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Índice de temas religiosos
Francisco es un anti-papa (trabaja para el Demonio)

El Diablo (el Demonio, Satanás, Lucifer, Baphomet)

Alias “El frío personificado”.

Índice

Características del diablo

Lo que le gusta

Lo que odia

Lo que puede y lo que no

Situación actual

Exorcismos

Características del diablo

Cuando fueron creados los ángeles, ellos no conocían al detalle los planes de Dios sobre el hombre: ni que iba a ser “a su imagen y semejanza (de Dios)” ni que el Hijo se iba a hacer hombre. Hasta entonces ellos eran las criaturas más excelsas. Cuando Dios les comunicó sus planes, esto les colocó en una situación semejante a la nuestra: tuvieron que elegir sobre un tema que no conocían completamente. Tuvieron que elegir entre obedecer “un poco a ciegas” a Dios (su creador: “casi nada”) o hacer lo que Satanás hizo: responder “Non serviam” (“que con él no contaran para trabajar en ese plan”).

Dos tercios de los ángeles aceptaron seguir sirviendo a Dios, fuera para hacer lo que fuera. Un tercio de los ángeles, liderados por Lucifer, se negaron.

Los ángeles tienen la característica de que no pueden cambiar de parecer: una vez han dicho “Digo”, no pueden decir luego “Diego”. Por ello, en el mismo instante que se negaron, Dios tuvo que crear el infierno para alojarles, y que estuvieran allí para siempre. Condenados a no ver jamás a Dios, como antes sí veían, ven el resto de ángeles y veremos los que nos salvemos. Por ello nos tienen odio y envidia.

condenadoImagen típica de un condenado, suspendido por cadenas por las muñecas. Esta figura la han puesto encima de un altar delante de la imagen de la Virgen en Santa María de Montserrat (España). Evidentemente no es Cristo, no hay ni cruz, ni corona de espinas, ni herida en el costado ni está crucificado.

El Diablo es una criatura, un ángel, no tiene “nada que hacer” en su lucha contra Dios.

Todo esto está más explicado en el Tratado del Espíritu Santo, capítulo III.

Diablo es frío, Dios es calor

Entre el frío y el calor, el Demonio es el frío y Dios el calor. El Diablo es “El frío personificado”. Dios en nuestros prójimos. R. Plus. p. 137. El Demonio no es frío, pero el frío es lo que más puede recordarlo. Dios tampoco es fuego, calor, luz, pero son las cosas que más nos lo recuerdan. Por eso la vela está encendida en el tabernáculo cuando hay hostias consagradas dentro, porque allí está Dios.

¿Por qué el fuego simboliza a Dios y no otra cosa? Porque la tierra nos recuerda la firmeza de la roca, lo quieto, lo paciente, inperturbable; el agua la humildad (porque siempre busca el sitio más bajo), el aire el movimiento, el cambio (“cambia más que una veleta”), y el fuego es el poder: los volcanes, el sol abrazador, las armas de fuego,... y uno de las características de Dios es ser poderoso, como decimos en el Credo (patrem omnipotentem). A veces Dios castiga, usando su poder, con fuego: el fuego del infierno. Y en las imágenes del “sagrado corazón”, se le representa como fuente de fuego.

Además el diablo nos tiene envidia

La encarnación de Dios en forma de hombre es un gran privilegio para nosotros pues nos permite llegar a participar de la divinidad a un grado que los ángeles no pueden ni podrán. Y nos permite, por ejemplo, hacer, ir a misa (en los escasísimos sitios que las hay), que es lo más grande que un hombre puede hacer en su vida y que los ángeles no pueden hacer.

Somos los seres más privilegiados por Dios de toda la creación, por delante de los ángeles; que somos Hijos de Dios (los bautizados). Por eso Satanás nos tiene envidia y desea nuestro mal, que nos vayamos con él y no veamos a Dios.

Comparativa entre Dios y el Diablo

Dios

El Diablo

Es dios

Es una criatura (creada por Dios)

Siempre nos dice lo que más nos conviene. (Nos lo dice continuamente, otra cosa es que nosotros queramos o sepamos escucharle).

Siempre engaña. Que no quiere decir que siempre diga mentira: “si, ese camino lleva a Roma” (verdad, pero es un camino que pasa por la Antártida y hay otro camino que va recto a Roma que no nos dice). No hay nada peor que una verdad a medias, porque la media verdad nos atrae, nos convence, y caemos en la media mentira.

