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El Sr. Bergoglio dice herejías

El Diablo (el Demonio, Satanás)

Es una criatura (creada por Dios) que quiere que nos condenemos (eternamente). Que es lo mismo que le vendamos el alma. Así es como nos tienta, así es cómo podemos distinguir las inspiraciones del diablo. Aquí hay trucos para tratar con sus tentaciones. Esta es una metáfora de cómo vendemos nuestro alma al demonio. Aquí es cómo lo hacemos sin metáfora.

El “Tratado del Espíritu Santo” de Mons. Gaume (1864) es muy claro y ameno y explica muy bien la influencia del Demonio en el mundo. (Ver extractos aquí).

Como criatura, Dios sólo le deja hacernos lo que es conveniente para nosotros.

Los caballos de salto pueden decir: "Qué malo es este jinete que me hace saltar estos obstáculos cada día". Pero cuando fortalecido por el ejercicio gana el campeonato bien contento que está él y su jinete.

Es el que nos incita a hacer el Mal.

Él es el Señor de la Mentira, de donde procede toda mentira, y cuando tentó a Cristo en el desierto (Lucas 4,1-13) dijo una mentira :

"Todo este poder y su gloria te daré, pues a mí me ha sido entregado, y a quien quiero se lo doy; si, pues, te postras delante de mí, todo será tuyo".)
Toda la gente que hace magia para conseguir las cosas que quiere está pidiéndoselas al Diablo, porque incumplen el primer mandamiento de la ley de Dios: "Amarás a Dios sobre todas las cosas" (No tendrás más dios que a mi).

El Diablo nos tiene esclavizados hasta que descubrimos a Cristo en nuestro interior y le servimos.

Nuestro ego, o nuestros innumerables egos, son demonios a su servicio (los demonios son criaturas al servicio del Diablo)

(Decimos "se le llevaban los demonios", cuando alguien se deja dominar por sus egos)

Uno de los significados del nombre que los musulmanes dan al demonio es "el obsesionador".

Según Giovanni Papini, "el dinero es el excremento del Diablo".

(Muy recomendable su libro "Jesús de Nazaret, sobre la vida de Cristo")

Lo que más odia el Diablo es cuando somos austeros, porque tiene menos cosas con que tentarnos.

(Aunque nunca estamos a salvo completamente de él, pues incluso haciendo de ermitaños podemos caer en el orgullo de nuestra pobreza).

Nos ataca más cuanto más intentamos seguir a Cristo. Al resto no tiene ni que tentarles, ellos le sirven encantados (como se explica en el cuento).

En estos últimos siglos el Diablo se ha apoderado grandemente de casi todas las organizaciones humanas (y se ha apoderado de todo el poder temporal de la Iglesia desde 1958). Esto hace cada vez más difícil resistir materialmente a sus ataques.

En la Edad Media, donde estaba más extendido el Reino de Dios sobre la tierra (sobre todo en Europa), era justo lo contrario, pues cualquier pecado era atacado por toda la gente desde el rey hasta el súbdito más pobre, y por tanto, cada uno recibía apoyo de todos lados para no pecar. (Ver libros de Régine Pernoud).

Esta carencia de apoyos hace que en la situación actual:

  • es más difícil no pecar

  • los pecados los pagamos más caro

  • para no condenarnos, tenemos que ser mucho más santos que entonces, tenemos que vivir mucho más consecuentemente con nuestra creencia: basarnos en la gracia de Dios y menos en nuestras fuerzas.




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