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Índice de temas religiosos
El (anti) papa Francisco trabaja para el Demonio

Cómo tienta el Diablo

(Este escrito no es muy profundo, completo. Seguro que otros han escrito cosas mejores. Este escrito son reflexiones de un servidor, no completadas/corregidas con tratados sobre el tema)

El Demonio no se presenta con su forma verdadera y nos dice “Hola, soy el Demonio que vengo a tentarte”. Siempre viene disfrazado y nunca dice toda la verdad.

Metáfora: El Demonio comprando almas es como subir a un árbol.

Algunos venden su alma a cambio de estar en las ramas más bajas.

Algunos otros se resisten a vender el alma tan barata y el Demonio les deja subir a alguna rama intermedia:

A otros que no se han dejado comprar con regalitos ni con pequeñas comprensiones y orgullos miserables les deja subir a las ramas más altas, pero siempre intenta desviarles del tronco principal y que no lleguen al cénit, al brote central y supremo del árbol. Muchas veces consigue que, casi llegando a él, se desvíen a una rama.

Sólo el que está en el tronco ya no tiene enemigos, sino que mira a todas las criaturas con los mismos ojos. No es que no haya personas que se porten mal con él, sino que eso no le despierta sino amor.

El que está en el tronco se da cuenta de los errores pasados, cuando estaba en ramas inferiores, se creía superior y creía que tenía "enemigos".

Entiende las palabras de Jesucristo:

Todos sabemos dónde estamos cada uno: contentos con nuestro regalito, nuestros libros "espirituales", "gurú", falsa religión,...

Y podemos estar en nuestra rama contentos o insatisfechos, pero si no vamos al tronco y subimos por él sin "andarnos por las ramas", pues ahí nos quedaremos toda la vida.

El Demonio intentará por todos los medios que nos "andemos por las ramas" y nos conformemos con algo menos que la visión de Dios.

Mientras vamos por las ramas siguiendo gurús, leyendo libros "espirituales", contentos con migajas de verdad, pues estamos en las manos del Diablo y con riesgo de condenarnos si nos morimos así.

Los que se van por las ramas y dejan de vivir orientados a dios, faltan contra el primer mandamiento, el más importante, y así, es posible que cuando llegue la tala, hagan lo que hacen con los arboles: aprovechar para madera el tronco y usar para quemar, para alimentar las calderas del infierno, el resto, las ramas.

El tronco es dios, el creador. Las ramas son la creación suya, todas las criaturas. Las ramas salen del tronco que es su origen y lo que las mantiene en existencia y con vida. “Yo soy la vid y vosotros los sarmientos”. (Abracemos el tronco, no las ramas).

Las ramas superiores, vistas desde el tronco del árbol, se ve que están en mal camino. Vistas desde las ramas inferiores parece que están más cerca del cielo y realmente tapan la luz a las inferiores (no al tronco, que está siempre iluminado por la luz del cénit, del cielo).

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También hay gente en las raíces

Son buscadores de cosas "ocultas", "canalizadores", "sanadores", que el demonio no necesita ni siquiera retribuir con ninguna prebenda.

Ellos están encantados de estar en esa oscuridad y cada vez más lejos del cielo, pues han montado su vida alrededor de una mentira y lógicamente cada vez les cuesta más reconocer todo el camino equivocado que han andado.

Metáfora: El demonio como uno que quiere asaltar un castillo

Da la vuelta a todo el castillo buscando el punto más débil por donde atacar. Así, primero descubre nuestras debilidades y las aprovecha para entrar apoderarse de nosotros (el castillo). No nos va a atacar por donde sabe que le vamos a resistir cómodamente. (Esto está más explicado en el T.E.S. de Mons. Gaume, del s. XIX)

Metáfora: El demonio como uno que compra y vende

Así lo dice San Juan de la Cruz:

«Entre las muchas astucias que el demonio usa para engañar a los espirituales, la más ordinaria es engañarlos bajo especie de bien, y no bajo especie de mal; porque sabe que el mal conocido apenas lo tomarán» (Cautelas 10).

Santa Teresa

«El alma buena siempre en lo bueno se ha de recelar más, porque lo malo ello trae consigo el testimonio de sí» (3 Subida 37,1). A ella le tentaba el demonio para que dejase tanta oración «por humildad» (Vida 8,5).

El Catecismo de Trento lo dice así:

"los demonios no necesitan combatir a los pecadores, pues como éstos se han entregado voluntariamente a él, reside ya en sus almas a su gusto, sin que le sea preciso tentarlos ni vencer resistencia ninguna. Mas con los justos no es así: consagrados a Dios como están, y esforzándose por llevar en la tierra una vida celestial, son objeto de los ataques furiosos del diablo, que los aborrece, y continuamente arma asechanzas para hacerlos caer. La Sagrada Escritura nos da numerosos ejemplos de varones justos, a los que el demonio consiguió vencer con sus violencias y astucias: Adán (Gen. 3 2.), David (II Rey. 11 2-3.), Salomón (III Rey 11.), Sansón (Jue. 16.) y otros."

