Más
info

Índice de temas religiosos
El (anti) papa Francisco trabaja para el Demonio

Estas páginas son apuntes que pueden contener errores de un servidor y se van mejorando con el tiempo y la gracia de Dios.

Qué es el orgullo (el ego)

Todos tenemos un parásito en el cuerpo que nos hace creer que somos algo (alcalde, campesino, guapo, rico,...) : ese parásito es el ego.

Ejemplo de persona libre del ego: el chino del cuento, o simplemente, Jesucristo.

Es el demoniete que habitualmente nos posee, nos domina. La Iglesia lo llama “el orgullo”, y hacerle caso, hacer lo que nos dice, es la raíz de todos los pecados. Algunos lo llaman “la importancia personal”. (La diferencia con la “vanidad” está muy bien explicada en el libro “El criterio”, del P. Jaime Balmes).

El orgullo fue el primer pecado, el que cometió Lucifer cuando rechazó colaborar cuando Dios anunció a los ángeles el plan de redención (que consistía en el sacrificio de su Hijo encarnado en forma de hombre. Los hombres somos seres menos perfectos que los ángeles, aunque podemos hacer cosas más importantes de las que ellos pueden, como la Misa).

Nos hace creer que somos perfectos:

que es lo contrario de sabernos pecadores (el justo peca 7 veces al día).

Cuando obedecemos a nuestro orgullo (creemos que lo sabemos todo), vivimos un pequeño aperitivo de lo que viviremos plenamente en el infierno. Porque cuando creemos que sabemos todo es inevitable vivir desesperamos (porque la vida sin fe, esperanza y caridad es bien absurda, negra y triste).

El orgullo perturba nuestros sentidos y nos hace no percibir nuestros pecados o echar a los demás la culpa de ellos.

El orgullo también nos ciega a la realidad porque nos confunde: nos hace tomar como real lo que son suposiciones nuestras, y luego sacamos conclusiones en base a esas cosas inexistentes y claro, llegamos a conclusiones inexistentes, falsas.

El orgullo hace que nos fijemos en lo que lo alimenta y dejemos de ver todo lo que hay alrededor, incluso lo más evidente o importante.

También le obedecemos cuando intentamos justificar una ignorancia culpable, diciendo “Yo, pobre de mí, soy un ignorante. Los curas son los que saben de estas cosas. Yo pongo mi confianza en lo que ellos me dicen”.

Es como un bichito que todos tenemos dentro. (Es un ser vivo)

Conviene tenerlo lo más arrinconado o lejos posible. No es posible deshacerse totalmente de él, pues hasta los más santos pueden ser dominados por él hasta el último momento de la muerte.

El bicho tiene la mala tendencia de querer dominarnos y que nos dediquemos todo el día a hacer lo que nos dice.

Suplanta nuestra verdadera identidad.(Muchas veces estamos muy poseídos por nuestro ego y no nos damos cuenta. A veces ni siquiera nos damos cuenta de cuando nos enfadamos).

Para que no lo haga, debemos estar siempre atentos. No hay otra forma.

O estamos atentos nosotros (a lo que hacemos, pensamos y sentimos) o este bichito es el que toma el control de nuestra vida: lo que pensamos, sentimos, hacemos y cómo vemos el mundo.

Vemos el mundo o como nos lo dictan todos los egos, demonietes que hacemos caso o como lo vería Cristo. No hay más opciones..

Dirán: ¿No es esta atención agotadora?

O manda él en nuestra vida o nosotros. No hay alternativa.

El ego es todo lo que nos empuja a hacer algo diferente de lo que sabemos (con mayor o menor claridad en cada situación) como “voluntad de Dios”.

Es lo que Jung llamaba "la sombra" (y llamaba EGO a nuestra esencia divina).

Está muy relacionado con nuestros hábitos, costumbres, preferencias fijas que tenemos. Por ser fijas, en algún momento serán inadecuadas, contrarias a la voluntad de Dios.

Nuestros egos van cambiando con el tiempo: por ejemplo, el demonio que nos empujaba a pelearnos tirándonos piedras lo alimentamos de pequeños, pero le abandonamos de mayores.

El ego no es nuestro carácter o personalidad, las tendencias que tenemos a comportarnos de una manera o de otra (colérico, sanguíneo, flemático, melancólico), según si ante una dificultad “nos crecemos” (colérico y sanguíneo) o no, y durante cuánto tiempo (mucho para los coléricos y melancólicos, poco para el resto). Cada uno tenemos uno o dos caracteres predominantes, sin que ninguno sea mejor que los demás. Podemos usar el caracter que tenemos (sea cual sea) para hacer el bien o el mal.