Cada uno tenemos predestinado una silla a una distancia de Dios en el cielo. Nosotros cuando pecamos alejamos de Dios la silla que ocuparemos en el cielo (y podemos llegar a condenarnos). Con nuestros méritos acercamos de nuevo la silla a Dios, pero no más del sitio predestinado.

El Demonio tiene su agenda de actos para tratar de arrebatar el máximo de almas a Dios. Para avanzar en esa agenda engaña, usa, miente a los que aceptan servirle.

Les promete lo que no cumplirá.

Dios, para cumplir su plan en la Tierra, nunca va a alejar la silla de nadie en el cielo. Sólo nosotros la alejamos.

El Diablo, para alcanzar lo que se propone, no duda en dañar o destruir a los que le sirven.

Nosotros, para él, NO somos “medios”, instrumentos, herramientas, que si es preciso se gastan, se destruyen, para conseguir el fin.

Nosotros, para él, somos “medios”, instrumentos, herramientas, que si es preciso se gastan, se destruyen, para conseguir el fin.

“El fin no justifica los medios”

“El fin justifica los medios”

Dios quiere que todos nos salvemos, pero para conseguirlo no se impondrá a nuestra libertad.



De nosotros, miserables criaturas, Dios respeta nuestras decisiones.


Sabe todo.

No puede leer nuestro pensamiento, sólo ve las cosas materiales que hacemos.

Nuestro Señor nos promete una fila de enemigos, de dificultades, cada vez más fuertes, para irnos desarrollando paulatinamente. (Es como si nos prometiera 20 años de estudio desde párvulos que aprendemos a contar hasta los mayores estudios universitarios de matemáticas). Para nacer casi como animales a llegar a ser santos.

El diablo promete a la gente lo que sabe que “es su debilidad”. Les maneja a través de sus debilidades. Por eso es imprescindible tener algún vicio grave oculto para triunfar en “el mundo” o ser captado por las sociedades secretas.

Empezando por un vicio consigue que vayamos rebajando nuestra dignidad hasta perderla totalmente, y ser peores de animales.

Nuestro Señor nos ofrece un camino estrecho, lleno de piedras y espinas, difícil, para entrar en la felicidad (eterna).

El diablo ofrece un camino ancho, una puerta ancha, fácil, cómoda, para entrar en la felicidad (realmente es para entrar en el infierno).

Con Dios cada vez somos más libres. Cada vez somos más fuertes que nuestras tendencias heredadas, que nuestras tendencias malsanas más innatas, que nuestras malas tendencias de carácter. Logramos hasta dominar la lengua.

Siguiendo al Demonio cada vez somos más esclavos, cada vez estamos más en sus redes, estamos más liados, comprometidos, esclavos de unas cosas y otras. Esclavos de nuestros vicios, de nuestros pecados. No podemos frenarnos de hacer o decir cosas que sabemos que luego nos arrepentiremos. (Sabemos que si vamos con esos amigos luego será difícil despedirse de ellos, y vamos).

Dios tiene misericordia infinita con nosotros, siempre que hagamos penitencia (le pidamos perdón, nos propongamos no caer en el pecado, etc.) Evidentemente, si hemos roto un plato no nos quita de pagarlo.

Si vendemos nuestro alma al diablo y luego no somos obedientes a sus órdenes, no perdona: nos castiga duramente o nos mata.

Qué le gusta al Demonio

Dado que Dios es el Señor de la unidad, Satanás es el señor de la separación. Separación de todo:

La inteligencia es la facultad que nos permite tanto distinguir, separar, como relacionar unas cosas con otras. El Diablo pretende sólo separar, aislar, independizar, unas cosas de otras, resaltar y que nos fijemos en las diferencias. Para Dios, la inteligencia suprema, todo lo creado es Su única, una, creación. Dios ve la relación de todo con todo nítidamente. A nosotros, con nuestra inteligencia que es como la de Dios (porque estamos hechos a su imagen y semejanza), pero mucho menos desarrollada, nos cuesta esfuerzo ir viendo la relación entre las cosas, abstraernos de los detalles y llegar a las esencias que unen.

El “Tratado del Espíritu Santo” de Mons. Gaume (1864) es muy claro y ameno y explica muy bien la influencia del Demonio en el mundo. (Ver extractos aquí).

El Demonio es mucho más inteligente que nosotros. Vivir sin la ayuda continua de la Virgen, los santos, los mártires, y Jesucristo, es como pelear con piedras y palos contra aviones de guerra.