El Demonio tienta intentando que dejemos de dedicarnos a lo que Dios quiere.

A la persona especialmente llamada por Dios a una vida retirada y contemplativa, el Demonio le tentará llamándola a una vida excelente, pero más exterior, por ejemplo, al servicio de los pobres. Y si el Señor destina a alguien a escribir libros espirituales, el Diablo le impulsará, con apremios difícilmente resistibles, a que se dedique a la predicación y a la atención espiritual de muchas personas, y a que de hecho deje de escribir. A estas personas el Padre de la Mentira no les tienta con algo malo, pues sabe que se lo rechazarán, sino que procura desviarles del plan exacto de Dios sobre ellas con algo bueno, es decir, con algo que, siendo realmente bueno -el servicio de los pobres, la predicación, la dirección espiritual-, no permitirá, sin embargo, la perfecta santificación de la persona y su plena colaboración con la obra de la Redención.

Cuándo o en qué puede tentarnos Satanás

"Satanás, con todo su poder, tenacidad, malicia y odio hacia nosotros, no puede tentarnos todo lo que quiere ni todo el tiempo que desea, sino que todo su poder está subordinado a la permisión de Dios, que sólo permite que nos tiente para nuestro bien; de modo que ni en la piara de cerdos habrían podido entrar sin la licencia del divino Salvador (Mt. 8 31; Mc. 5 11; Lc. 8 32.)."

(Nos tienta para nuestro bien, como castigos medicinales (1 Cor 5,5; 1 Tim 1,20) o como pruebas purificadoras (2 Cor 12,7-10). Nunca Dios nos permite que nos tienten por encima de nuestras fuerzas).

"Los demonios son ángeles caídos, que atacan a los hombres en sus niveles más vulnerables -cuerpo, sentidos, fantasía-, pero que nada pueden sobre el hombre si éste no les da el consentimiento de su voluntad. Para su asedio se sirven sobre todo de los logismoi -pensamientos, pasiones, impulsos desordenados y persistentes-, que pueden reducirse a ocho: gula, fornicación, avaricia, tristeza, cólera, acedía, vanagloria y orgullo. (Evagrio: MG 79,1145-1164; SChr 171,506-577; Casiano, Institutiones 5-11; Collationes 5. Evagrio Póntico y Casiano, autores importantes sobre demonología).

Por definición de tentación, sólo es tentado aquél que pretende no seguir al Diablo. (Los que ni se dan cuenta que lo siguen no pueden tener tentaciones). Puede tentarnos para hacer el mal o para hacer un bien excesivo, que nos aparte de nuestras obligaciones principales (por ejemplo, rezar tanto que desatendamos a nuestra familia).

Cómo nos atacan sus subordinados (los demonios): a menudo varios a la vez

Si no estamos “conectados” con Dios, si no intentamos seguir Su voluntad, pues vamos a ir dando tumbos de un demonio a otro, con malestar, desasosiego interior.

Ejemplo

Queremos conseguir un favor de alguien y para ello vamos a mentir (todo esto sugerido por el demonio ambición).

Un minuto después el demonio orgullo nos recuerda que eso de mentir “no está bien”, que no es propio de una persona tan santa y perfecta como nosotros.

Estamos a punto de obedecerle, está a punto de ganar el demonio orgullo, cuando llega volando otro demonio en ayuda del primero y dice: “lo que quieres conseguir no es para tí, es para tu hijo, eso justifica una pequeña mentira”.

El demonio orgullo protesta diciendo que “eso lo hacemos porque es nuestro hijo, pero que no lo haríamos por el hijo de otra”, pero ya no le escuchamos porque hemos tomado la decisión de obedecer al primer demonio (“ambición”).

Nos atacan aunque evitemos gran parte de las tentaciones y nos hagamos eremitas

En las ciudades es donde hay más actividad humana, y, en estos tiempos, impera más el Diablo y vamos a estar asaltados por más demonios.

Pero aunque nos retiremos a una montaña nos encontraremos con algún demonio que allí nos va a tentar. Los “padres del desierto” nos han dejado las narraciones de las terribles luchas que tuvieron que mantener con los demonios que en esos lugares les atacaban.

Porque los demonios, para tentarnos a pecar, pueden usar hasta las cosas más pequeñas o inocentes: hasta el canto de los pajarillos que perturba el absoluto silencio puede tentarnos de ira.

