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El Sr. Bergoglio dice herejías

Qué es juzgar

(reflexiones personales validadas por un cura verdadero, pero sólo los grandes rasgos, los detalles pueden estar equivocados) Última modificación: 22/7/2017

Pecados comunes

- Sin tener autoridad sobre los demás solemos decirles lo que tienen que hacer. Si no nos obedecen decimos que “hizo mal” y encima nos enfadamos y acabamos hasta insultándole.

- Solemos dar mucha importancia a los pecados ajenos y quitarla a los nuestros o ni siquiera querer mirarlos, y así pasamos el día diciendo “lo mal que está el mundo” y no haciendo el mínimo examen de conciencia, ni estudiando, ni rezando, ni nada.

Resumen

Juzgar es decir si algo está bien o mal.

En la vida inevitablemente hemos de juzgar rápidamente en muchos casos. Para hacerlo bien y no pecar, hemos de tener muy claras las cosas. Esperemos este artículo nos sirva a ello.

Frases resumen de todo el artículo:

LAS PERSONAS TENEMOS UNA ESENCIA (eterna) Y UNAS CIRCUNSTANCIAS (temporales)

Nosotros somos hombres, mujeres, Hijos de Dios si bautizados (todo cosas eternas), pero no somos viejos gordos borrachos (que son cosas temporales), sino que “estamos gordos, borrachos y viejos”. Olvidar nuestra esencia y creer que somos nuestras circunstancias (joven, alcalde,...) es un gran alimento para nuestro orgullo, seguido de ser ricos.

LAS COSAS SON BUENAS CUANDO SIRVEN A SU SUPERIOR

Las cosas de la creación son buenas cuando nos sirven a nosotros y nuestras obras son buenas cuando sirven a Dios. Nosotros fabricamos autos. Si el auto no se avería y nos lleva rápido (sirve para lo que lo creamos), entonces es un buen auto.

SOBRE UNA PERSONA (nosotros incluidos) NUNCA PODEMOS DECIR QUE HIZO BIEN O MAL

Por lo anterior, porque sólo Dios sabe si esa persona le está sirviendo o no, sólo Dios conoce todas sus circunstancias y lee su corazón. (“Ni yo mismo me juzgo,...”) (***).

SOBRE LAS COSAS DE LA CREACIÓN PODEMOS DECIR LO QUE QUERAMOS, SOBRE OTRA PERSONA SÓLO CALIFICAR LO QUE HACE A LA LUZ DE LA DOCTRINA, siempre con prudencia(*) y que lo que haga sea un pecado importante y claro, o que tengamos autoridad(**) sobre ella. (Fulano ha robado, mentido, etc.)

NO DEBEMOS DECIR A NADIE LO QUE DEBE HACER (excepto que tengamos autoridad sobre él)

Podemos recordarle lo que es pecado y lo que no, para instarle a que no peque, pero de lo que no es pecado claro, no debemos decir nada, porque ni nosotros sabemos con 100% de certeza cómo servir mejor a Dios en cada instante.

NADIE HACE “EL BIEN”, HACEMOS “BUENAS OBRAS”

Porque hacemos acciones, no ideas:
El “color” es una idea. No podemos “hacer el color”. Podemos pintar.
El “sabor” es una idea. No podemos “hacer el sabor”. Podemos cocinar.
Igualmente, el “bien” es una idea. No podemos hacer “el bien”. Podemos hacer buenas obras. (Podemos hacer buenas obras con una mano y al tiempo hacer con la otra obras mucho peores o dejar de hacer las buenas que debemos hacer).

NO SOMOS MEJORES QUE NADIE

Ni que el hereje público más notorio (el Sr. Bergoglio). Todos somos iguales en esencia. Todos pecadores, unos en unas cosas, otros en otras, unos más, otros menos, pero esas son cosas que hacemos, no lo que somos en esencia. Y nos salvaremos o condenaremos (Dios no lo quiera), por nuestras obras, no por lo que somos.

NADIE “ES” BUENO (O MALO)

Sólo Dios es bueno. Sólo el pecado es malo. Ni el Demonio es malo, aunque sea el origen de todo mal.

NO DEBEMOS DECIR QUE EL SR. X SE CONDENARÁ

Podemos recordar a los demás la doctrina, pero no aplicársela concretamente al Sr. X. (Podemos recordar las leyes de los hombres, pero la aplicación concreta al Sr. X es cosa de los jueces). (Ver más en apartado específico).

