolerá clavarnos una espina como a nosotros.

Contrariadora

Echo a los demás la culpa de mis actos o situación con razones reales o imaginarias

Siempre errónea, siempre deforma la realidad

3

Para el que tiene prisa y va pisando a la gente, los demás son torpes y lentos.

Maté al perro porque con su mirada me recriminaba lo que yo había hecho. Juicios de intenciones (lo hizo para...). Etc.

Selectiva

Vemos sólo lo que nos deslumbra (efecto “halo”)

Errónea, deformada

5

Vemos a alguien bien vestido y deducimos que es rico, inteligente, simpático. Y viceversa.

Vemos sólo lo que nos interesa

Parcial

6

Veo sólo el vestido que lleva y no escucho lo que dice.

Correcta, fiel a la realidad

7

El peluquero, lo primero en que se fija es en el peinado del otro.

Más ejemplos

Ejemplos de 1:

Ejemplos de 3:

Ejemplos de 6:

Salvedades:

Hay veces, como en algunos casos de 3, que podemos ver verdaderas, reales ingratitudes, desamor, dificultades, o gente lenta conduciendo. Si a ello le damos más importancia que cuando vemos una nube, pues es cuando lo estamos creando o aumentando desde nuestro interior (pecado). Otra forma de identificar nuestros pecados es ver si describimos el hecho con emoción (“¡pero qué lento va!). Vemos a un conductor tirar basura por la ventanilla. Una cosa es verlo y calificar su educación (¡y ya podemos equivocarnos!), otra es si ello nos lleva a alterarnos (pecado), y si nos quedamos media hora pensando en ello (más pecado).

Hay una forma de ver deformada la realidad que falta en el cuadro anterior: cuando alguien tiene complejo de interioridad y se atribuye la culpa de algo siendo inocente.

Confundimos el bien y el mal

Una de las formas como deformamos la visión de la realidad, es asociando lo placentero con lo bueno y lo doloroso con lo malo, pero lo bueno, el bien, es lo que nos ayuda a conseguir nuestro objetivo (que es la contemplación de Dios en el cielo).

A menudo nos dejamos llevar por nuestros hábitos y valoramos erróneamente los hechos. El auto nos patina en un charco, tenemos un accidente, se destroza el auto pero salimos ilesos.

Hemos de valorar los hechos con calma, sin dejarnos llevar por nuestro temperamento ni por preferencias infundadas. En este caso deberíamos asesorarnos por qué patinó el auto, si otros autos pasaron por el charco sin patinar, de qué modelo eran, cuál era el estado de los neumáticos, etc.

¿Que Dios nos envía una “consolación”? (nuestro hijo se porta de maravilla) Estupendo. Pero no dediquemos tiempo a festejarlo restándolo de nuestros deberes con Dios.

En temas de salud, los descubrimientos del Dr. Hamer nos enseñan que muchos síntomas llamados “enfermedades” son sólo síntomas de que el cuerpo está curándose, recuperándose de una época de trabajo anterior, de que el cuerpo está funcionando bien, como debe, y que en la mayoría de casos sólo hay que “dejar hacer” al cuerpo para que éste recupere completamente su normalidad.

Cómo dejar de deformar nuestra visión del mundo

Haciendo bien un examen de conciencia. Que es lo que hacen otros como preparación personal de los actos que hemos comentado más arriba (el Hoponopono verdadero, el hansei, las confesiones comunitarias en África, etc.).

Qué cosas nos ocurrirán

  1. Las consecuencias de no hacer Su voluntad (castigos por nuestros pecados)

  2. y lo que Dios nos envíe para ayudarnos a avanzar en nuestra santificación (“pruebas, cruces, dificultades,...”).

(Mucho cuidadín de no torcer Su voluntad para hacerla coincidir con la nuestra).

Con qué intensidad nos ocurrirán

Podemos actuar (para bien o para mal):

Podemos pensar en comprarnos un capricho (ya pecamos), podemos desearlo (pecamos más), podemos comprarlo efectivamente (pecamos más).

Cuando empezamos a tener un pensamiento ya estamos modificando el mundo. Cuando dedicamos más tiempo y emoción en él, lo modificamos más, cuando actuamos según el pensamiento, más todavía. “¿Tener un pensamiento cambia el mundo?” Pues claro, cuando en clase nos ponemos a pensar en algo, dejamos de atender lo que nos enseña el maestro.

Nos ocurrirán las cosas que más “cargamos” con nuestra Inteligencia (pensamiento), Amor (¡o rechazo!), y Energía (hechos).

Los “sueños de nuestra vida” suelen ser grandes deseos personales, diferentes de la voluntad de Dios. En una imagen famosa egipcia (“el juicio de los muertos”), pesan el alma del difunto. Si pesa más que una pluma se la come un cocodrilo que está mirando atentamente el fiel de la balanza.