Él es el Señor de la Mentira, de donde procede toda mentira, y cuando tentó a Cristo en el desierto (Lucas 4,1-13) dijo una mentira :

"Todo este poder y su gloria te daré, pues a mí me ha sido entregado, y a quien quiero se lo doy; si, pues, te postras delante de mí, todo será tuyo".)

El Diablo es el dueño de los que pecan: “El que peca, es del Diablo” (I Epístola de S. Juan 3,8)

El Diablo nos tiene esclavizados hasta que descubrimos a Cristo en nuestro interior y le servimos.

Nuestro orgullo, o nuestros innumerables vicios, es nuestra sumisión a demonios a su servicio (los demonios son ángeles caídos al servicio del Diablo)

Decimos "se le llevaban los demonios", cuando alguien se deja dominar por uno de sus vicios (ira, orgullo, lujuria,...).

Uno de los significados del nombre que los musulmanes dan al demonio es "el obsesionador".

Según Giovanni Papini, "el dinero es el excremento del Diablo".

(Muy recomendable su libro "Jesús de Nazaret, sobre la vida de Cristo")

Ver directamente al Diablo provoca la muerte, tal es su fealdad. Ver cómo nos daña la fealdad.

Lo que odia el Demonio

Odia el latín, lengua oficial de la Iglesia.

De los seres inanimados, el diablo odia al agua, porque por el bautismo, la Virgen se convierte en madre del nuevo creyente y nos hace hermanos de Jesucristo.

Odia que seamos austeros, porque tiene menos cosas con que tentarnos. (Aunque nunca estamos a salvo completamente de él, pues incluso haciendo de ermitaños podemos caer en el orgullo de nuestra pobreza).

Odia especialmente a las mujeres

Pues por una de ellas Dios se encarnó como hombre (que decíamos arriba que fue lo que destapó su orgullo y se condenase). Odia especialmente a la Virgen, “la más bendita entre las mujeres” que ha habido ni habrá jamás, madre de Dios y madre (espiritual) nuestra.

Y además la Virgen es también “regina angelorum” (reina de los ángeles), tal como recitamos en las letanías.

Ello unido a que el socorro a la Virgen es lo único que nos queda en estos tiempos (devoción hacia ella y práctica de su rosario), hace que el Demonio sea especialmente agresivo con sus lugares de peregrinación, sus templos (Santa María de Montserrat en España, la catedral de la Inmaculada en Nagasaki,...)

Qué puede hacer el Demonio y qué no

Puede hacer todo lo que le permite su naturaleza (en su caso, angélica), y eso es mucho: puede producir cualquier fenómeno natural, en nuestro cuerpo o fuera, percepciones incluidas. Ver cita textual al final.

Sólo puede hacer lo que Dios le permite,

No puede hacer milagros, no puede hacer nada contra las leyes naturales (por ejemplo, que un cuerpo material atraviese otro). Pero como es “el señor de la mentira”, puede hacer cosas que parezcan las de Dios sin serlo, como, por ejemplo: resucitar gente aparentemente muerta, trasladar cosas muy rápido, curar heridas rápido, pero no instantáneamente, afectar nuestro cuerpo y sentidos, haciéndonos ver y oír cosas, o dejarlas de percibir, sentir suavidades, buenos olores, ardores de corazón, resplandores en el cuerpo, falsos éxtasis, desmayos, estigmas, marcas, enfermedades que pueden curar instantáneamente cuando deja de ejercer su influencia dañina. Producir levitaciones, evitar combustiones,...

El Demonio no conoce nuestros pensamientos ni el futuro (aunque puede suponerlo por nuestros actos mucho mejor que el mejor psicólogo). Por eso tentó a Jesucristo en el desierto, para intentar saber si era el Hijo de Dios, porque no leía su pensamiento.

El Demonio tampoco puede forzar nuestra voluntad. Si no queremos, nunca estamos obligados a aceptar lo que nos propone. Tampoco Dios.