OJO CON SUPONER (Y POR TANTO JUZGAR BUENAS O MALAS) LAS INTENCIONES DE OTRO O SUS PENSAMIENTOS

Sólo Dios los conoce con certeza. Aunque ciertamente, cuando los hechos son muy claros, tenemos que inferir la intención de alguien, sin que esto sea pecado. Cuando vemos a los masones hacer lo que hacen, y las encíclicas de la Iglesia condenar la masonería, no sólo no es pecado inferir las malas intenciones de cada uno de ellos, sino que sería pecado lo contrario. Es como el que ve a uno persiguiendo a otro con un hacha y se niega a intervenir porque “no conoce las intenciones del agresor”.

NO DEBEMOS ENOJARNOS CON NADIE (excepto que tengamos autoridad sobre él)

Consecuencia de todo lo anterior.

PECADO COMÚN ES COLAR MOSQUITOS AJENOS Y DEJAR PASAR NUESTROS CAMELLOS

Ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el nuestro.

Consideraciones imprescindibles para saber si pecamos juzgando

Evidentemente, siempre que hablamos con mala intención, es pecado; o cuando deseamos un mal a otro, como cuando decimos: “Dios le castigue”; o cuando nos alegramos de una desgracia ajena: “se lo merece”.

Pecamos seguro si hablamos de la esencia de las personas, de su bondad o maldad, de sus pensamientos o intenciones, o de si hace bien o mal.

Sobre el resto de cosas: sobre la clasificación (según la doctrina) de lo que hace la gente, sobre lo que debe hacer y sobre cualquier cosa que no son personas, podemos pecar o no según los siguientes atenuantes, agravantes o eximentes:

  • grado de conocimiento que tenemos sobre el tema (podemos pecar por juicio temerario, por ignorancia culpable,...)

  • autoridad que tenemos sobre la persona que hablamos (podemos faltar a nuestros deberes de estado si callamos debiendo hablar o reprendemos con excesiva dureza o blandura)

  • autoridad que tiene la persona o el tema sobre el que hablamos (podemos pecar de imprudencia, escándalo)

  • otras circunstancias del hecho o propias (tensión del momento, nuestro estado mental, otros temas más urgentes, respetos sociales, pecados propios que nos impulsan a hablar, conveniencia de decirlo,...)

Veámoslo más en detalle de dos formas complementarias

Primera forma

hablo de los demás (5)

tengo autoridad sobre el otro (padre, jefe, hermano mayor,...)

Puedo decirle de todo sobre lo que hace o debe hacer, pues yo soy el vicario de Dios para él (en diverso grado) y tengo responsabilidad de lo que él haga:

- Lo que debe hacer o no

- Calificar sus obras: robo, mentira,...

No puedo decir:

- Si hace bien o mal

no tengo autoridad sobre el otro (amigo, vecino, conocido, ...)

Puedo:

- Calificar sus obras de acuerdo con la doctrina cristiana: robo, mentira,...

No puedo decir:

- Lo que debe hacer o dejar de hacer

- Si hace bien o mal (6)

hablo de mí

No puedo decir (porque es falso):

- Yo hago el bien con mi trabajo, aporto mi granito de arena al bien de la Humanidad

Sólo puedo decir (porque es cierto):

- Yo intento hacer el bien con mi limitado conocimiento (quizá estoy cuidando un rosal del que estoy muy orgulloso y no veo que mientras lo cuido estoy pisando otras muchas flores, o dejo de cuidar a mi madre enferma).

- “Yo hago todos estos pecados” (en mi examen de conciencia)

(5)

1) Recordando aplicar “alaba en público y reprende en privado”.

2) Usando la forma más adecuada al otro: no podemos dirigirnos de igual forma a todas las personas, aun para decirles lo mismo.

3) Teniendo en cuenta las consideraciones del apartado anterior, para no pecar.


(6) Si un cura participa en una falsa misa (de la secta que ahora ocupa el Vaticano), podemos decir que da escándalo, daña la fe de los fieles, etc., pero no que hace bien o mal. Eso se lo dirá Dios. Quizá no es libre de obrar.

Segunda forma

Leyenda del cuadro:


Pecado


Pecado bastante seguro


Pueden ser pecado o no

Las personas tenemos pensamientos y una esencia diferente de nuestras circunstancias (aspectos parciales nuestros: peso, altura, profesión, estudios, lugar de residencia,...)