Por muy lejos y ligeros de equipaje que viajemos, siempre llevamos encima nuestros demonios, y nos tentarán hasta con los pajarillos. Nuestro demonio “obsesión por la limpieza” nos hará ver todo sucio, nuestro demonio “miedo a los microbios” nos hará perdernos degustar la exquisita gastronomía local, nuestro demonio “miedo a la oscuridad” nos hará perdernos la vida nocturna,...

Alternativa

Escuchar y obedecer lo que nos dice Dios que hagamos. Igual acabamos haciendo lo mismo: diciendo una pequeña mentira para intentar obtener algo.

Hasta la guerra o el asesinato(tiranicidio) entiende, acepta, recomienda Dios en determinados casos.

En este caso podemos acabar haciendo exteriormente lo mismo pero de forma completamente opuesta internamente: con total paz y felicidad.

Evidentemente, si en vez de escuchar sincera y humildemente lo que Dios nos dice, hacemos decir a Dios lo que queremos, lo pagaremos aquí o el día del juicio.

Cómo vendemos el alma al Diablo

No son necesarias ceremonias de ningún tipo, es todo mucho más sencillo y habitual.

Vendemos nuestro alma cuando pecamos. Cuando hacemos, con pleno conocimiento, algo que no es justo, correcto, bien. Cuando hacemos algo que daña física o espiritualmente a otro (le vendemos un aparato que funciona mal, le decimos mentiras, le facilitamos sus pecados,...).

Generalmente lo hacemos a cambio de dinero (en nuestro trabajo), pero también lo podemos hacer gratis, sólo por alimentar nuestro orgullo, o incluso pagando (como con nuestros caros vicios perjudicamos a otros).

(Recordemos que podemos pecar por acción o por omisión, por callar algo que debíamos decir o no hacer lo que debíamos. Recordemos que no pecamos si hacemos eso por necesidad, porque sino nos morimos de hambre. Ojo, pues muchas veces nos creamos muchas necesidades para justificar nuestros pecados, o no buscamos alternativas).

Por supuesto nuestro ego, nuestro orgullo, uno de los ángeles malos que nos acompañan desde el nacimiento nos hará justificarnos:

mil y una mentiras que aceptamos gustosos.

Y como último recurso siempre nos dirá que aleguemos “que no lo sabíamos”, aunque hayamos tenido 40 años de nuestra vida para cumplir con nuestras obligaciones de creyentes: una de las principales es estudiar la doctrina, saber lo que está bien y lo que no.

La ignorancia culpable es la primera estación de tren por donde pasan todos los trenes que, con origen nuestro orgullo, se dirigen al infierno.

Hay quien se vende por mucho dinero (los gobernantes, presidentes de bancos o grandes empresas,...) y hay quien se vende por un mísero salario.

Muchos querrían venderse a alto precio, pero como que el Diablo, sabedor de la crisis económica, no se lo ofrece, pues rebajan su precio hasta llegar a vender a su madre por un teléfono móvil que estará obsoleto en cuatro días.

El precio de las almas está hundido, o como dicen los economistas: “no hay mercado” -hay muchos vendedores y ningún comprador-, o como dice el Diablo en el cuento de “El Diablo va de compras”: “para qué te voy a ofrecer nada, si tu alma ya es mía”.

El demonio ataca siempre, a todos, y de todas las formas posibles

Desde que el demonio se condenó, el demonio nos odia y tiene envidia, y desea que nos condenemos. Para ello usa todos los medios, y no duerme.

Clasificaciones de sus ataques

Por el destinatario

  1. particulares para cada uno (en el T.E.S de Mons. Gaume, s.XIX, explica cómo lo hace Satanás).

  2. generales para todos

Por el grado de materialidad del ataque (de más material a menos)

Cómo distinguir las inspiraciones del Diablo

Hacemos cosas inspiradas por el Diablo cuando:

Si nuestra vida es completamente razonable, no está dirigida por el Cristo que está dentro de nosotros, sino por el Diablo.

Sólo si tiene algo de locura puede que esté dirigida por Cristo (ver el cuento de los sentimientos).

Cómo evitar las tentaciones

“El que evita la tentación, evita el pecado”.

Usemos en nuestras computadoras varios navegadores (uno configurado para ver las imágenes, y otro para navegar sin verlas, por ejemplo, para leer las noticias).

Además de no cargar las imágenes es muy conveniente configurarlo para que tampoco utilice JavaScript ni ningún plug-in. Con ello reduciremos el riesgo de que nos roben datos personales, que nos entren virus, etc.

El segundo navegador usarlo para cuando buscamos informaciones en internet y no conocemos todavía los sitios y el segundo sólo con los sitios de confianza. (Para acceder a los bancos usar otra computadora o partición exclusivamente para eso, y mejor con GNU/Linux que no con otra cosa).

Trucos para desanimar a los demonios

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