Situación actual

El “misterio de iniquidad” (las acciones del demonio contra nosotros) empezaron desde que Lucifer se condenó

“El misterio de iniquidad está ya en acción” (2 Ts 2,7)

Solemos considerar a los demás como a nosotros mismos (“Piensa el ladrón que todos son de su misma condición”), y así, creemos que los demás son tan inteligentes como nosotros, pero no más, piensan más o menos lo mismo que nosotros. Evidentemente eso es un error, y mucho más en el caso del Diablo, pues él tiene la sabiduría de sus muchos años de vida (“Más sabe el Diablo por viejo que por Diablo”) y, por su inmortalidad, es capaz de odiar durante milenios, cosa que, por nuestra efímera vida e intereses a corto plazo, a nosotros ni se nos ocurre. (Hay casos de familias que se odian durante generaciones, o como el odio a Cristo de los descendientes del sanedrín judío que dura 2.000 años, pero lo del Diablo es mayor todavía).

Es decir, que el ataque del Demonio no es algo nuevo de ahora. Él inspira a los malos desde que se condenó. Toda la historia está llena de actos inspirados por él. Podemos ver un ejemplo gráfico en las esculturas del rosario monumental, en el camino a la Santa Cueva en Santa María de Montserrat, donde ya en el siglo XIX los escultores hicieron figuras que mentían, que deformaban la vida de Cristo.

Los seguidores del demonio hace siglos que también se infiltraron en la Iglesia para destruirla desde dentro (y alcanzaron el requisito clave, la usurpación del papado, en 1958).

En estos tiempos es el que inspira a los que mandan.

En estos últimos siglos el Diablo se ha apoderado grandemente de casi todas las organizaciones humanas (y se ha apoderado de todo el poder temporal de la Iglesia desde 1958). Esto hace cada vez más difícil resistir a sus ataques: sólo nos queda la devoción a Nuestra Santísima Madre y su Rosario.

En la Edad Media, donde estaba más extendido el Reino de Dios sobre la tierra (sobre todo en Europa), era justo lo contrario, pues cualquier pecado era atacado por toda la gente desde el rey hasta el súbdito más pobre, y por tanto, cada uno recibía apoyo de todos lados para no pecar. (Ver libros de Régine Pernoud).

Esta carencia de apoyos hace que en la situación actual:

Cualquiera de nuestros pecados (por definición de pecado) son servicios que rendimos al Demonio. Todo mal, desorden, fealdad, mentira, es, por lo mismo, aprovechado por el Demonio; es trabajo hecho a su servicio.

Cómo nos tienta, ataca

En este otro artículo se explica más en detalle como nos tienta, ataca.

Nos ataca más cuanto más intentamos seguir a Cristo. Al resto no tiene ni que tentarles, ellos le sirven encantados (como se explica en el cuento, al final del artículo).

El diablo es el que nos incita a hacer el Mal.

El diablo ataca especialmente a las niñas, porque ellas serán madres de nuevos soldados de Cristo, y de almas en la gloria gozando de la visión de Dios en el cielo.

Exorcismos

Antes de nada, recordar que hay muchas enfermedades (físicas o mentales) que pueden ser el origen de muchos fenómenos anormales. Hay criterios para filtrar los verdaderos fenómenos demoníacos de los que tienen otro origen.

Hay tres niveles de ataques del Diablo:

  1. Tentación: cuando nos sugiere malos pensamientos

  2. Obsesión: cuando las malas sugestiones son continuas e intensas (no hay una delimitación clara con la tentación).

  3. Posesión: cuando el Demonio toma control del cuerpo (habitualmente sin que la persona sea consciente de ello).

“Aunque el sujeto obsesionado no pierde la libertad interior, sí pierde muchas veces el dominio de sus potencias y sentidos interiores, viéndose forzado por impulsos casi incontenibles a decir o hacer lo que no quiere. Es posible, a veces, que la obsesión vaya unida con cierta posesión diabólica parcial” Teología de la perfección, de Royo Marín, p. 318. Es decir, no hay delimitaciones claras entre los tres niveles. Por eso, cuando alguien se enfada mucho se dice que “se le llevan los diablos”, porque actúa como poseído por un rato por el Diablo.

El Diablo no puede leer nuestro pensamiento ni obligarnos a nada. Puede presentársenos como “ángel de luz”, o como Jesucristo o como su Santísima madre, y ser mentira (la Iglesia siempre ha dicho que no hagamos caso de visiones ni locuciones). Una persona puede tener facultades extraordinarias y ser gracias al Demonio, no gracias a Dios.

El Diablo es “el señor de la mentira”: siempre intentará engañarnos, y así, puede hacernos creer que sale un demonio y meter siete grandes (que es lo que ocurre con el Reiki, imposiciones de manos, y puede ocurrir con la hipnosis, los tratamientos psicológicos o exorcismos). El psiquiatra, psicólogo, terapeuta o exorcista puede librar de un demonio a su paciente y meterle varios de los que a él le esclavizan.