Lo que no son personas ni tienen pensamientos ni una esencia diferente de sus circunstancias.

Las personas somos una cosa y hacemos otras. El resto no, porque carecen de libertad.

Tipo de frase

sobre Personas

sobre No personas

(cosas, animales, ideas,...)

Sobre

su esencia (1)

insulto: Fulano ES tonto Fulanita ES una vaca

error de concepo: Fulano ES bueno

error: ES un un mal cristiano, ES un hereje

(no tienen)


sobre uno de sus aspectos

Sobre lo íntimo: lo que piensan, su intención,

... (2)

Ojo: puede ser un juicio de intención

sobre la bondad de sus obras (3)


(la bondad es la utilidad al superior)

error

Fulano hace “el bien”, “el mal”


crítica, juicio temerario

Fulano hace bien, hace mal, Fulanita debe ...

es un buen auto

es un buen libro,

tomar el sol es bueno,

es una buena idea (podemos decirlo porque para ellas somos como Dios)

resto de aspectos

Fulano dice herejías

Fulano vive en adulterio

Fulano roba

Fulano es un buen carpintero

Fulano mide 1,5 metros

esto es un lápiz (aspecto: útil de escritura)

un gato es un felino (aspecto: familia de animales)

(El cuadro habla sólo de Personas, pero deben incluirse también los ángeles, caídos o no)

(1) SIEMPRE QUE USEMOS EL VERBO “SER” CON PERSONAS, NOS DEBEN SONAR TODAS LAS ALARMAS, pues excepto que digamos cosa ciertas esenciales e inamovibles de esa persona: “Antonia es mujer nacida en Veracruz el 5/5/1975, hija de su padre y de su madre, e Hija de Dios porque fué bautizada en tal día”, todo el resto de cosas que digamos sobre lo que esa persona ES, (sobre su esencia):

- Serán insultos o falsedades: “Antonia es alcalde, es ignorante, es gorda,...” porque no son su esencia: mañana puede ser sólo diputada, sabia y delgada. (Nació mujer y morirá mujer, porque tiene los cromosomas sexuales XX en todas sus células, hasta en la punta del pelo, aunque las leyes de los que mandan digan “que puede cambiar de sexo”). Mejor deberíamos decir “Antonia está de alcalde, desconoce muchas cosas, está gorda”.

Cuando un juez dice que alguien es culpable, está diciendo que alguien ha actuado ilegalmente, no pretende decir nada sobre la esencia de esa persona.

- Serán errores, como cuando dijeron a Jesucristo: “Maestro bueno”, respondió: “¿Por qué me llamas bueno? Nadie ES bueno sino sólo Dios.” Mc 10,18. Sólo Dios (y Jesucristo por ser Dios) SON buenos. Igualmene es erróneo decir “Fulano ES malo”, pues sólo el pecado ES malo. Incluso el Demonio no es malo en esencia, pues es una criatura de Dios y Dios no hace nada malo. El Demonio sólo hace mal uso de su libertad (peca).

- Serán simplificaciones erróneas: decir “es un mal cristiano”, en vez de “por lo que conocemos, no vive conforme a la doctrina”. La simplificación nos facilita acabar insultando o despreciando.

(2) Inferir las intenciones de alguien en base a lo que vemos, puede ser muy arriesgado. Es lo que se llama “juicio de intenciones”. Lo puede hacer un juez en un juicio, pero nosotros hemos de ser muy prudentes(*) antes de hacerlo, pues muy fácilmente nos equivocaremos y pecaremos. Y lo dicho en el resumen arriba: si hay hechos muy

claros, es pecado no suponer la intención.

El interior de la gente sólo Dios lo conoce con certeza.

«Ni aun a mí mismo me juzgo... Quien me juzga es el Señor. Así pues, tampoco vosotros juzguéis antes de tiempo, mientras no venga el Señor, que iluminará los escondrijos de las tinieblas y hará manifiestos los propósitos de los corazones» (1 Cor 4,5). (Ver cita completa al pie, en ***)

La Iglesia lo resume con la frase "De internis, neque Ecclesia judicat" (del interior, nada puede la Iglesia juzgar). Cuando la Iglesia condena herejes, no condena personas, sino lo que ellas dicen, y pueden arrepentirse y salvarse de la hoguera hasta cuando la están encendiendo.