Si ponemos alma, cuerpo y corazón en hacer Su voluntad, pues lo conseguiremos. En todo lo que sea nuestra voluntad (opuesta a la de Dios), pues Dios nos va a enviar hechos que tanto van a ser castigo por ese deseo pecaminoso, como señal para que nos demos cuenta de ellos, y nos libremos de ellos, nos purifiquemos de ese pecado. Y será paciente en enviárnoslos hasta que aprendamos. Hechos tanto más graves cuanto más graves sean nuestros pecados (tanto más los hayamos alimentado con nuestro pensamiento, corazón y obras).

Y pobre del que no recibe, de vez en cuando, cruces de Dios, pues muchos santos dicen que es señal de que Dios “los ha dejado por imposibles”.

Si vamos avanzando hacia la santidad sin muchos pecados, Dios escuchará nuestro deseo y nos enviará pruebas para ir purificándonos más y más, cada vez la prueba que más nos convenga, la que se refiera a la imperfección más grande que nos quede.

La vida no es la consecución de ciertos hitos materiales: bici, moto, auto, casa, mujer, hijos,... sino de hitos de embellecimiento interior a través de los intentos pacientes, continuados, de Dios. Y con ello llevarnos a la salvación atrasándonos lo menos posible del sitio que nos tiene reservado en el anfiteatro del cielo.

El embellecimiento interior consiste en asemejar lo más posible nuestras tres potencias dichas antes (Pensamiento, Voluntad, Acción) a las de Jesucristo. Hacer con todo amor lo que entendemos es Su voluntad, ver el mundo como lo vería Él. (Ojo, salvedad)

(Con todo amor aunque sea decir “no”, o tirar tiros, como los cristeros en Méjico o los que se alzaron contra la dictadura del proletariado en la guerra de 1936 en España). Esto es lo que los creyentes llaman “conformarnos a Jesucristo”.

Testimonio real:

La madre de uno que iba a pasarse al bando pro-Dios le dijo al partir: “No odies al enemigo”.

Cómo convertir las penas en alegrías

No es posible con nuestras fuerzas humanas pero sí con la gracia de Dios. Más sobre este tema en qué hacer con las penas de la vida (cómo usar las penas como satisfacción por nuestros pecados y más).

Los problemas nos llegan gradualmente

Parece que los problemas, cuando los producimos repetidamente, van incrementando su intensidad. Aparecen primero en forma inmaterial (oposiciones de palabra), luego también con el corazón (oposiciones serias de palabra), finalmente con hechos materiales:

Por esto conviene “leer los acontecimientos”, los pequeños accidentes, posibles signos iniciales de problemas más graves.

Si llevamos una vida sencilla, austera, sin ruidos, oiremos las sutiles respuestas que producen nuestros errores y no necesitaremos que nos hablen con altavoces. Si estamos con los auriculares puestos oyendo música estruendosa todo el día, no oiremos los pitidos de los autos que nos van a atropellar.

Tanto lo que deseamos como lo que tememos

Es evidente que si pensamos continuamente en algo, lo deseamos con fervor, trabajamos por ello, al final lo conseguiremos (nos darán el título de X). Pero esto también ocurre con lo contrario:

Y no sólo “al final”. Desde el mismo instante que estamos odiando a la gente con tres orejas nos estamos perjudicando, haciendo mala sangre. Desde el mismo instante que tenemos prisa los demás van demasiado lentos.

Salvedades

Formas de conocer

Alguien puede decir que hay otras formas de saber lo que dice la ley, para saber qué tenemos que hacer en un momento dado, para saber qué quiere Dios en cada momento. Entendemos que esto es así sólo (?) o especialmente cuando miramos al futuro, para el que podemos recibir inspiraciones de ángeles buenos (premoniciones), u operaciones malignas de nuestros demonios habituales. De momento, en este artículo sólo vamos a hablar de cómo conocer las leyes en general o por sus efectos en el pasado. En cualquier caso, que aprendamos por la razón, por la fe, o de otras maneras (el corazón, las tripas, etc.), no afecta al resto del artículo. Quizá lo que llamamos “razones del corazón” no son más que inspiraciones angélicas y las de las tripas, demoníacas.

Estilo

La forma ordenada de presentar las informaciones (en forma de tabla, por ejemplo), no debe inducir al lector a creer que no contenga errores y falten cosas (por ejemplo). Intento usar un estilo afirmativo, simple y claro para escribir, pero eso no es óbice para que estén totalmente equivocadas.



Apreciado lector:

Dos escritos que ya pueden verse y voy mejorando:

Sobre el virus, he ordenado las diferentes opciones en este artículo

Sobre el cielo estoy preparando un escrito más largo, del que tienen aquí un aperitivo (de dos páginas).

Nosotros a lo nuestro, a rezar el Rosario.

Estas páginas son apuntes que pueden contener errores de un servidor y se van mejorando con el tiempo y la gracia de Dios.

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