Lo que cuesta dominar el ego

Prepárese porque la fiera se enfada cuando no se la echa de comer.

Esa fase se llama 'la noche oscura del alma'(*), porque ya no podemos tener la tranquilidad de estar en sitio conocido (aunque fuera un infierno) ni tenemos el gozo del sol naciente.

(*) Como decía San Juan de la Cruz.

El ego suplanta nuestra verdadera identidad

Es un bicho que nos tiene tan esclavizados que hace que nos olvidemos de quién somos.

Nos hace olvidarnos de quienes somos y nos hace creemos que somos él, un bicho.

El bicho me obliga a enfadarme cuando alguien habla mal de mi profesión, convicciones, sentimientos, cuerpo, posesiones,...

Todo el día luchando por, defendiéndonos de.

Pero puedo cambiar de profesión, convicciones, sentimientos, cuerpo, posesiones,...porque nada de eso soy yo.

Puedo cambiar todas mis ideas y seguir siendo yo.

Puedo darme cuenta que he estado equivocado en todo hasta ahora y seguir siendo yo.

El dinero es el “socio capitalista” del orgullo

El que le financia, el que le permite hacer muchas cosas que sin él no podría.

Por eso Jesucristo decía que era tan difícil para los ricos entrar en el reino de los cielos.

Porque:

El general Franco en España le dijo a Vicente Ferrer: "el dinero es lo que pervierte a los pueblos".

Trucos para tratar con el orgullo

¿Cómo vemos cuando el bichito está tomando el control de nuestros pensamientos -y de nuestro cuerpo?

Por cómo nos sentimos:

Si no estamos gozosamente en paz, con dicha interior, (aún en las peores circunstancias), es que uno de nuestros egos está dominándonos. (Externamente nos comportamos como convenga, pero siempre con infinita paz y gozo interiores).

Por el tipo de pensamiento.

Todos los pensamientos del tipo:

(Cuando algo nos quita la paz interior, es que ese algo está despertando a alguno de nuestros egos)

Todos los pensamientos obsesivos, darle vueltas a las cosas inútilmente. (Si he roto un vaso, no pasar todo el día pensando en ello).

Por lo que hacemos:

todas las cosas que hacemos mal y lo sabemos

Pero si me pisan el pie, ¿qué hago con mi dolor?

Pues nada de sufrir y enojarse. El demonio de turno estará encandado de que lo hagamos (así toma él el control). Y al cabo del rato, (cuando nos calmemos), nos devolverá el cuerpo agotado por la ira, eso si no iniciamos una pelea con resultados peores.

En vez de ello,

miramos los hechos: si nos han hecho alguna herida, masajeamos el pie para que no se amorate demasiado,... y usamos el dolor para lo que es: para informarnos de que algo anormal pasa en alguna parte del cuerpo.

En vez de ello,

tratamos de comprender la situación: quizá descubramos que quien nos ha pisado está ciego o va cargado con mucho paquetes que le impiden ver dónde pisa, etc.

¿Y si es un dolor mental, como recibir un insulto?

Pues más fácil, porque el único quien se ofende es... el bichito “orgullo”. Lo que de verdad somos nosotros no va a cambiar porque alguien nos insulte.

¿Y es bueno esto de no enfadarse ni alegrarse?

Podemos (y debemos) mostrar alegría o enfado cuando las condiciones externas (sociales) lo exijan, pero sabiendo que lo hacemos sólo por eso.

Hay un gozo más allá, (o por encima) de la alegría del bichito.

¿Y entonces qué hacemos?

Pues hagamos lo que está más allá, (o por encima), del 'me gusta' / 'me disgusta' y del resto de pensamientos del bichito.

Hagamos como Armónica, en la película "Érase una vez en el Oeste"

Hagamos lo que decía Tolstoi (en 'Amar al prójimo'): cumplamos con (lo que entendamos) nuestro deber. (El nuestro, ¡no de ninguno de nuestros egos! Ojo, también tenemos los “egos buenos” que nos perjudican tanto como los “egos malos”)

Ojo, bien seguros que lo que entendemos como nuestro deber es lo que nos dice el Cristo que llevamos dentro, no una sugerencia del Demonio, de uno de nuestros egos

Blas de lezo parece que seguía lo que sentía su deber, independientemente de todas las dificultades.

Con la serenidad del chino del cuento.

Copyright  -  Aviso legal      
Arriba