Cierto es también que, una vez juzgados los hechos externos y apreciado que una persona miente habitualmente (por ejemplo), es ingenuo creer que no lo va a seguir haciendo en el futuro. La caridad cristiana nos obliga a esperar y desear que abandone su defecto, e incluso a rezar por él; pero la prudencia también nos obliga a no olvidar su defecto mientras no demuestre lo contrario.

(3) SIEMPRE QUE USEMOS “BIEN, MAL, BUENO, MALO” CON PERSONAS, NOS DEBEN SONAR TODAS LAS ALARMAS (excepto que hablemos sobre su profesión, como se explica en el punto siguiente: “es un buen carpintero”, “es un buen estudiante”)

La bondad o maldad de algo es si sirve o no para cumplir para lo que fué hecho. Dios puso toda la creación a nuestro servicio y nosotros estamos al servicio de Dios, y la Iglesia nos dice qué actos humanos sirven a Dios o no (son buenos o no) (nos lo dice con los 10 mandamientos, nuestros deberes de estado y los deberes hacia la Iglesia), pero el juicio último sobre ellos sólo es competencia de Dios.

Por las consecuencias del pecado original, sólo podemos estar seguros de nuestra intención.

Tenemos la guía de la ley de Dios, de las leyes de los hombres (si están inspiradas en la ley de Dios), y donde las anteriores no llegan (en muchos detalles diarios), nos quedamos solos con nuestro criterio (siempre imperfecto, inseguro, como consecuencia de las secuelas del pecado original), o los consejos que podamos recabar de otros.

Ejemplo 1: Damos una conferencia sobre el uso medicinal del agua de mar. Nunca tenemos la certeza de que eso sea lo que tenemos que hacer ese día. Tampoco de los demás asistentes. Quizá, hacen mal estando en nuestra conferencia y harían bien yendo a otra donde les hablasen de su salvación. Nosotros hacemos lo que creemos bueno para nosotros y ellos ese día, pero quizá el balance final, fué malo para ellos. Esto sólo Dios lo sabe. Sólo Él sabe lo que los demás “deberían” haber hecho, lo “bueno” para ellos.

Ejemplo 2: Somos un vendedor en una empresa. Conseguimos una pequeña venta a base de muchos gastos (viajes, comidas con el cliente,...). Podemos ser cortos de vista y decir que hicimos una “buena” venta, pero Dios, como el contable que ve todo el balance de la empresa, ve que esa venta “no ha salido a cuenta”; que la empresa, finalmente, ha perdido dinero, fué una “mala” venta. Mucho menos podemos juzgar buenas o malas las ventas de los demás, de las que no conocemos ni el beneficio ni los costes. A menudo nos cuesta o no queremos ver la realidad más allá de nuestras narices: por ejemplo, ver lo perjudicial de comprar en grandes sitios o de ver películas, y preguntamos “¿qué hay de malo en ver una película?”

También pecamos en el sentido contrario, al envidiar la santidad de otro. (Ojo, este es uno de los pecados que no tienen perdón).

Por lo dicho antes, tampoco podemos decir a nadie lo que tiene que hacer, (excepto que tengamos autoridad sobre la otra persona). Haríamos un “juicio temerario”. Pecamos doblemente si además les insultamos o nos enfadamos o entristecemos si no lo cumple (pecado contra el quinto mandamiento).

Tenemos clara la idea de lo que es pecado y lo que no, pero entre las diferentes posibilidades que tenemos que no son pecado, saber elegir la mejor, la que Dios nos manda en ese momento, no es fácil; incluso grandes santos tienen que recurrir a retiros, ayunos, y periodos de discernimiento para intentar conocer la Voluntad de Dios en su particular situación. De igual forma nosotros tenemos que estudiar, recibir buenos consejos y rezar pidiendo saber la Voluntad de Dios, el bien en cada momento. Por las consecuencias del pecado original, nunca sabemos con certeza la voluntad de Dios para nosotros en cada instante. Si no sabemos con certeza lo que más nos conviene a nosotros, ¿cómo podemos atrevernos a decir a otro lo que más le conviene?

  • Los reyes se rodean de consejeros para que le asesoren cómo mandar bien, la gente pide consejo a sus “mayores” (jefe de familia, padre, hermano mayor, jefe,...).

  • El “don de consejo” está reconocido como uno de los dones del Espíritu Santo.