El exorcista debe ser buen cristiano, para que no le pase como a unos judíos que pretendían expulsar demonios usando el nombre de Jesucristo pero sin creer en Él y que salieron dañados. (Hechos de los apóstoles, cap. 19).

Comentarios de un servidor

Actualmente, el 99,9% de los exorcismos es como recurrir a malos médicos:

Ciertamente que, a veces, no hay “malos médicos” sino “malos enfermos” que no quieren conocer la verdad, el verdadero origen de sus males, o prefieren seguir con sus problemas a corregir lo que hacen mal.

Nuestro demonio “orgullo” siempre nos tentará diciendo que el nuestro es ese 0,1%, que nuestro caso es “especial”. Esa creencia es simplemente, otra tentación.

Todo el tiempo que pasamos buscando exorcistas, buscando que alguien nos arregle el problema desde fuera, es tiempo de vida que pasamos con riesgo de morir y condenarnos (pues probablemente es porque no estamos en gracia).

La situación actual

El Diablo tienta a todos: a unos para que pierdan la gracia (se “desconecten” de Dios) y a los que ya están en pecado mortal para que se encadenen más con más pecados o más graves.

Dada la situación actual mundial de apostasía generalizada, de imperio del pecado, los exorcismos, por lo dicho antes, sólo tienen sentido en casos rarísimos. Dada la situación actual, también es mucho más difícil, por no decir imposible, encontrar un exorcista que no nos saque un demonio y nos meta siete más poderosos.

Por ello ahora la (falsa) Iglesia y sus (falsos) sacerdotes lo facilitan, dan cursos, charlas, etc., porque no sirven para nada bueno (para perder el tiempo), y, a menudo, para dañar más profundamente a la gente, por ejemplo, haciéndoles creer en la falsa Iglesia.

Como ejemplo de lo dicho, en Italia, el Ministerio de Educación ofrece a sus maestros en 2019 un curso de exorcismos, (y oraciones de liberación), como dice esta noticia. Aparentemente para combatir el satanismo y las sectas satánicas que se encuentra “en internet y videojuegos”. Callan lo principal: que el satanismo más grave reside actualmente (desde 1958) en el Vaticano en la falsa Iglesia, falsos curas y sus falsas enseñanzas.

Alguna exorcista famosa hacía 15 o 20 “limpias” en una tarde. Creer que “una limpia” nos va a arreglar algo es ingenuidad culpable. Lo único que arregla es el esfuerzo perseverante de hacer caso de lo que Dios nos manda. Esa misma exorcista afirmaba, contra lo que dice la Iglesia, que el alma no entraba en el cuerpo del niño hasta cortarle el cordón umbilical (y que el aborto no era un asesinato de un inocente. Dios la ilumine su error).

Cuento breve: Érase una vez el Diablo de compras

El Diablo se encuentra con un paisano y le pregunta:

Diablo: Dime lo que quieres por tu alma y te lo daré

Paisano: Quiero dinero, fama, mujeres,... un palacio en cada país, aviones, coches, barcos,... sabiduría, virtudes,...

Diablo: No te voy a dar nada de eso.

Paisano: Pero, ¿por qué?

Diablo: Pues porque tu alma ya es mía.

Cita sobre el poder del Diablo

“En resumen: todos los fenómenos que puedan resultar de un movimiento natural de fuerzas físicas, aunque el hombre no sea capaz de producirlas ni siquiera llevando hasta el límite máximo sus energías naturales, puede en absoluto producirlas el demonio -supuesta la permisión divina- en virtud de su propia potencia natural, extraordinariamente superior a la del hombre. Pero, cualquiera que sea la naturaleza del fenómeno producido por las fuerzas diabólicas, no rebasará jamás la esfera y el orden puramente natural.” Teología de la Perfección Cristiana. P. Royo Marín, p.813.



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Si somos creyentes (nuestra vida está dedicada a Dios, sea cual sea nuestro estado), todas las penas que suframos (hasta las más pequeñas) y las dificultades que (con la gracia de Dios) superemos para continuar viviendo y sirviéndoLe, nos sirven para pagar por nuestros pecados y ganar más mérito para la vida eterna. ¡Gran alegría en cada una!

Estas páginas son apuntes que pueden contener errores de un servidor y se van mejorando con el tiempo y la gracia de Dios.

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