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El (anti) papa Francisco dice herejías

El Diablo (el Demonio, Satanás)

Poco después de la creación, Dios anunció a los ángeles su plan de encarnarse en forma de hombre, y que, como consecuencia, los ángeles tendrían que servirle siendo hombre.

Lucifer, que era uno de los ángeles más excelsos, se lo tomó como una humillación, pues los hombres -y mujeres- somos criaturas más imperfectas que los ángeles.

Y respondió: “Non serviam” (“yo no voy a servir a un hombre”). Desde entonces nos tiene envidia (ver nota al pie) y quiere que nos condenemos como él.

Por ello, Satanás es el señor de la separación. Separación de todo:

El Diablo es una criatura, un ángel creado por Dios que vive en el infierno que Dios tuvo que crear para alojarle cuando se negó a obedecerle.

El “Tratado del Espíritu Santo” de Mons. Gaume (1864) es muy claro y ameno y explica muy bien la influencia del Demonio en el mundo. (Ver extractos aquí).

Como criatura, Dios sólo le deja hacernos lo que es conveniente para nosotros.

Los caballos de salto pueden decir: "Qué malo es este jinete que me hace saltar estos obstáculos cada día". Pero cuando fortalecido por el ejercicio gana el campeonato bien contento que está él y su jinete.

El diablo es el que nos incita a hacer el Mal.

Él es el Señor de la Mentira, de donde procede toda mentira, y cuando tentó a Cristo en el desierto (Lucas 4,1-13) dijo una mentira :

"Todo este poder y su gloria te daré, pues a mí me ha sido entregado, y a quien quiero se lo doy; si, pues, te postras delante de mí, todo será tuyo".)
Toda la gente que hace magia para conseguir las cosas que quiere está pidiéndoselas al Diablo, porque incumplen el primer mandamiento de la ley de Dios: "Amarás a Dios sobre todas las cosas" (No tendrás más dios que a mi).

El Diablo nos tiene esclavizados hasta que descubrimos a Cristo en nuestro interior y le servimos.

Nuestro ego, o nuestros innumerables egos, son demonios a su servicio (los demonios son criaturas al servicio del Diablo)

(Decimos "se le llevaban los demonios", cuando alguien se deja dominar por sus egos)

Uno de los significados del nombre que los musulmanes dan al demonio es "el obsesionador".

Según Giovanni Papini, "el dinero es el excremento del Diablo".

(Muy recomendable su libro "Jesús de Nazaret, sobre la vida de Cristo")

El Diablo odia que seamos austeros, porque tiene menos cosas con que tentarnos.

(Aunque nunca estamos a salvo completamente de él, pues incluso haciendo de ermitaños podemos caer en el orgullo de nuestra pobreza).

Nos ataca más cuanto más intentamos seguir a Cristo. Al resto no tiene ni que tentarles, ellos le sirven encantados (como se explica en el cuento).

Es el que inspira a los que mandan.

En estos últimos siglos el Diablo se ha apoderado grandemente de casi todas las organizaciones humanas (y se ha apoderado de todo el poder temporal de la Iglesia desde 1958). Esto hace cada vez más difícil resistir a sus ataques: sólo nos queda la devoción a Nuestra Santísima Madre y su Rosario.

En la Edad Media, donde estaba más extendido el Reino de Dios sobre la tierra (sobre todo en Europa), era justo lo contrario, pues cualquier pecado era atacado por toda la gente desde el rey hasta el súbdito más pobre, y por tanto, cada uno recibía apoyo de todos lados para no pecar. (Ver libros de Régine Pernoud).

Esta carencia de apoyos hace que en la situación actual:

Ver directamente al Diablo provoca la muerte, tal es su fealdad. Ver cualquier cosa fea nos daña, este es uno de los motivos por el que los que mandan promueven lo feo (ciudades llevas de grafittis, moda de la ropa rota con agujeros, coches de color gris -en vez de dorado-,...) y tendemos a evitar volver a ver la fealdad, por eso los que mandan ponen estatuas monstruosas en lugares sagrados -Montserrat-).

Las “malas noticias” (que tanto abundan en los medios) también nos dañan de diversas formas (evidentemente, todos los medios de comunicación importantes están al servicio de los que mandan). Las imágenes de esas “malas noticias” también nos dañan, igual que las imágenes de gente con más relación con los que mandan. Eso, siempre que además no sean imágenes retocadas. Por eso conviene usar varios navegadores (uno configurado para ver las imágenes, y otro para ver noticias sin ellas).

Ver directamente a Dios también provoca la muerte, por el motivo completamente contrario. Por eso, antes de ir al cielo y verle (a más o menos distancia según nuestros méritos aquí), quizá tengamos que pasar un tiempo en el Purgatorio, pagando la pena temporal que debamos y preparándonos, limpiándonos, para poder ver a Dios en el cielo.

El diablo nos tiene envidia

La encarnación de Dios en forma de hombre es un gran privilegio para nosotros pues nos permite llegar a participar de la divinidad a un grado que los ángeles no pueden ni podrán. Y nos permite, por ejemplo, hacer, ir a misa (en los escasísimos sitios que las hay), que es lo más grande que un hombre puede hacer en su vida y que los ángeles no pueden hacer.

Somos los seres más privilegiados por Dios de toda la creación, por delante de los ángeles; que somos Hijos de Dios (los bautizados). Por eso Satanás nos tiene envidia y desea nuestro mal, que nos vayamos con él y no veamos a Dios.



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