  • “El Señor me deje atinar en cumplir su Voluntad” (V.26.6 Sta. Teresa de Jesús)

La falsa religión a que nos incitan los que mandan (la “Nueva Era”) niega la autoridad de nadie sobre nadie (excepto la suya, a través de leyes y bancos), socava las legítimas autoridades, exalta el poder del individuo (“tu puedes”,”el estado te apoya”,”tienes todo el derecho”,...); todo para que cada uno sigamos exclusivamente nuestro criterio (sólo para lo que nos envicia, no en lo que se opone a sus leyes o lo que dice el banco), y nos creamos dioses con el derecho de juzgar, despreciar o enfadarnos con los demás.

(4) Aunque creamos tener muchas pruebas de los pecados de una persona, hemos de ir con cuidado, pues:

  • siempre tenemos un conocimiento parcial de la situación, persona y pasado.

  • nunca sabemos si la otra persona ya se ha confesado y librado de sus pecados.

hasta el más pecador puede arrepentirse un día de todo su pasado y llegar a santo (como san Dimas), y nosotros salvarnos del infierno “por los pelos”: más por misericordia que por justicia divina.

Salvedad

Santo Tomás, en su Suma Teológica (en la traducción al español), habla de “los buenos”, “los malos”, “hacer el bien”, etc. y probablemente la traducción del latín sea correcta.

Esas expresiones son sólo formas resumidas de hablar: decimos “los buenos” queriendo decir “los que aparente y habitualmente obran justamente”, decimos “hacer el bien” queriendo decir “hacer obras conformes a la ley de Dios”.

Este artículo propone evitar esas expresiones en lo posible por lo que dicen los dos apartados siguientes. Esto es sólo una propuesta, a Ud. le corresponde juzgarla.

Ojo con el verbo “ser” aplicado a las personas

El español actual tiene dos verbos: el ser, que normalmente se usa para referirnos a la esencia de las cosas (“Fulano es un hombre”) y el estar, para referirnos a su circunstancia (“Fulano está casado”).

No hay mucho problema en usar indistintamente el verbo “ser” con lo que no son personas, pero con las personas trae inconvenientes:

  • En algunos casos crea ambigüedad, pues no sabemos si la frase “Fulano es francés” se refiere a su nacimiento (esencia, eterna) o a su nacionalidad (circunstancia, temporal, aunque habitualmente se mantenga toda la vida).

  • Podemos caer en el error, como cuando decimos “Fulano es bueno”, ya explicado antes.

  • Facilita la confusión entre lo que hacemos (buenas obras) y lo que somos. Nos facilita creer que somos alguno de nuestros aspectos no esenciales: médico, alcalde, cubano, etc. (¿No vemos que es diferente decir: “Estoy de alcalde” que decir “Soy alcalde”?). Dicho también en (7).

Porqué es tan importante hablar bien

Aparte de lo dicho en el apartado anterior, hablar bien facilita pensar bien, y ello, actuar bien (evitar el pecado). Hablarse de Usted, en vez de tutearse, facilita el respeto.

Por ello la “Neolengua”, la lengua que quieren imponer en la sociedad que describe la novela 1984, es tan importante: si no tenemos palabras, no podemos pensar. Si no podemos pensar, no podemos actuar. “En principio era el Verbo”.

Cómo lo hacemos para creernos “más” que otro

Ignorantes de todo lo dicho antes, nos dejamos inspirar por el demonio “orgullo” y así decimos que somos “más” o “menos” que otro (“mejor”, “superior”, “peor”,...).

El procedimiento que seguimos para llegar a esa conclusión es:

  1. Escogemos una característica (somos más altos o más bajos), o un hecho (haber hecho algo que el otro no ha hecho),

  2. nos olvidamos de todas las demás cosas, y

  3. en base a ese hecho parcial concluimos que “somos mejores”, o “somos peores” (que es el mismo error, ya sea para más o para menos).

“Como ella está más gorda que yo, yo soy mejor”.

Como no estamos dos iguales, siempre podemos encontrar algo que consideramos “mejor” o “más bonito” que la otra persona (“soy más bajita pero mis ojos son más bonitos”). Triple error:

  1. por juzgar que ser bajita es “malo” (la santidad no se mide por la estatura)

  2. por juzgar mis ojos “mejores” (la santidad no requiere unos ojos especiales)

  3. por menospreciar a la otra persona por ello.

No miramos a los demás como Dios los mira, poseídos por el Espíritu Santo, sino desde nuestro orgullo, poseídos por ese demonio.

También podemos empezar a hacer juicios injustos inspirados por cualquier otro demoniete que obedezcamos: envidia, odio, gula, lujuria,...

Cómo quizá llegamos a juzgar y airarnos mal

De pequeños vemos juzgar a nuestros padres. Nos dicen “no hiciste lo que te mandé, lo que debías”, se enfadan con nosotros y nos castigan por ello. Todo esto está bien, porque es su obligación por tener autoridad sobre nosotros.

Como crecemos copiando, acabamos haciendo lo mismo que ellos, pero extralimitándonos en nuestra autoridad y juzgando, enfadándonos y queriendo castigar a otros sobre los que no tenemos autoridad: vecinos, compañeros de trabajo, amigos,... Y si somos padres, con ello además damos mal ejemplo a nuestros hijos que lo copiarán y ...

Leemos la Biblia y vemos cómo Jesús y los apóstoles juzgan bueno o malo, maldicen, usan la violencia física para restablecer la justicia (entre los vendedores del templo),... y nosotros, que queremos conformarnos a Él, tratamos de imitarle y lo hacemos mal. Copiamos algunas de sus obras externas sin darnos cuenta que eso es lo último que tenemos que copiar, que antes tenemos que copiar cosas mucho más importantes. Igual que cuando nos compramos un auto igual que el que tiene un empresario famoso para asemejarnos a él. Pero no es el auto el que le hace gran empresario sino al revés: por tener que atender muchas obligaciones distantes unas de otras él necesita ese auto. A nosotros nos falta mucho para asemejarnos completamente a Jesucristo y poder hacer justamente algunas de sus obras.

No debemos decir que el sr. X se condenará

Pocos santos obtuvieron el privilegio de saber su predestinación. Difícilmente por tanto nosotros podemos saber la nuestra o la de otro. La salvación se decide en el momento de la muerte, por la “perseverancia final”, gracia que no podemos merecer hagamos lo que hagamos en la vida (misterio, pero es así).

Del Sr. X sólo vemos una parte. Sólo Dios le ve completo. Quizá a él le dió menos talentos que a nosotros, le exigirá menos y se salvará. Y nosotros, recibiendo más talentos y produciendo menos, nos condenaremos (Dios no lo quiera).

Ciertamente, si tenemos un hijo apóstata, debemos recordarle su situación y a dónde lleva. Cuando no tenemos autoridad sobre la otra persona también, como hacían los misioneros. Y los estilos de evangelización son innumerables: parece que San Francisco prefería predicar con el ejemplo, pero también hacía viajes catequizando. La decisión de hablar a otra persona en un momento o en otro sobre este tema, o no hablarle, forma parte de las decisiones de cada día que hemos de pedir inspiradas por el Espíritu Santo. No hay regla fija. La única sería no decir que alguien se condenará por odio o despecho.

Cómo hacer los juicios justos (sobre lo que la gente hace)

En base a las leyes de los hombres o la ley de Dios

Las leyes de los hombres, para ser justas, deberían no contradecir la ley de Dios. En los tiempos actuales esto no es así en muchas ocasiones y tenemos que elegir entre servir a Dios o cumplir la ley. Pero aparte de estos casos:

  • Tenemos que ocuparnos de meter en la cárcel a los que hacen cosas mal. No Dios.

  • Pero su destino al infierno o al cielo es competencia exclusiva de Dios. No nuestra.

Y así, cuando un adulto conduciendo un auto comete una imprudencia temeraria, el juez también le castigará según la ley de los hombres (Código de circulación: delito de imprudencia temeraria).

Así también, cuando nuestro hijo nos dice "lo hice sin querer", sin querer le tenemos que castigar por ese hecho. ("Sin querer nosotros" porque es a nosotros a quien nos duele más el castigo que a él).

Aplicando el criterio personal o pidiendo consejo

Hay veces en que ni las leyes de los hombres ni la ley de Dios hablan de lo que tenemos que juzgar.

Por ejemplo: ninguna ley dice de qué debe estudiar nuestro hijo o de qué color debemos ponernos hoy la camisa.

Aquí es donde tenemos que pedir consejo o usar nuestro criterio.
(Evidentemente nuestro criterio nunca debe ir contra la ley de Dios).

Por las consecuencias del pecado original, ya no sabemos con certeza lo que es bueno. La Iglesia nos guía hasta donde puede, pero no puede decirnos lo que tenemos que hacer a cada momento.

Debemos intentar que nuestro criterio sea siempre JUSTO, es decir, de acuerdo con lo que entendemos que sería la voluntad divina. Una buena guía es preguntarnos e imaginar: ¿qué haría Jesucristo en esta situación?

Puede que con el tiempo veamos que la decisión que tomamos un día fué equivocada. No pecamos en su día pues hicimos lo que creímos mejor, pero a partir de hoy tenemos que actuar de acuerdo con la nueva decisión. Sin remordimientos, pues lo hicimos con la mejor intención, y con diligencia, pues ahora ya vemos que fué un error.

Y más fiesta se hace en el cielo por un hijo pródigo que vuelve que por cien hijos fieles.

Cosas que se oyen

“No debemos clasificar a la gente antes de conocerles bien”

Falso, porque no tenemos todo el tiempo del mundo.

“Hay que ser tolerante”, “hay que tener amplitud de miras”

Falso. No podemos ser tolerantes, sólo tolerar algunos pecados ajenos, no todos. Estas frases ambigüas son la típica propaganda de los que mandan, inspirada por el demonio. Por un lado nos dicen eso y por el otro nos aplican inmisericordemente sus leyes injustas.

(*) La prudencia

Ser prudentes” no es poner mucha atención al pecado que estamos cometiendo, como cuando hacemos una infracción de tráfico que miramos hacia todos lados antes de hacerla.

“Ser prudentes” tampoco es “hacer las cosas despacio”. Podemos haciendo despacio maniobras prohibidas y provocar graves accidentes.

Y la prudencia no suple el conocimiento. Si no sabemos manejar una herramienta, acabaremos dañándola o provocando un accidente.

Ser prudentes es abstenerse de obrar por el grave accidente que podemos producir por circunstancias que no somos capaces ni de imaginarnos. En lo que hablamos aquí, ser prudentes es callarse en el 99% de los casos.

(**) La autoridad

La autoridad viene de Dios, la autoridad es el representante de Dios en ese ámbito. Por eso, igual que Dios nos dió los mandamientos y es justo castigando, el que tiene autoridad debe mandar a sus inferiores y corregirles en su caso. Así, el cabeza de familia es el delegado de Dios en ella. El hermano mayor sobre el menor. El jefe de empresa lo es sobre sus empleados. Cada uno sobre los temas de su competencia: el jefe no tiene autoridad para decir a un empleado qué debe hacer con sus hijos, pero sí sobre el trabajo en la empresa y debe velar por la salud espiritual de sus subalternos.

No estamos obligados a obedecer cuando nos manden cosas contrarias a la ley de Dios y “el abuso de poder del superior sea cierto, notorio y en cosa esencial”, según S. Roberto Belarmino.

(***) Cita completa

I Cor 4,3:

“En cuanto a mí, poco me importa ser juzgado de vosotros, o de humano día (10): pues ni aun yo me juzgo a mí mismo (11).

Porque de nada me arguye la conciencia: mas no por eso soy justificado(12): pues el que me juzga es el Señor(13).

Por lo cual no juzguéis antes de tiempo, hasta que venga el Señor(14) : el cual aclarará aun las cosas escondidas en las tinieblas, y manifestará los designios de los corazones: y entonces cada uno tendrá de Dios la alabanza.


(10) El día del Señor es el del juicio. El día humano, o del hombre, es el tiempo que precede en esta vida mortal.

(11) Porque solo Dios conoce el fondo de nuestro corazón, y encuentra frecuentemente defectos, que nosotros no conocemos. (Crisóstomo)

(12) No por esto me contemplo exento de toda falta.

(13) El cual solo sabe el precio y el valor de nuestras acciones; y él mismo las hace buenas y dignas de recompensa. (San Agustín)

(14) No prevengáis el juicio del Señor, el cual pondrá en claro a la vista de todo el mundo las intenciones, fines y designios, que cada uno tuvo aun en el mismo bien que obró.

(Textos y comentarios de los santos padres en la biblia vulgata de Scio).


Porque de nada me arguye la conciencia: mas no por eso soy justificado”(Aunque obre con la conciencia limpia, tranquila, creyendo que actúo bien, con buena intención; puedo estar actuando mal por los defectos que están en nuestro corazón y que ni nosotros mismos conocemos).



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